ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

http://www.etnografo.com

 

Alemania

 

     Los datos demográficos de Alemania y las cifras de hablantes de alemán como primera o segunda lengua en Europa y el resto del mundo son un espejo de las transformaciones y las erupciones políticas, sociales y culturales que han agitado este país. No obstante, los hemos simplificado agrupando distintas etnias bajo el nombre del país de origen, sin tener en cuenta que algunas se hallan en proceso de reivindicación nacional y en permanente conflicto con el país de cobertura, como en el caso de los kurdos.

Población de Alemania (censo oficial de 1990 o anterior)

Alemanes

80,000.000

Extranjeros

5,242.000

turcos

1,553.000

serbo-croatas

652.000

italianos

548.000

kurdos

480.000

rusos

360.000

griegos

314.000

polacos

241.000

españoles

134.000

holandeses

101.000

farsi occid. (iraníes)

90.000

ingleses

86.000

portugueses

78.000

vietnamitas

60.000

marroquíes

45.000

chinos

40.000

tamiles

35.000

afganos

29.000

tunecinos

26.000

albaneses

25.000

indios

25.000

urdu (indo-pakistaníes)

23.000

japoneses

20.000

turoyo (turcos)

20.000

coreanos

14.000

letones

8.000

adigeos (Rep. Adygea)

2.000

Otros

228.000

 

     

El periodista Peter Ross (National Geographic Magazine, Mayo 1993) ha cifrado en 20 millones el número de inmigrantes legales y en 2 millones el de ilegales que inundan los campos y las ciudades europeas. La desmembración de la Unión Soviética y Yugoslavia, los episodios de Albania y la constante presión migratoria del Magreb están alimentando considerablemente la fuga hacia los territorios estables de Occidente. Desde la caída del telón de acero, la frontera austro-húngara se ha convertido en una de las más impenetrables, pero no puede impedir las constantes filtraciones de húngaros o gitanos rumanos que traspasan las barreras naturales vadeando ríos y sorteando montañas. Alemania, Austria, Italia y España son formidables búnkeres que tratan de impedir el paso libre a Europa occidental de polacos, checos, eslovacos, húngaros, rumanos, búlgaros, serbios, croatas, yugoslavos, bosnios, macedonios, albaneses, turcos, rusos, ciudadanos de países del Báltico, iraníes, iraquíes, afganos, paquistaníes, hindúes y africanos del norte, del sur, del centro, del este y del oeste. Muchos, empero, ya están dentro.

     La emigración es el producto de la infelicidad. Un país en guerra consigo mismo o con sus vecinos, o que no ofrezca garantías de bienestar a sus ciudadanos -trabajo, libertad, educación y oportunidades sociales- provoca el éxodo hacia otros lugares donde son moneda corriente, como la actual Alemania. La expansión política y territorial, por el contrario, suele ser el resultado del desarrollo industrial y comercial, y se refleja en la búsqueda de nuevas reservas de dominio. Alemania, en el corazón de Europa, también ha mostrado este perfil, sobre todo a partir del ejemplo de Carlomagno. Muchos actos comerciales se han convertido en operaciones militares que han acabado con la paz y el equilibrio de los países afectados.

     Paradójicamente, naciones que hoy cierran las puertas a quienes huyen de la opresión, el fundamentalismo religioso y la miseria en otro tiempo fueron tierras yermas que empujaron a millones de ciudadanos -suecos, noruegos, ingleses, irlandeses, portugueses, españoles, italianos, griegos, holandeses y los propios alemanes- a buscar en lugares remotos un plato caliente o un refugio contra la tiranía política y la intolerancia religiosa. Italia invadió Albania hace 60 años por la fuerza de las armas y ahora se muestra reacia a conceder asilo a los albaneses que llegan a sus costas con las manos desnudas y el estómago vacío. De Inglaterra salieron miles de refugiados, oportunistas y convictos para establecerse en las colonias del norte de América, en el corazón de África, en la India y en Australia. Durante siglos España ocupó y saqueó las tierras americanas, poniendo al borde de la extinción a parte de la población indígena. ¿Cómo puede entonces establecer cuotas de entrada a indigentes o a personas de cualquier nivel cultural procedentes de Honduras, Argentina, Paraguay, Uruguay, Perú u otra república hispanoamericana que desean establecerse en la Península? Alemania y Rusia dominaron medio mundo, haciendo y deshaciendo fronteras, trasladando poblaciones de su emplazamiento original, aniquilando etnias e imponiendo estructuras políticas despóticas. Es cierto que los últimos gobiernos alemanes han ido introduciendo códigos más flexibles (acaban de hacerse públicas las últimas medidas para regularizar la presencia de 4 millones de inmigrantes, muchos de ellos ilegales), pero no lo suficientemente como para dejar abiertas las puertas a la libre inmigración, a sabiendas de que cada emigrante suele reclamar el derecho a reunirse con su familia y que en pocos años se multiplica el número de residentes no nativos o descendientes de nativos de origen no alemán.

