ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Dinamarca

 

     Hay un pueblo en Dinamarca, Rudbol (Jutland), cuyos habitantes presumen de hablar en cinco idiomas: danés, jutlandés, frisón norteño, bajo sajón y alemán. Esta disposición tan envidiable no deja de ser anecdótica, teniendo en cuenta que ni siquiera la gente que se mueve en lugares de intensa actividad comercial -y Rudbol no parece que sea uno de ellos- es capaz de ir más allá del bilingüismo o del bidialectismo, o de conocer una o dos lenguas y, en el mejor de los casos, hacerse entender en alguna otra más o en otro dialecto utilizando subsistemas poco elaborados. Es de suponer que los rudbolenses deben hallarse bajo el influjo de la “doble ilusión” -creer que hablan la lengua de sus vecinos cuando en realidad emplean una versión comprimida de la suya propia para hacerse entender mejor, o bien pronunciar unas frases de un inventario más o menos reducido-.

     Sea cual sea la verdadera situación de Rudbol, el proceso psicológico subyacente responde al rostro poliglósico de muchas naciones, por pequeñas que sean -en el caso de Dinamarca la población apenas supera los 5 millones de habitantes-, y muestra cómo la diversidad lingüística es un reflejo de la diversidad social y de la distribución original de la humanidad en pequeñas comunidades más o menos autónomas, hecho que nace con las migraciones del homo sapiens sapiens a lo largo y lo ancho del planeta en busca de asentamientos aceptables.

     Dinamarca forma parte de los países escandinavos, aunque, a pesar de tener orígenes similares, hay muchos rasgos que la distinguen de Noruega y Suecia. Sólo hubo un momento, en 1397, en el que los tres países quedaron unidos bajo el cetro de la reina Margarita hasta su muerte. A los daneses les resulta más fácil entender el noruego que el sueco, a lo que hay que añadir la centenaria enemistad entre Dinamarca y Suecia. Por su parte, Suecia y Noruega han pasado alternativamente por momentos de buenas y malas relaciones; cuando ésta última se separó de Suecia en 1905, estuvieron al borde de la guerra. Lo que siguen teniendo en común los tres países, aparte de su ascendencia vikinga, es el apego a la monarquía parlamentaria.

     Islandia formó parte de Dinamarca hasta su independencia en 1874. En 1916 vendió las islas Vírgenes a los Estados Unidos. Groenlandia y las islas Faroe siguen estando bajo bandera danesa, aunque gozan de gran autonomía. El número de residentes o nativos no escandinavos es reducido: 10.000 ingleses, 9.000 farsis (iraníes), 30.000 turcos, 3.000 romanís, 10.000 yugoslavos y 4.000 hindúes o pakistaníes. Dejando a un lado el sedimento lingüístico de esta población no danesa, en Dinamarca se hablan 8 lenguas, de las cuales una no es materna, el lenguaje de signos pidgin escandinavo que utilizan los sordos para entenderse entre sí y con sus vecinos noruegos, suecos y finlandeses.

     El danés es la lengua oficial del país, con 5,384,384 de hablantes y 7.380 en Groenlandia. Tiene tres dialectos principales: el occidental (región de Jutland), el central (en Sjaelland) y el oriental (en Bornholm). Los sordos emplean también un lenguaje de signos que aprenden en las escuelas y que tiene algunos componentes similares a los de los lenguajes para sordos franceses, suecos y noruegos; sin embargo, resulta ininteligible para los sordos finlandeses -aparte, como ya hemos dicho, el lenguaje de sordos pidgin escandinavo-.

     El alemán lo hablan 23.000 personas en Dinamarca, sobre todo en la región de Slesvig (Sydjylland), donde se ha convertido en lengua oficial en igualdad de condiciones que el danés. Muchos envían a sus hijos a escuelas exclusivamente alemanas.

     En las islas Faroe se habla el faroés, que pertenece, como es lógico, a la familia indoeuropea, germánica y escandinava. A pesar de ello, está a gran distancia del islandés.

     El inuktitut se habla en Groenlandia por unos 40.000 esquimales. La población de esta etnia en Dinamarca es pequeña, unas 7.000 personas que conservan su idioma.

     El jútico se habla en el sur de Jutland, en la frontera con Alemania. Teóricamente es un dialecto del danés; sin embargo, el grado de inteligibilidad entre ambos es tan bajo que algunos consideran al jútico como una lengua diferente, sobre todo la variante que se habla en las islas orientales de esta región.

     Finalmente, el danés trashumante -el rodi o rotwelsch- es una lengua autónoma con elementos aportados por el danés y el romaní del norte. La presencia en Dinamarca del romaní se debe a la expulsión de los gitanos de Escocia en 1505 por mandato de Jaime IV. Sin embargo, el romaní danés es muy distinto al anglo-romaní. La lengua se halla al borde de la extinción.  


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