ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

http://www.etnografo.com

 

Albania

 

     La denominada Socijalisticka Federativna Republika Jugoslavija (República Federal Socialista de Yugoslavia) abarca Serbia y Montenegro, con un total de 10,787,000 habitantes. Pocas regiones del mundo pueden preciarse de agrupar una población equilibrada y gregaria, y menos los Balcanes, que siempre han mostrado una geografía multiétnica y multicultural, hecho al que la actual Yugoslavia no puede escapar. La intervención de la OTAN, odiosa como todas las campañas militares, puesto que su objetivo principal es destruir y arrasar, está destinada a impedir el genocidio en la provincia autónoma de Kosovo, habitada por una mayoría albanesa -aproximadamente un millón y medio de personas-. Es preciso, no obstante, recordar que esta etnia, que constituye un 13% de la población total, plantó cara al gobierno central de Belgrado, muy especialmente de 1990 a 1992, para obligarle a introducir su lengua -el gheg, una variante del albanés que aquí se llama kosovar- en las escuelas y universidades. Claro que en Yugoslavia se habla, además del albanés, el serbio (o serbo-croata) como lengua nacional, y el gobierno tiene que atender las necesidades de otros grupos de población de origen búlgaro, eslovaco, húngaro, rumano, romaní y romano-serbio, estas dos últimas etnias gitanas.

     Una de las feas e inevitables excrecencias del orgullo nacional yugoslavo es el nacionalismo en el seno del nacionalismo. La persecución y deportación en masa de los albaneses por parte de los serbios está cambiando radicalmente el mapa étnico y lingüístico de este último país y, si las cosas siguen como ahora, el de la propia Albania, que, al abrir sus fronteras a los refugiados, va a ver incrementada notablemente su población en un paradójico reflujo inmigratorio, germen de futuros conflictos inter e intra étnicos, a menos que los estados más prósperos inunden el país con sus ayudas.

     Albania tiene una extensión de 28.750 Km2 y una población de 3,521,000 habitantes, según el censo de 1995. Cuarenta y seis años de control comunista ultra conservador han sido un insuperable obstáculo para que la ex-Republika Popullore Socialiste e Shqipërisë salga a tiempo de la miseria y el aislamiento. Gran parte de la infraestructura viaria del país se debe a los ingenieros militares para facilitar el paso de los convoyes durante la Primera Guerra Mundial, sacándola así de la Edad Media.

     El río Shkumbini separa a los dos grupos de población más numerosos de Albania: al norte quedan los ghegs, convertidos al Islam, aunque unos pocos son cristianos, y al sur los toskos, mayoritariamente musulmanes. La palabra gheg procede tal vez del griego gigas, gigante, en referencia a la talla de esta etnia. Estrabón menciona la Via Egnatia como el pasillo que separaba a ambos pueblos en dirección a Asia. Siendo un lugar abrupto y canal de tránsito, Albania ha sido cuna de bandoleros, estrategas, pastores y águilas. Su antiguo topónimo, Shküperia, aludía a la tierra de los shküpetare, hombres o hijos del águila (de shkep, roca), ave que aparece en el escudo nacional. En el siglo XI entraron los normandos, que la rebautizaron como Albanópolis (de albus, blanco, en alusión a las cumbres nevadas)-. La costa de Himara recibe su nombre del griego chímaira (latín chimaera), quimera, animal fabuloso.

     Las fotografías antiguas retratan al pastor albanés tocando el mismo tipo de gaita que los persas, griegos, romanos, calabreses y pueblos del tronco celta -bretones, escoceses, irlandeses y gallegos-. Los albaneses descienden, al parecer, de los pueblos más antiguos de Europa oriental, los ilirios y los pelásgicos, siendo la lengua albanesa herencia del ilírico, posible madre del griego y el latín. Los emperadores Diocleciano y Constantino el Grande nacieron en los valles de Iliria. El nombre de Zeus, uno de los dioses más poderosos de la cultura clásica, procede del pelásgico-shküperio zee, voz. En la antigüedad, Albania se extendía por Epiro, Yugoslavia y Macedonia. Tras el colapso del Imperio Romano, Iliria fue ocupada respectivamente por los godos y los búlgaros. De los griegos se conserva la fustanella, falda corta y con volante plisado que hasta hace poco lucían los hombres en su traje regional. Sicilia, Nápoles, Turquía, Austria e Italia hicieron ondear sus estandartes en las murallas de las ciudades albanesas. Uno de sus más grandes patriotas, George Castriota, apodado Scanderberg, o Iskander Bey, según el nombre que le dieron los turcos en el siglo XV, fue oficial del sultanato hasta la derrota de los turcos por los húngaros, acontecimiento que le llevó a la deserción y a la lucha contra aquéllos hasta su muerte. El poeta norteamericano Longfellow perpetuó la memoria de este personaje en Tales of a Wayside Inn (1863). Ali Pasha, otro de los héroes nacionales cuya cabeza sería clavada a las puertas del serrallo, recibió la atención de Lord Byron en Childe Harold’s Pilgrimage (1812-1818). Los turcos, que dominaron el país durante cinco siglos hasta su independencia en 1912, dejaron su huella en el arte de tejer alfombras, el fez masculino, el velo femenino y las faldas-pantalón bombacho de ambos géneros. En 1928 Albania dejó de ser república para convertirse en monarquía bajo el cetro del rey Zog. En 1944 se instauró un hermético régimen estalinista-leninista. La herencia religiosa islámica de los turcos y el cristianismo ortodoxo se vieron afectados por la dictadura de Hoxha, que declaró a Albania “el primer país ateo del mundo”, cerrando las fronteras al turismo contaminante y despojando al pueblo de sus tradiciones y costumbres, llegando incluso a prohibir a los hombres dejarse crecer la barba. Muerto el dictador en 1985, su heredero Alia se vio obligado a celebrar elecciones en 1991 para la instauración de un parlamento democrático.

     En Albania se hablan seis variedades lingüísticas, dos de las cuales son nativas: el albanés gheg, con 300.000 hablantes de la etnia, que, como hemos visto, también se extiende por Yugoslavia (1,372.750 hablantes) y Macedonia (242.000), y el albanés tosko, declarado estándar en 1945 por el gobierno de Hoxha, con 2,900.000 hablantes en Albania y unos cuantos miles desperdigados por Bélgica, Alemania, Italia, Estados Unidos, Turquía, Egipto y Ucrania. La mayoría de la población albanesa habla el tosko, más próximo al arvanítico griego que al gheg; 30.000 personas se expresan en macedónico, 60.000 en griego, 60.000 en macedo-rumano, lengua que se separó hace mil años de otras lenguas rumanas, y, por último, unos 60.000 gitanos albaneses mantienen vivo el romaní valaco.  


 Introducción Alemania