Emilio García Gómez

 

El discurso político: Guía profesional 

 

La verdad se pierde con demasiado discurso (dicho árabe)

 

 

Un período electoral se inicia con sesiones de toma de conciencia para despertar o renovar la fe y la motivación de los militantes con estrategias de dinámica de grupos. El objetivo principal es fortalecer la unidad doctrinal, recuperar a los más débiles y alejar a los disconformes. El trabajo se realiza preferentemente en pequeñas células -más fáciles de controlar que los grupos numerosos- reunidas en torno a un líder y convenientemente moderadas por personas de confianza del partido, con el fin de suscitar temas que conduzcan a una correcta toma de postura. Las posibles desviaciones doctrinales se resuelven en sucesivas reuniones antes de la gran concentración, donde los responsables del programa recopilarán las ponencias presentadas y propondrán las medidas que va a asumir el partido.

El siguiente paso es hacer correr una consigna del estilo de “Elaborar una lista de argumentos que convenzan a los votantes de que deben votarnos a nosotros, y otros tantos que les disuadan de entregar su voto al enemigo por la cuenta que les trae.” Con ella se consigue, por un lado, reducir la ansiedad del votante con mensajes positivos -mayor participación del pueblo en el control de sus impuestos, menor carga impositiva, mayor grado de bienestar, firme esperanza en la rehabilitación de la patria depauperada por el gobierno saliente; y, por otro, ponerle en guardia ante la amenaza del terror representado por el rival a batir: más impuestos, menos hospitales y escuelas, menor libertad, mayor explotación, mayor corrupción.

Simultáneamente se selecciona a los personajes clave de la etapa electoral, que no son los cabezas de lista, como cabría pensar, sino ocultos emisarios y dispersores del mensaje entre las masas, técnicos en psicología del control y liderazgo de grupos y, por supuesto, rostros u organizaciones-fachada (en algunos países conocidos como “cruzados sociales”) que entregan su esfuerzo y experiencia profesional, artística o sindical a la causa del partido.

En todo proceso de movilización -mítines, manifestaciones públicas- son imprescindibles los equipos de voceros, los que crean, memorizan y gritan consignas y aplauden y se ríen ante las ocurrencias del gran líder de forma coordinada y en secuencias preestablecidas -de menor a mayor intensidad- para su repetición por las masas hasta lograr enardecerlas. Estos voceros proceden de los cuadros del partido o son reclutados, en virtud de su experiencia, entre las filas de los sindicatos como agentes dobles con remuneración estacional. Se calcula que cada movilizador puede arrastrar hasta cien personas: curiosos, insatisfechos, despechados, simpatizantes anónimos.

 

 

El discurso político casi siempre se basa en la división maniquea entre buenos y malos. Por consiguiente, las exposiciones se elaboran minuciosamente teniendo en cuenta los intensos estados mentales y emocionales de la audiencia, muy sensible a la dualidad argumental: lo lógico y lo utópico, lo vigorizante y lo deprimente.

 

Imagen procedente de Clarín. http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2005/06/11/u-993180.htm

 

Las reglas tradicionales de la retórica y las aportaciones de la lingüística, la semántica y la pragmática son valiosos recursos para conocer los secretos de la comunicación y sacar partido de todo ello: por ejemplo, dar instrucciones, persuadir, requerir, solicitar, preguntar y responder indirectamente, sin que el oyente sea consciente de que cuando oye “sígueme” no lo interpreta como una orden, sino como un ruego; cuando le dicen “ésos” el referente es “el enemigo”; cuando oye “hasta aquí hemos llegado” entiende “los hemos soportado durante demasiado tiempo, necesitamos un cambio, hay que echarlos”.

 

Rockbridge en España

Música para serpientes

La intención del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) al recurrir a un comité de sabios para su campaña electoral de cara a las elecciones generales del 9 de marzo de 2008, recién celebradas y ganadas por ese partido, es bien clara: recargar sus agotados recursos dialécticos –con su cantilena de la bronca, la crispación, la confrontación y la mentira de la oposición, el Partido Popular (PP), frente a la paz, la serenidad, el diálogo y la honestidad del actual gobierno- y ganar credibilidad en los meses que han precedido a las elecciones.

El fichaje que más nos ha llamado la atención es el de un lingüista de izquierdas, George Lakoff, hombre de buena reputación entre los profesionales de su especialidad y respetado por sus aportaciones al análisis del discurso y su teoría de las metáforas –fama que debe en parte a que su nombre se cruza con otro, el de su mujer, Robin Lakoff, también profesora y lingüista especializada en el discurso de género.

 

George Lakoff

Lakoff se considera de izquierdas, como podría ser de derechas o ni una cosa ni la otra. El asunto no tiene, en principio, por qué aportar nada significativo a la especialidad que le da la fama. Si es académico, el mérito lo adquiere por su trabajo científico, no por sus inclinaciones políticas. Causaría sorpresa ver a un biólogo obtener resultados distintos de sus análisis microscópicos según fuera su enfoque personal o su estado emocional.

