ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Croacia

 

     Con una extensión de 56.538 Km2 y 4,422,248 habitantes en julio de 2003 (4,700.000 hace cinco años)*, Croacia (Republika Hrvatska) tiene un codo en el golfo de Venecia, un pie en el litoral del Adriático y unos vecinos más o menos amistosos en Eslovenia, Hungría, Yugoslavia y Bosnia-Herzegovina. El país comprende las históricas regiones de Dalmacia, Istria y Croacia-Eslovenia. Los grupos de eslavos que llegaron en los siglos VI y VII hasta este recinto del imperio romano lo encontraron adecuado para permanecer durante mucho tiempo, siendo latinizados y cristianizados. En el siglo IX inició una etapa como país independiente hasta caer bajo el control de Hungría en 1102, aunque la nobleza croata mantuvo sus privilegios y sus tierras. En el siglo XV venecianos y turcos se sucedieron en la ocupación de partes del país; la presión del imperio otomano sobre los pueblos eslavos vecinos arrastró una corriente migratoria de serbios que se establecieron en los aledaños de Croacia y que fueron empleados como muro de contención contra los turcos. Los siglos XVI y XVII fueron turbulentos para los patriotas croatas que se rebelaron contra la hegemonía húngara. En el siglo XIX Napoleón incluyó una parte de Croacia en su proyecto de Iliria. Tras la instauración de la monarquía austro-húngara, Croacia-Eslovenia pasó al control de Budapest y Dalmacia e Istria al de Viena. La derrota de Austria-Hungría en la I Guerra Mundial le supuso a Croacia una forzada unión con Serbia y Eslovenia, que luego daría lugar a Yugoslavia. Durante la II Guerra Mundial Alemania e Italia permitieron la creación del estado independiente de Croacia, que abarcaba Croacia-Eslovenia, Bosnia-Herzegovina y una parte de Dalmacia. Aquel fue un período de sufrimientos incontables para la minoría serbia, los judíos, los gitanos y los partisanos antifascistas, sometidos a una campaña de purificación y exterminio étnico llevada a cabo por el croata Pavelic y su organización terrorista Ustasa. En 1945, tras la ocupación de la capital Zagreb por los comunistas, se inició otra etapa en la que Croacia quedaría incorporada a la Federación Socialista de Yugoslavia como república popular autónoma. El año 1991, emblemático para muchos países asociados a la URSS, señaló la regeneración de Croacia como nación independiente, si bien no tardaron en estallar conflictos armados motivados por el temor de la minoría serbia, escarmentada por la violencia genocida sufrida durante la II Guerra Mundial, al retorno del fascismo croata. Belgrado invadió el país en apoyo de los serbios provocando la destrucción de enclaves como Dubrovnik y Vukovar. La situación quedó sin resolver, si bien Croacia encontró en Bosnia-Herzegovina un aliado y un nuevo territorio donde ejercer su influencia aprovechando el conflicto de ésta con Serbia y la presencia de un sedimento croata desde los tiempos en que la región formaba parte de Croacia.

     Croacia está habitada por una mayoría de eslavos, aunque existe una clara y dramática división étnica y sub-étnica compuesta por croatas (78%), serbios (12%), eslavos musulmanes (0,9%), húngaros (0,5%), eslovenos (0,5%) y un 8,1% de otra afiliación -italianos, albaneses, austriacos, búlgaros, checos, eslovacos y alemanes-. La inseminación turca en Croacia es casi inexistente al haber sido utilizada en el pasado como bastión contra el imperio otomano. La única forma de distinguir claramente a un croata de otro croata es por sus manifestaciones culturales y por la religión que profesa. El 76,5% (la mayoría croata) se consideran católicos, el 11,1% ortodoxos (los serbios), el 1,2% musulmanes, el 0,4% protestantes y el 10,8% pertenecen a otras confesiones o a ninguna.

     La situación étnica y lingüística de Croacia es muy parecida a la de la vecina Eslovenia. Mientras Yugoslavia mantuvo la forzada unidad impuesta por Tito, el serbo-croata recibió la consideración de lengua normativa para todo el país. Pero la actual distinción que defienden tenazmente los croatas y los serbios para sus respectivos sistemas lingüísticos se basa esencialmente en el odio intraétnico. Es igual que pegar fuego a la casa propia para mantenerse caliente. Ambas denominaciones hacen referencia a un continuo dialectal indoeuropeo eslavo con escasos localismos. No obstante, un viajero occidental en visita a Croacia puede leer perfectamente los letreros de las calles y las carreteras, escritos en alfabeto neolatino; pero en Serbia tendrá que aprender el alfabeto cirílico para descifrar letreros similares, aunque las palabras sean idénticas. Las diferencias léxicas y fonológicas a lo largo del continuo serbocroata se deben a un fenómeno universal que los lingüistas conocen como variación dialectal, provocada por la diversidad ambiental, cultural, sociológica y geográfica. Por ejemplo, el croata, como resultado de la hegemonía húngara, italiana y alemana, está salpicado de contaminantes procedentes de las lenguas de dichos países, mientras que el serbio contiene una buena dosis de componentes rusos y turcos. La separación entre el croata y el serbio es mínima comparada con la existente entre el serbocroata y el ruso, el checo o el polaco, y similar en dimensión a la atribuida al catalán, el valenciano y el mallorquín. El nacionalismo croata, por boca de sus intelectuales, fue el iniciador del proceso de unificación del idioma mediante la selección del shtokaviano como dialecto normativo y literario por la sencilla razón de que era el más extendido y, por tanto, la opción más lógica entre otras existentes.

     El croata, sea cual sea la denominación que reciba, es el idioma oficial de Croacia, hablado prácticamente por la totalidad de la población. La segunda lengua del país en número de hablantes (297.000) es el italiano, también con rango oficial, seguida de un dialecto de este último, el veneciano, situado en un extremo del continuo respecto del italiano estándar, con unos 100.000 hablantes muy activos. El istro-rumano, a pesar de ser una variedad itálico-romance como el rumano, posee una estructura distinta a la de éste, quedando apenas 1.000 o 1.500 testigos de la lengua. Tampoco llegan a 1.000 los hablantes de istriota, de la misma familia que el anterior aunque claramente distinto del istro-rumano. Por último, cabe mencionar el dalmacio, variante románica empleada en el litoral adriático, cerca de Dubrovnik, hasta su extinción en el siglo pasado. El empleo de otras lenguas como el magiar, el eslovaco y el alemán viene determinado por la presencia de pequeños núcleos de población residual.  

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*CIA World Factbook 1998, 2003.


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