     Pero ¿en qué consiste la germanidad? ¿Qué es la nacionalidad y qué el nacionalismo? En algunos casos, la antesala del prusianismo, como demostraron Alemania y sus ideólogos al calentar la guerra del 14. En 1915, Theodor Springman escribió en Deutschland und der Orient: “Con la ayuda de Turquía, podemos hacernos con India y China. Una vez conquistadas, Alemania podría civilizar y germanizar el mundo y convertir la lengua alemana en la lengua universal.” Su discurso suena a hueco en nuestro tiempo, pero no se puede olvidar la rotundidad con que se pronunció entonces buscando la elevación y la expansión del espíritu germánico a costa de los pueblos más débiles.

     Sin embargo, la lengua es un impreciso punto de referencia. Echando una mirada al número de hablantes de alemán como primera o segunda lengua en todo el mundo (sin incluir, lógicamente, a los hablantes de alemán como idioma extranjero), se puede comprobar que la lengua no señala límites fiables.[1]  

Hablantes de alemán en el mundo

Alemania

75,300.000

Austria

7,500.000

Estados Unidos

6,093.054

Suiza

4,220.000

Brasil

1,500.000

Francia

1,500.000

Polonia

1,400.000

Kazajistán

958.000

Rusia

896.000

Rumania

500.000

Argentina

400.000

Hungría

250.000

Rep. Checa

200.000

Bélgica

150.000

Australia

135.000

Kirguizistán

101.057

Sudáfrica

45.000

Uzbekistán

40.000

Chile

35.000

Ecuador

32.000

Liechtenstein

30.000

Uruguay

28.000

Dinamarca

23.000

Namibia

20.000

Eslovenia

20.000

Luxemburgo

9.200

Moldavia

7.000

Puerto Rico

1.453

Emiratos Árabes U.

1.300

TOTAL

121,000.000

 

     Tan sorprendente dispersión del alemán -sobre todo la que se produjo durante el siglo XIX- es comparable a la de otras lenguas. Además, en Alemania se hablan 21 variedades lingüísticas, las más extendidas de las cuales tienen sus propios dialectos, algunos ininteligibles entre sí. El alto alemán (hochdeutsch), o alemán normativo, tiene las siguientes derivaciones dialectales: bávaro, schwäbisch, allemannisch, mainfränkisch, hessisch, palatino, rheinfränkisch, westfalés, sajón, turingio, brandenburgués y bajo alemán. El allemannisch es común en Austria, Alsacia (Francia) y Suiza (donde recibe el nombre de schwyzerdütsch), pero sólo se aproxima al alemán estándar en un 40%. El bávaro se extiende por Regensburg, Nuremburg, Bohemia occidental, la República Checa, los Alpes bávaros, el Tirol, Austria meridional y Salzburgo, junto con el dialecto heanzian de Burgenland, Carintia, Italia del norte y Gottschee, en Eslovenia. El alto alemán hace el papel de lengua franca, como suele ocurrir con todas las variedades normativizadas; con él resulta fácil cruzar las distintas regiones sin problemas de comunicación.

     El danés es la lengua de 50.000 alemanes del sur de Schleswig. El frankisch se oye también en algunos rincones de Bélgica y Francia; el luxemburgués se considera un dialecto del frankisch. El frisón oriental es un patrimonio de las viejas generaciones -11.000 hablantes-, y no es inteligible con el frisón occidental de Holanda o el frisón del norte. Los distintos frisones tienen sus propias derivaciones, que la población conserva como reliquias del pasado.

     El dialecto llamado bajo alemán, o plattdeutsch, que no ha sufrido los radicales cambios vocálicos del alto alemán en los siglos VIII y IX, tiene dos docenas de derivados dialectales, la mayoría de los cuales no son inteligibles entre sí. El bajo sajón es una variedad conocida solamente por 10 millones de alemanes, aunque es la lengua regional oficial de 8 estados. Quienes sólo hablan el alemán estándar son incapaces de entender el bajo sajón o cualquiera de sus subdialectos. Desciende del sajón antiguo, que también fue predecesor del inglés.

     El sorbio inferior y el superior se hablan en las ciudades de Bautzen y Cottbusal, al este de Alemania, por unas 80.000 personas; algunas escuelas y ayuntamientos los emplean como lengua habitual de comunicación, resistiendo la presión del alemán oficial. En los Alpes y en la Selva Negra se oyen dos variantes de suabio bastante diferentes la una de la otra. El luxemburgués se habla en Biltburg, al oeste de Alemania. El franconio, o mainfränkisch, tiene pocos hablantes, que suelen entenderse en alemán estándar.

     El polaco, con 241.000, el romaní, con 3.500, el romaní-sinte, con 30.500, el romaní-valaco, con 6.500, y el yeniche -lengua de nómadas judeo-romanís (no gitanos)- contribuyen a la diversidad lingüística de Alemania y son un fiel reflejo de la histórica variabilidad social y la permeabilidad de sus fronteras. Finalmente, el yiddisch, o judeo-alemán, con un número comprensiblemente impreciso de hablantes, ensancha la policromía de un país tan informe, en términos sociolingüísticos, como Alemania. El patrimonio lingüístico de los más de 5 millones de emigrantes procedentes de países no germánicos, más que una amenaza para la sociedad y la lengua alemanas -que, como tales, nunca pueden constituir unidades imperturbables- es un desfiladero que abre paso a territorios abiertos y exocéntricos, como corresponde a las civilizaciones más avanzadas y tolerantes.  

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[1] Datos de The Ethnologue (ediciones de 1996 y 2000). SIL International. Ed. Barbara F. Grimes. Reproducidos con su autorización.


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