Bien está, sin embargo, que Lakoff aproveche sus organizadas neuronas para describir el mundo en que vive y sienta deseos de arreglar los desperfectos. Pero suponemos que la perspicacia intelectual de Lakoff  le ha servido al PSOE para dos fines: aprovechar, por un lado, el tirón de este personaje entre los círculos liberales norteamericanos (ser allí liberal equivale a ser socialista o comunista); y, por otro, su capacidad para revelar y denunciar el críptico discurso de los políticos conservadores republicanos, situación que sería aplicable al contexto electoral español, en el que el enemigo a destruir es el odiado presidente norteamericano George Bush, el denostado ex-presidente español José María Aznar, el líder del PP español Mariano Rajoy, el atizador de conciencias y polemista Jiménez Losantos, director del programa matinal de la emisora COPE (empresa de la iglesia española), y el director del periódico El Mundo, Pedro J. Ramírez, rival directo de otro periódico nacional, El País, considerado como el Pravda o el Granma del socialismo español.

 

 

                      Bush                               Aznar                          Rajoy                         Losantos                        Ramírez

En Estados Unidos, la “izquierda” (hay que suponer el Partido Demócrata) no ha sabido beneficiarse, según declara el propio Lakoff, de las enseñanzas del discurso republicano, que tradicionalmente ha dado prioridad al control de los medios de comunicación con gente experta en eso mismo. El Instituto Rockbridge es un “think tank” (depósito de pensamientos) fundado por Lakoff y otros siete colegas universitarios; un manantial de ideas al que el PSOE acude frecuentemente a beber para mitigar su sequía doctrinal. El objetivo de Lakoff es “enmarcar el debate público, crear un equilibrio desde un ángulo progresista”. Lakoff pone, evidentemente, sus recursos a disposición del mundo progresista para impartir instrucciones acerca de lo que se ha de hacer para acabar con la hegemonía republicana.

Los periodistas del periódico conservador ABC Valentí Puig, y antes que él Antonio Gimeno, adelantaron el pasado mes de julio (“Jóvenes, rojos y con partido”) la estrategia de las juventudes socialistas, bendecidas por los viejos y resabidos varones del socialismo, cuyo libro de cabecera, según cree Puig acerca del secretario de Organización del PSOE, José Blanco, es nada menos que la biblia de Rockbridge, la denominada “guía esencial para los progresistas”, el libro No pienses en un elefante, del citado Lakoff (el elefante es el símbolo del republicanismo norteamericano desde hace más de un siglo).

 

            

                                             Puig                                       Gimeno                                         Blanco

El segundo referente que tienen los socialistas españoles que conocen el inglés es Moral Politics: How Liberals and Conservatives Think, 2002 (“Política y moralidad: cómo piensan los liberales y los conservadores”), en el que Lakoff comparaba, bajo una perspectiva de la lingüística cognitiva, el concepto antagonista del mundo y la sociedad entre los conservadores y los progresistas.

Tenemos que ver si George Lakoff es tan fiable como él mismo predica de los valores de la izquierda. En una carta dirigida al director del New York Review of Books (19 de julio de 1973), Noam Chomsky, refiriéndose a una crítica a uno de sus libros realizada por Lakoff, acusó a éste de “discutir puntos de vista que no existen sobre temas que no se han tratado, confundir cuestiones suscitadas hasta hacerlas irreconocibles y distorsionar los contenidos de prácticamente todas las fuentes que cita.

 

Chomsky

Ha pasado mucho tiempo y suponemos que Lakoff ha tenido ocasión de poner en orden su pensamiento y adquirir aunque sólo sea una cuarta parte de la veteranía del que fuera su maestro, el citado Chomsky. Pero eso no ha ocurrido para mejor, sino para peor.

Una cosa es, dice Lakoff, “analizar la lengua y el pensamiento” y otra muy distinta “crearlo”. El propósito de esta creación, obviamente, es que el lenguaje pueda ser utilizado eficazmente en el contexto para el que ha sido creado. El PSOE y todos los partidos políticos del mundo hace tiempo que recurren al truco retórico que Lakoff denomina “frames” (marcos, clichés) y que consiste en combinaciones y asociaciones léxicas aparentemente inofensivas pero que contienen una elevada carga semántica. Por ejemplo, con la frase “Irak, el Prestige, la mentira…”, se está sugiriendo, a base de repetirla mil veces, que dos importantes acontecimientos de nuestra historia reciente –la imagen del presidente republicano norteamericano George Bush, el jefe del gobierno socialista de Inglaterra Peter Blair y el jefe del gobierno español José María Aznar reunidos en las Azores en marzo de 2003, en los preámbulos de la guerra de Irak, y el hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas de Galicia en noviembre de 2002- están inevitable e inequívocamente vinculados al gobierno del PP español, que supuestamente es un mentiroso.

 

El "trío de las Azores"

El sonsonete queda impreso en la mente del votante, que tendría muy en cuenta el aviso de cara a las elecciones. El mismo Lakoff es un experto en crear marcos, como aparece en el título Don’t Think of an Elephant, el libro citado arriba.

