ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Bosnia y Herzegovina

 

     Bosnia y Herzegovina, con 3,989,018 habitantes, 51.233 Km2 de terreno montañoso y 20 kilómetros de costa sobre el Adriático, es, junto con Macedonia, el país más pobre de los Balcanes, debido a la herencia de una economía estatalista durante el periodo comunista y especialmente por causa de la guerra de 1992 a 1995; su renta per capita no llega a 1.700 dólares. La geometría del país está reflejada en los infrecuentes símbolos de su bandera: un triángulo isósceles amarillo sobre fondo azul apoyado en uno de sus vértices, con nueve estrellas a lo largo de la hipotenusa -dos medias estrellas en los extremos-.

     La historia concede a Bosnia y Herzegovina diversos privilegios, algunos dudosamente rentables para su paz interior: haber formado parte del imperio romano como provincia ilírica; ser reconocida por el emperador bizantino Constantino VII como “tierra de los serbios”, que se habían establecido allí en el siglo VI; dar cobijo a la secta medieval de los bogomiles, derivación de otras corrientes heréticas como los cátaros y los albigenses; ser la prolongación del cetro de los reyes húngaros (siglo XII) y durante siglos el bastón de Turquía en los Balcanes; formar parte del imperio austro-húngaro; ser la cuna de Gavrilo Princip, el asesino del archiduque Fernando en Sarajevo; ser anexionada por Serbia; convertirse en una república asociada de la Gran Yugoslavia socialista; transformarse en un sangriento escenario durante la limpieza étnica llevada a cabo por los serbios tras el despiece de Yugoslavia; y, finalmente, mostrar una extraña geografía política mediante una partición territorial por razones étnicas y religiosas, quedando los serbo-bosnios cristianos separados de los bosnio-croatas musulmanes y cristianos, en espera de que el tiempo resuelva el conflicto o lo empeore bajo el ojo atento de la OTAN.

     Entre los personajes históricos más renombrados se halla Stjepan Kotromanic, que en 1322 inició una etapa de hegemonía bosnia “desde el río Sava hasta el mar y del Cetina al Drina”. Su sucesor, Tvrtko I (1353-91), se autoproclamó rey de los serbios y de Bosnia. Pero en 1386 los turcos invadieron Bosnia; tres años después los serbios sufrieron una espantosa derrota en la batalla de Kosovo, los que obligó a Tvrtko a mirar hacia el oeste ampliando sus territorios con Split, Trogir, Sibenik y varias islas, alcanzando su máximo poder como rey de Serbia, Bosnia, Dalmacia, Croacia y Primorje. A su muerte, su reino se desintegró en pequeños dominios, uno de los cuales, Hum, quedó en manos de Stefan Vukcic bajo la protección del Sacro Imperio Romano. Vukcic tomó el título de herceg -duque-, dando así nombre a la actual Herzegovina. Hacia 1463 Bosnia se convirtió en provincia turca, siendo utilizada por los otomanos durante los dos siglos siguientes como vanguardia contra los Habsburgo y los venecianos. La conversión al Islam de la mayoría de la población en este período marcó para siempre la división religiosa del país. Durante la ocupación turca los judíos y los cristianos -que recibían el apodo de rayahs (rescatados) - se hallaban en clara desventaja respecto de los musulmanes, hasta el punto de verse obligados a pagar un tributo por tener derecho a vivir. “Donde está Turquía” -dice un proverbio bosnio- “allí están los lobos”. En general puede decirse que la región retrocedió durante ese período casi hasta la Edad de Piedra.

     Tras la guerra de Rusia y Turquía (1877-78) Bosnia fue puesta bajo la protección de Austria. En 1908 se inició un proceso electoral basado en el censo confesional, compuesto por católicos, cristianos ortodoxos y musulmanes, lo que acentuó el nacionalismo serbio, fuertemente vinculado a la iglesia ortodoxa. El asesinato del archiduque Fernando en 1914 abrió las compuertas de la I Guerra Mundial. En 1918 Serbia se anexionó Bosnia y Herzegovina como parte del reino de los serbios, croatas y eslovenos. Durante la II Guerra Mundial Bosnia se convirtió en un foco de resistencia contra los alemanes. Las matanzas de serbios llevadas a cabo por Croacia, que adoptó el papel de títere del eje Alemania-Italia, acentuaron la llama de los partisanos. Terminada la guerra, Bosnia se federó con la nueva Yugoslavia. Los acontecimientos más graves de su historia se desencadenaron tras la separación de Croacia de Yugoslavia en 1991 y la iniciativa de los croatas y musulmanes bosnios para constituir su propia república independiente, lo que provocó las iras de los bosnios serbios tras negarse a abandonar la unión con Yugoslavia. El resultado fue una guerra civil y la comisión de numerosos actos genocidas que difícilmente pueden borrarse de la memoria de los bosnios musulmanes.

     Los bosnios croatas han buscado el extremo occidental del país en un movimiento de aproximación a Croacia. Por su parte, los bosnios musulmanes se han visto obligados a huir hacia el centro, acosados brutalmente por sus conciudadanos serbios. Croatas y bosnios musulmanes ocupan el sector llamado oficialmente Federación Croata/Musulmana. Los bosnios serbios están al otro lado, en el sector denominado República Srpska, junto a la vecina república yugoslava de Serbia. No sería disparatado imaginarse un nuevo y definitivo reparto de la actual Bosnia-Herzegovina entre las naciones colindantes, a costa de, si no exterminar, al menos dispersar la población bosnio-musulmana para lograr su asimilación.

     Bosnia y Herzegovina es un singular laboratorio del nacionalismo, puesto que el tirón étnico no está directamente relacionado con la defensa de la lengua y la cultura vernáculas frente a otras que ejercen mayor presión, sino con la tradición religiosa. De hecho, si por un momento diéramos por buena la clasificación humana por razas, no sería posible distinguir entre bosnios, serbios y croatas por sus rasgos físicos. Ni tampoco por su lengua, puesto que el 100% de la población comparte el mismo continuo, el bosnio o serbo-croata, del tronco eslavo indoeuropeo, si bien los serbios y los ortodoxos lo representan con el alfabeto cirílico y los croatas y bosnios musulmanes con el romano. No obstante, empleando cautelosamente el término “etnia” como comunidad cultural y lingüística, la división étnica y religiosa de Bosnia y Herzegovina es clara, rotunda y bastante equilibrada: de los casi 4,000.000 de personas que habitan el país, el 40% son serbios que profesan la variante cristiano-ortodoxa, el 38% bosnios musulmanes y el 22% croatas católicos. Hay también pequeños grupos inestables de población gitana que se expresa en romaní.  


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