ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Bielorrusia

 

     Rodeada por Letonia, Lituania, Polonia, Rusia y Ucrania, la República de Bielorrusia (Respublika Byelarus) tiene una extensión de 207.600 Km2 de terreno prácticamente llano y una población menguante (10,409.050 en julio de 1998 y 10,289,088 en julio de 2003) compuesta de un 80% de bielorrusos (o rusos blancos), 13,2% de rusos, 4% de polacos, 2,9% de ucranianos y unos miles de tártaros, romanís y judíos. Las cifras de la comunidad judía son imprecisas; según las declaraciones individuales en los pasaportes, ascienden a 95.000, la mitad residentes en la capital Minsk y el resto repartidos por Bobruisk, Mogilev, Gomel y Vitebsk, aunque muchos ocultan este dato como consecuencia de las persecuciones habidas durante el régimen comunista. A pesar de ello, la comunidad es lo suficientemente activa como para mantener 21 escuelas, una universidad, diversos centros de difusión cultural y algunas publicaciones periódicas.*

     Por lo que hace a los polacos de Bielorrusia, el mismo temor de los judíos a declararse como tales para evitar las represalias de la Rusia soviética puede falsear los datos respecto al tamaño de su población, calculada en 413.000 (censo de 1989). El elevado número de católicos -de 2 a 2,5 millones- hace pensar en una correlación con el de polacos. Muchos de ellos fueron deportados a Siberia y Asia central o repatriados a Polonia. Los que se quedaron en Bielorrusia tuvieron que renunciar a cualquier manifestación de su identidad individual o colectiva. Actualmente, con el soporte de los polacos residentes en Estados Unidos y en un nuevo clima de libertad, hay un despertar de la comunidad polaca en Bielorrusia mediante la difusión de sus actividades a través de medios de comunicación impresa y audiovisual propios, la recuperación de la memoria de sus valores sagrados, como el poeta nacional Adam Mickiewicz, y la confección de genealogías, que ponen al descubierto los orígenes polacos de grandes figuras de la historia, como el compositor ruso Dmitri Shostakovich y el poeta francés Wilhelm Apollinaris Kostrowicki, más conocido como Appolinaire.*

     La mayoría de los bielorrusos -el 75%- son cristianos ortodoxos, con una elevada representación de católicos y algo menor de protestantes, judíos y musulmanes. En cifras relativas hay 7,900.000 bielorrusos, 1,134.000 rusos, 413.000 polacos, 291.000 ucranianos, 12.000 tártaros, 10.031 lituanos y dos grupos étnicos no eslavos: romanís (datos no disponibles) y 230.000 judíos que hablan yiddish -dialecto derivado del alemán con importantes aportaciones del hebraico-. No obstante, Bielorrusia es monolingüe, hablándose el bielorruso, lengua de la familia eslava muy próxima al ruso y al ucraniano con tres dialectos principales: norteño, central y suroccidental.

     El nacimiento de Bielorrusia se remonta al siglo XIII, cuando sus pobladores eslavos se libraron de la ocupación tártara gracias a la especial orografía de la región, llena de pantanos. En 1386, bajo la dinastía Jagiellon, Polonia se unió a Lituania y comenzó a fortalecerse una clase de terratenientes polacos y católicos que redujo a los campesinos a una situación de servidumbre. Desde entonces Bielorrusia recibe el nombre de Rusia Blanca, siendo “blanco” sinónimo de libre. El territorio quedó más adelante repartido en tres secciones, Moscovia, Polonia y Letonia. En el siglo XVIII Rusia se apoderó de Bielorrusia. Entrado el siglo XX se inició un intenso éxodo de bielorrusos debido a la pobreza crónica del país. Por el tratado de Riga (1920-1921) Bielorrusia quedó dividida entre Rusia y Polonia. Durante la II Guerra Mundial Alemania ocupó y arrasó el país, destruyendo la industria, diezmando a la población, expropiando la ganadería y convirtiendo las tierras agrícolas en un erial. Como otros países federados de la antigua Unión Soviética, Bielorrusia alcanzó la independencia en 1991, aunque las reformas realizadas para alejarse de la economía estatal han sido tan limitadas que se teme una regresión hacia las viejas prácticas totalitarias.

     La historia de Bielorrusia está ligada, pues, a la de los países vecinos, ya que sus tierras fueron pasando sucesivamente de manos total o parcialmente. Hasta el siglo XVI no comenzó a desarrollarse una verdadera identidad cultural, notablemente alterada por el control hegemónico lituano, polaco y ruso desde la época de los zares hasta el fin del período soviético. Aunque el peso internacional de sus creadores literarios no es elevado, se observa un incesante movimiento de certificación de autenticidad nacional bielorrusa.

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*Fuentes: Federación de Comunidades Judías de Bielorrusia, Minsk (1999); Boris Kleyn, Presentation at the 1994 PGSA Annual Conference (1999); Encyclopedia Britannica, 1995; CIA World Factbook 2003.


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