Una de los trucos de Lakoff es encasillar a la sociedad norteamericana en dos facciones, siguiendo un pensamiento dicotómico, con esa rancia y maniquea moralidad de separar los buenos de los malos. Los malos son los conservadores republicanos, para quien “el mundo es peligroso y difícil y los niños nacen malos y hay que mejorarles. El padre duro es la autoridad moral que saca adelante y defiende a la familia, le dice a su mujer lo que tiene que hacer y enseña a sus hijos a distinguir lo malo de lo bueno. La única forma de conseguirlo es la dura disciplina…Los buenos son gente disciplinada…

Por el contrario, el mundo progresistaasume que el mundo es sustancialmente bueno y se puede mejorar y hay que trabajar para ello. Los niños nacen buenos; los padres pueden hacerles mejor. Educarles implica empatía y asumir el compromiso de cuidarse personalmente y cuidar de aquellos sobre los que tenemos alguna responsabilidad. A mayor escala, hay que actuar con medidas tales como protección gubernamental mediante una red de seguridad social y reglamentación, educación universal para garantizar la competencia y la justicia, libertades civiles y trato igualitario, pasar cuentas a la sociedad, servicio público, gobierno abierto a la comunicación, y la promoción de una economía que beneficia a todos y ayuda a promover estos valores, tradicionales entre los progresistas de la política americana.”

(Las citas textuales, traducidas al español del original, provienen de una entrevista realizada a Lakoff por Bonnie Azab Powell, NewsCenter, Universidad de California en Berkeley, 27 de octubre de 2003).

Lakoff denuncia el inmenso poder de los republicanos, que controlan ilimitados recursos de poder a través de los medios de comunicación, donde legalmente invierten ingentes cantidades de dinero a través de “donaciones para infraestructura, cadenas de televisión, contratación de intelectuales, compra de libros para situarlos en la lista de los más vendidos, contrato de ayudantes de investigación para sus intelectuales…

Por el contrario, el sistema conceptual de los progresistas les impide malgastar un céntimo de sus inversiones. “Hay que asegurarse de que todo se destina a la causa, no a la gestión, a la comunicación, a la infraestructura…

Lakoff toma la iniciativa con su proyecto Rockbridge para cambiar la situación. Los progresistas tienen que tomar buena nota, salir de su ingenua ignorancia sobre las técnicas de persuasión y control político y poner en marcha una poderosa maquinaria que acabe con el monopolio de los conservadores (allí todavía no se les da el mote de fascistas, como en España). El mensaje es que les conviene acudir a su “think tank” y contratarle a él, como experto en crear lenguaje ad hoc, un instrumento de comunicación sutilmente codificado y de gran eficacia para conseguir que las cosas, las personas y el mundo parezcan distintos de lo que realmente son o se perciben.

Ambrose Bierce –atrevido y estrambótico escritor satírico norteamericano que, a sus 71 años, se unió a la guerrilla de Pancho Villa poco antes de desaparecer- definió la lengua como “música con la que encantamos a las serpientes que guardan el tesoro de los otros.” (Diccionario del diablo, 1911).

 

Bierce

Nosotros los electores somos las serpientes; el tesoro que vigilamos es nuestro voto y nuestra fe en los valores democráticos; y la música la pone el actual gobierno, recién elevado por segunda vez consecutiva al poder, ayudado por Lakoff y otros asesores, listos para tocar su dulzaina. Eso nos anunciaban durante la campaña electoral. El encantamiento. Y también nos aguardan ahora tiempos duros y perversos para el lenguaje, que procuraremos poner al descubierto en los párrafos siguientes.

Sonsonete electoral

Decíamos arriba que el PSOE se ha visto en la necesidad de contratar a un comité de sabios de todas las áreas que ocupan especial relevancia en su programa electoral. Y que nos llama la atención la presencia de un conspicuo lingüista, George Lakoff, encargado de impartir su doctrina acerca del empleo del idioma con fines políticos. Sin que se pueda hablar de “lavado de cerebro” de los militantes y cabezas de lista del partido socialista, los principales destinatarios son, evidentemente, los electores españoles, cuya mente sí se pretende lavar, blanquear, centrifugar y secar.

A todos los gobiernos les atormenta la misma pesadilla: mejorar la imagen del ejecutivo, transmitir confianza entre los ciudadanos y asegurarse su voto. Esa fue una de las grandes batallas que tuvo que liderar el republicano Herbert Hoover, en medio de la Gran Depresión que colapsaba la economía y la sociedad norteamericanas en los años 1930, para defender su política liberal ante los incrédulos ciudadanos. En similar contienda se vio envuelto su sucesor, el demócrata Franklin Delano Roosevelt, que, sentado en su silla de ruedas ante los micrófonos de la radio, llenó las ondas con sus famosas y populares “charlas al calor de la chimenea” para convencer al ciudadano de que su política seudoestatalista conseguiría sacar adelante el programa del New Deal (el Nuevo Pacto). Roosevelt se comportó como haría un clérigo sentado cómodamente en su confesionario: indoctrinando a los fieles que acudieran a él para exteriorizar su culpa por ser pobres y pecadores, pedir consejo, recibir su perdón y cumplir penitencia.

 

      

                                                                  Hoover                                                   Roosevelt

El PSOE no necesitaba ni necesita a Lakoff, excepto para dar un golpe de efecto. La situación que describe el lingüista en Estados Unidos es precisamente la contraria de la española. Allí, asegura Lakoff, la derechona es eficaz en comprar el discurso que le proporcionan sus técnicos en comunicación de masas para alcanzar sus fines políticos. Mientras, la izquierda -asegura Lakoff- se queda impasible o, si acaso, atónita, inexperta en aplicar las mismas técnicas electorales de los republicanos y capaz de dirigir el cañón de su escopeta contra su propio pie, en lugar de contra el adversario.

Eso resulta creíble para quienes no conocen aquel país e incluso para quienes lo habitan. Pero en España nadie entiende que el equipo del presidente Rodríguez Zapatero tenga que echar mano de un norteamericano cuando es evidente que controla los medios de comunicación más poderosos de nuestro país. Desde las postrimerías del régimen de Franco, el Partido Socialista, hermanado con el Partido Comunista, ha mimado hasta la náusea a los intelectuales y a pequeños grupos radicalizados de artistas de teatro y de cine, que, tradicionalmente han trabajado activa o pasivamente para uno o para otro, puesto que del gobierno reciben subvenciones y privilegios, y ha situado convenientemente a sus militantes y simpatizantes en la industria del poder, en las administraciones públicas y en los centros de irradiación y embalsamamiento de la cultura.

 

Rodríguez Zapatero

Por otro lado, su discurso político abarca todo el espectro de la retórica más sutil, más explícita, más simplona y más mugrienta, no tanto por los recursos lingüísticos, prosódicos y semánticos de que dispone para ser eficaz –es decir, para convencer a los indecisos, encandilar a los ingenuos, asustar a los suspicaces y llevar a los incondicionales del partido al arrebato místico-, sino especialmente porque, pareciendo inerte en superficie, vuelve al ciudadano más confiado, más dispuesto a dejar en manos expertas la tarea de gobernar.

Seguimos esperando la oposición que se merece este país. Pero parece que tendremos que esperar a la próxima legislatura.” La exhortación aparecía no hace mucho en el blog de José Blanco, secretario de Organización, decíamos, del PSOE. No queda claro qué tipo de oposición esperan Blanco y su equipo de periodistas-machacas. La frase procede de un arcano rincón, el “think tank” del PSOE, su Rockbridge ibérico, desde el cual el partido tutela el pensamiento de sus portavoces. El mismo sonsonete repetía la vicepresidenta socialista Fernández De la Vega al afirmar: "Tenemos una oposición que no hace los deberes."

 

 

Fernández de la Vega

Es imposible interpretar literalmente la frase “oposición que se merece este país”, puesto que si la oposición no ha de ser dura y pelear sin tregua, entonces ha de serlo suave, tierna e inocua, como el Platero de Juan Ramón Jiménez. Y aún más impenetrable, por su desnuda argumentación, es la reticencia (figura retórica) de la vicepresidenta del gobierno socialista, Fernández de la Vega, dirigida a “una oposición que no hace los deberes", dejando inacabada la frase y al albur, para que cada uno la interprete como quiera: por ejemplo, que el deber esencial de la oposición es dejar de ser una mosca cojonera.

En el discurso del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, ante el pleno del Congreso, el 30 de junio de 2005, en defensa de la reforma del Código Civil regulando el matrimonio entre personas del mismo sexo, aparecía el siguiente litote:

Se trata de un pequeño cambio en el texto legal: se agrega apenas un escueto párrafo en el que se establece que el matrimonio tendrá los mismos requisitos y los mismos efectos cuando los contrayentes sean del mismo o de diferente sexo; un pequeño cambio en la letra que acarrea un cambio inmenso en las vidas de miles de compatriotas.” La adjetivada atenuación de la palabra “cambio” con “pequeño” y de “párrafo” con “escueto” contrasta con la exagerada alusión al “cambio inmenso en las vidas de miles de compatriotas.” ¿Cómo puede una pequeñez alcanzar tanta envergadura?

En una de sus últimas arengas a sus militantes, Rodríguez empleaba la típica prolepsis inversa: “Quien no hace obras, no tiene problemas. Quien hace obras, puede tener algún problema.” Quien no hace obras, ciertamente, es el PP y quien las hace el PSOE. El problema de utilizar algunos de estos trucos retóricos es que con frecuencia contienen auténticas aberraciones semánticas. La terminación del contra-argumento de Rodríguez podía ser que si se hacen obras, alguien va a tener que jorobarse, así que vale más no hacerlas porque quien las hace tiene problemas. Argumentum ad nauseam.

Asimismo, la elevación del dialecto, el subdialecto, la fonología exonormativa y hasta el lenguaje de signos –como el que el PSOE estuvo empleando como herramienta electoral- nos parece fraudulento. Por ejemplo, la reiteración en el uso de la z (fricativa dental sorda) o el símbolo “zapatero” en lenguaje de sordos, arqueando el dedo índice sobre el ojo en forma de V invertida-. Jörg Haider, el famoso líder ultranacionalista de Carintia (Austria), no perdió oportunidad de recurrir a fullerías dialectales cuando le vino en gana, puesto que favorecía sus intereses políticos.

 

Haider

El zezeo del zetapeo zapaterista es una ocurrencia que glorifica, mediante una inelegante e innecesaria prosodia subestándar, ese populismo inarmónico, prosaico y barato característico de quienes subliman su propia autoestima sobre una sociedad que ellos consideran paleta, ordinaria y potencialmente oligofrénica.

No podemos ser imparciales ante esta clase de discurso porque no respeta las reglas del sentido común y está sembrado de ocultaciones y eufemismos. Cuando llegue el PP al poder, si logra evitar seguir siendo atropellado por la carreta de sabios extranjeros que se ha traído Rodríguez, tendrá que aprender muchas de las cosas que Rockbridge está enseñando: no tanto por sus fines, tan lejanos de una democracia liberal, y tan próximos a una democracia socialista, como por los instrumentos, que habría de mejorar.

Nos inquieta, sin embargo, que cuando alcance ese poder, para desgracia de los votantes atolondrados, no habrá forma de parar la defectuosa, aunque poderosa maquinaria dialéctica que el mismo PP habrá puesto en marcha, teniendo en el PSOE tan buenos (más bien malos) maestros. No hay espada más indicada para el combate que la que se arrebata al enemigo.

 

Magdalena Álvarez y el método del discurso

Es difícil sustraerse al debate planteado por el deficiente discurso de Magdalena Álvarez –conocida en algunos ambientes como Maleni- , Ministra de Fomento con José Luis Rodríguez Zapatero, jefe del Gobierno de España (2004-2008, 2008-2012). Sobre su capacidad intelectual y política se han hecho diversas interpretaciones a distintos niveles, a lo que ha contribuido su acento regional.

 

Magdalena Álvarez. Foto: Efe

Nosotros pensamos que el deje andaluz de la ministra es parte de su cultura dialectal –es decir, su herencia social- y no hay argumentos suficientes para negar su validez al compararlo con la cadencia o el léxico del dialecto local de La Hoz de la Vieja, Caminomorisco, Montfalcó Murallat o Peñamellera Alta. El rigor o falta de rigor de una variante no es achacable a toda la comunidad, sino al idiolecto, es decir, la actuación –en el sentido anglosajón de performancia- de cada individuo, que puede estar lleno de idiotismos.

Las intuiciones lingüísticas de la gente en general y en particular de algunos comentaristas políticos raramente tienen en cuenta la importancia e influencia del dialecto o del acento en la autoestima de los hablantes. Pero antes de opinar, como lo ha hecho Montserrat Nebrera, diputada en el Parlamento Catalán, deberían saber de qué están hablando, porque, como advertía el erasmista Juan de Valdés en su Diálogo de la lengua (1535) “es la más rezia cosa del mundo dar reglas en donde cada plebeyo y vulgar piensa que puede ser maestro.”

Cuando, por ejemplo, se dice que donde mejor se habla el español es en Valladolid, o el mejor inglés hay que oírlo en Oxford, quien así se expresa ignora que ese español y ese inglés tan refinados sólo se hallan presentes en el interior de los claustros de las correspondientes universidades, pero no hay más que salir a la calle para escuchar dejes y discursos castizos –en el sentido de naturales, regionales, vulgares- que nada tienen de cultos, si usamos por un momento la falsa argumentación de que la cultura y la inteligencia de una persona viene determinada por su forma de expresarse.

El curriculum académico y profesional de Magdalena Álvarez –doctora en Ciencias Económicas y Empresariales e Inspectora de Finanzas del Estado- supera con mucho la preparación del ciudadano medio español, aunque difícilmente habría sobrevivido en las aulas universitarias con su atropellado y confuso lenguaje. Los enunciados inconexos de la señora Álvarez son fácil presa de lingüistas, políticos, periodistas e interlocutores, y es posible que esa mujer necesite unas clases de gramática y metodología de la expresión verbal, pero sobre todo le conviene una terapia en el despacho de un logopeda, un sicólogo o un siquiatra, teniendo en cuenta que su verborrea casi siempre apresurada y a veces entrecortada por invasivas cuñas discursales –eeeh, ehto…- dándose tiempo a pensar en lo que va a decir a continuación, muestra la enorme tensión a la que se ve sometida por su actividad como ministra, sobre todo cuando la complejidad de la vida crea situaciones que se escapan de su control.

De quien confiesa, como la ministra de Fomento, su incapacidad para ordenar los papeles que tiene delante o que su pensamiento va mucho más rápido que sus palabras, no puede esperarse un despliegue de facultades narrativas, y menos retóricas.  De ahí se deduce, pienso que injustamente, que su cabeza es incapaz de pensar con arreglo a las leyes de la lógica, la coherencia y la persuasión. "Cuido tanto hablar… el hablar” declaraba patéticamente hace poco, “que hablo peor, porque si hablara como siempre he hablao, pué… y no quisiera hablá despasito para no saltame determinada terminasione que me lah sigo saltando y demá…pué… me costaría meno porque pienso má rápido que ehtoy hablando y entonse se me va el…el… hilo de la intervensión." En sus explicaciones ante el Parlamento Español acerca de asuntos incómodos, se la ha podido ver pasar del ataque a la defensiva, y viceversa, según fuera el flujo de sus ideas, su expresión discursal y la reacción de su audiencia: sus propios camaradas del partido socialista y los diputados de la oposición, que seguían atónitos a un recital del disparate. “¿Cómo se atreve a hacer esa acusasión tan grave sin pruebah? ¿Cómo se atreve a decir que hablar en el Parlamento é una filtrasió? ¿Pero qué rehpeto tienen uté a la filtrasione.. qué reh…a el Parlamento? Mé equivocao, señoría. Sí, mé equivocao. ¿Pasa algo?” En otro momento intentaba en vano justificar su confusión ante las circunstancias de la acción política: “Hay determinada cuestione… alguna de lah que uhtée me han planteao que éh, aun conociéndolah, alguna no lah conozco. (la h representa en los citados textos la aspiración de la sibilante s en los plurales en variantes andaluzas).

Decididamente, la señora Álvarez habla mal; pero no habla mal por hacerlo en su versión del llamado andaluz (una versión más del castellano), sino porque su discurso está mal construido. Bastante tiene con aguantar las arremetidas de los políticos y periodistas del espectro contrario, que la acusan de ineficaz para el cargo que ocupa, como para, encima, sentirse culpable de su propio lenguaje. La conclusión de que la pobre señora roza los límites de la oligofrenia es tan perversa como perverso es el discurso político en general, por lindo e impecable que parezca formalmente, tan lleno de sofismas, manipulaciones retóricas, insultos, infamias, medias verdades y envolturas.

 

Un think tank español

El modelo de Rockbrige no ha dejado de prosperar en formato regional. El equivalente más próximo se puede ver en ASINYCO (Asociación Información y Conocimiento), una organización "que vincula a más de 200 profesionales con mentalidad progresista, entre empresarios, funcionarios y altos directivos de grandes empresas." En su declaración institucional, ASINYCO "aspira a convertirse en CENTRO DE PENSAMIENTO y contribuir a toda reflexión que salga al paso de las visiones más tecnocráticas y elitistas sobre la Sociedad de la Información, a menudo presentadas como modas vacías de contenido." El objetivo esencial es influir y colaborar con los centros de poder, sumando voluntades -personas e instituciones significativas en el ámbito social y político- y articulando una "asociación con músculo" que adquiera prestigio, autoridad y peso social.

En un estado democrático no hay más remedio que admitir la posibilidad de que un grupo de presión nacido, como suele ocurrir frecuentemente, de los superestratos sociales -las élites intelectuales- sirva de aglutinante para mover y cambiar voluntades de forma organizada y formalmente intachable. El único interrogante que flota en el aire es si el pueblo tiene la capacidad suficiente de valorar la ética del poder y actuar en consecuencia, dando por sentado que quienes se mueven en esos recintos actúan no como formadores sino como dinamizadores del pensamiento. El clásico postulado marxista de que las masas, per se, no intervienen en el cambio social, y que para conseguir que se pongan en marcha hacen falta unos líderes se ve perfectamente reflejado en la creación de think tanks, depósitos o centros de pensamiento.

 

Barack Hussein Obama y sus fuentes de sabiduría. Notas sobre la elección del último presidente de Estados Unidos (Noviembre de 2008).

 

Foto: Ruth Fremson/The New York Times

 

Según la mitología nórdica, el dios Mimir se vio envuelto en una trifulca entre divinidades y acabó siendo decapitado. Otro dios, Odín, se hizo cargo de la cabeza y la depositó en un santuario. De este punto brotó un manantial al que Odín acudía a beber en busca de la sabiduría.

El recorrido de Obama ha sido tan mágico como el encantamiento escandinavo. Se puede aventurar, sin riesgo de alejarnos demasiado de la verdad, que el próximo presidente de Estados Unidos ha visitado diversos manantiales para embeberse en el conocimiento social y el discurso político. Ese ha sido su esfuerzo y su mérito personal. Pero su fuente de sabiduría son los poderosos “think tanks” –depósitos de ideas-, creados y subvencionados por entidades públicas, privadas y anónimas en cuya nómina figuran lingüistas, estrategas políticos, creadores de opinión, economistas y futurólogos.

Aún está en nuestro recuerdo el comité de sabios que contrató el equipo del presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero con vistas a las elecciones generales de marzo de 2008. Entre ellos destacaremos, aunque se le citó in passim, a George Lakoff, arriba citado, que ofreció al Partido Socialista Obrero Español el aparato técnico de su Instituto Rockbridge para ayudar a componer un discurso eficaz basado en marcos, metáforas y eslóganes con los que cautivar a los votantes y machacar de paso al partido contrario.

Los manantiales de ideas políticas buscan la plataforma en la que enmarcar el debate público y, como dice Lakoff, restablecer el equilibrio político “desde un ángulo progresista.” Para ello habría que insistir en la conveniencia de levantar la tapa del sarcófago en que ha enterrado a la sociedad un partido -el de Bush- que lleva varios años gobernando, y gobernando mal. y exponerse a la luz  y los vientos del cambio y el progreso.

No puede sorprendernos que, además de sus ansias de quitarse de encima la pesadilla de Bush, el gobierno socialista español se haya volcado en Obama como antes lo hizo con su propio candidato ZP (Zapatero), hermanos que se refrescan en las aguas del pozo de Mimir.

Por el momento, no vamos desglosar las fuentes y describir la arquitectura del discurso de Obama. Pero podemos resaltar su asiento moral y ético frente a la dura e intransigente postura del discurso liberal-conservador. En diversas ocasiones ha declarado, más o menos con las mismas palabras: “Tenemos un grave déficit presupuestario, un déficit comercial en estado crítico. Pero lo que más me preocupa es nuestro déficit de empatía. Cuando me dirijo a los estudiantes, les digo que hay que mirar a través de los ojos de los demás. Hay que ponerse en los zapatos de los otros.”

Este es el discurso que cala, afirmó Lakoff no hace mucho: “Obama dice que entre los norteamericanos hay valores tradicionales, entre ellos el de la unidad, y él apela a estos valores.” La religión es otro activo; si hay muchos americanos creyentes, también los hay que son progresistas. Y también existe una conexión entre la capacidad de empatía y la moralidad progresista.

El pensamiento social norteamericano se ha apoyado tradicionalmente en la idea de que no hay que mostrar debilidad: no se debe andar con chismes sobre la mala salud de uno, la pérdida del empleo, el fracaso escolar. «Duro, aislado, estoico, asesino» son los atributos que D. H. Lawrence atribuía a la esencia americana. El resultado, según Obama, es que en Estados Unidos la gente es incapaz de ser amable. Hay que cambiar, pues, de estrategia y tratar de re-humanizar a la sociedad, revitalizarla con aportes moralizantes que sirvan de bálsamo en un mundo abocado a la recesión económica y a un descrédito político irreparable.

Aunque las referencias a la raza de Obama nos parecen ridículas, impertinentes y rotundamente obsoletas, se da por obvio que el liderazgo del país ha pasado de las frías manos anglosajonas a las más cálidas de un afrosajón, un personaje que en los años sesenta habría recibido el apodo despectivo de white Negro, negro amestizado, culto y alejado de la realidad africano-americana.

Pero Obama no tiene nada que ver con Martin Luther King, ni con Eldridge Clever ni Malcolm X. Obama es el producto de sí mismo, de su familia, de sus estudios y, por encima de todo, de los inmensos y arcanos manantiales de la sabiduría.

Nos sentimos ligeramente defraudados porque Obama se presenta como un emisario de Odín, cuando en realidad es un estratega más de la vigorosa maquinaria política norteamericana. Ante el eslogan “Necesitamos el cambio. ¿Podemos cambiar? Sí, podemos” nos limitamos a decir “Pues muy bien.

 

El discurso del Islam

El discurso, sea político o tenga otros fines, se ha visto como la plastilina: una materia deformable, polisémica y polifórmica, es decir, puede adquirir múltiples formas y significados en función del efecto que se persiga. Es habitual, con este tipo de análisis, encontrar objetos genéricos que se prestan a múltiples interpretaciones y que resultan difíciles de rechazar. Por ejemplo, el concepto del bien frente al mal, la tiranía frente a la democracia, la justicia social frente a la explotación, la caridad y la generosidad frente al egoísmo y la ingratitud.

En el mundo islámico, que se halla inundado por el espíritu religioso, la palabra yihad (pronunciada más o menos como dyijad), puede adquirir un valor de

1) guerra armada contra un enemigo físico declarado;

2) resistencia a lo que se aleja del código moral del Corán;

3) simplemente, lucha interior contra las debilidades de la naturaleza humana, al estilo de los místicos españoles como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila.

El fondo de la cuestión es el grado de alejamiento del contrario respecto a la ortodoxia que guía a la sociedad o al partido que gobierna el estado en un momento concreto. En términos sociológicos, ser ortodoxo equivale a ser fiel a los principios y la los dogmas oficiales, y eso equivale a ser puro, auténtico, conservador y reaccionario.

Los redactores de discursos políticos y expertos lingüistas como alguno de los citados son auténticos creadores de lenguaje arbitrario y artero. Encadenando y repitiendo los mismos conceptos, verbalizándolos con distintas formaciones sintácticas, recurriendo a la sinonimia, a la simplificación o a su contraria, la hipergeneralización, se consigue el mayor de los deseos de un profesional de la política: la eficacia. Lo que menos importa es la equivalencia del uno por uno, el pan, pan y el vino, vino. Lo esencial es que diciendo uno se diga, imperceptiblemente, dos, se entienda tres y se consiga un efecto cuatro.

Por eso se puede leer y oír con tanta facilidad e indistintamente acerca del fascismo americano respecto al religiosismo islámico, y del fascismo islámico ante el democratismo norteamericano. La manipulación del lenguaje por unos pocos expertos lleva a condenar o a glorificar a naciones enteras; una cultura y una civilización pueden quedar demonizadas en unos segundos por un uso inteligente del lenguaje que se presta a múltiples interpretaciones (indudablemente, al menos para nosotros, inteligente no equivale en este caso a honesto, sino a indecente.

La maleabilidad del discurso islamista ha sido claramente expuesto por Farish A. Noor, miembro del Instituto de Estudios Estratégicos e Internacionales de Malaysia, en su ensayo “The Evolution of ‘Jihad’ in Islamic Political Discourse: How a Plastic Concept Became Harder”. Conceptos e ideas, dice Noor, inundan el discurso islamista con fines políticos utilitarios y metas instrumentales. Pero idénticos objetivos se pretenden conseguir, en el lado contrario, cuando se citan y cuestionan conceptos tan etéreos como “democracia”, “derechos humanos” y “justicia."

El profesor Ali Khan, de la Washburn University School of Law de Kansas, Estados Unidos, antepone el argumento verdaderamente democrático al discurso de la eficacia a través de la ambigüedad y la tergiversación. Una sociedad multicultural como la norteamericana, incapaz de imponer restricciones de ninguna clase a que un ciudadano elija sus ideas en un mercado libre, no puede impedirle que exhiba sus derechos religiosos si se mantiene en los límites que marcan las leyes. "Se da por sentado en los círculos políticos americanos que el Islam es una religión forastera, ajena."

Esta falta de precisión respecto a la tradición religiosa norteamericana que denuncia el profesor Khan es más evidente cuando se recuerdan los movimientos de conversión al Islam de tantos y tantos líderes y seguidores del movimiento pro-derechos civiles afroamericanos de los años 1960 y 1970. O cuando se observa el mapa religioso de Estados Unidos, que da un elevado porcentaje de conversos al Islam en un país que los políticos consideran laico, cristiano o, al menos, judeo-cristiano. "El Islam ha llegado a este país [Estados Unidos] no para convertir por la fuerza a nadie, sino para enriquecer la cultura norteamericana, su diversidad, su historia, su arquitectura, las ciencias y, cómo no, las leyes."  El enriquecimiento de la cultura norteamericana se produce, supuestamente, a través de la teoría y la práctica del Islam, como pudo beneficiarse en su tiempo la España cristiana.

Una de las cuestiones que no puede dilucidarse con nitidez es la de si existe una sola tipología de discurso político aplicable a todos, o si cada concepto es subsidiario de la cultura en la que se presenta. Por ejemplo, Brown y Levinson diseñaron un método de análisis de la cortesía que se comenzó inmediata e indiscriminadamente a aplicar como si el discurso fuera una categoría universal. Este modelo anglosajón, analizado de cerca, es viable en unas culturas (y sus lenguas) e insostenible en otras. La tesis doctoral de Saïda Anssari, en fase de terminación (prevista para 2008 en la Universidad de Valencia), es muy ilustrativa de la imposibilidad de aplicar los criterios de Brown y Levinson a la lengua árabe regional –la de Marruecos-. El paradigma anglosajón no sirve para explicar la cortesía del mundo del Islam. Y tampoco se conoce un modelo de discurso político que abandone los postulados de la retórica clásica y se adapte automáticamente a todos los procesos discursales que inundan a nuestro mundo.

De hecho, lo que está ocurriendo es que el discurso islámico-musulmán se está adaptando al modelo europeo-occidental y utiliza más o menos las mismas estrategias, en lugar de recuperar o materializar un discurso que nazca de las tradiciones y la cultura islámica. Eso es lo que sugiere Iqbal Siddiqui (Crescent International, Junio 16-30, 2000): “El movimiento islámico necesita urgentemente la emergencia de un lenguaje de discurso político que nazca de las tradiciones políticas y académicas musulmanas, en lugar de ser importado y adaptado de la terminología política occidental." Cuando se emplean términos como “revolución” y “estado” adjetivándolos con la palabra “islámico”, les acompaña un equipaje conceptual occidental. Para Siddiqui, construir un discurso político al modo occidental resulta imposible entre musulmanes porque no refleja los ideales y la cultura del Islam.

La naturaleza del discurso nativo del Islam aún no se ha descrito adecuadamente y es posible que no pueda hacerse sino a través de la retórica de los imames y la exégesis del Corán. Esta retórica se halla más próxima a la tradición escolástica cristiana, que pretendía ordenar el pensamiento lógico, que a la del discurso político occidental diseñado con fines electorales. 

 

Mahmoud Ahmadinejad, presidente de Irán

 

Ejemplo de estructura de un discurso musulmán:

 

Expresión de una opinión

Animo al lector y al espectador a que sigan de cerca la oratoria política. Abajo encontrarán algunos de los recursos más habituales:

1. Arranque, normalmente con una pulla o un chiste rápido destinado a causar un pequeño impacto, reforzado por las risas y los aplausos de los voceros, como forma de asegurarse la atención y las simpatías de la audiencia.

2. Enunciación: presentación de los temas que se van a desarrollar durante la sesión, dejando algunos cabos sueltos a modo de anzuelo para asegurarse la continuidad de la atención del seguidor.

3. Argumentación: exposición de los distintos razonamientos, invariablemente por el siguiente orden: primero la antítesis, los argumentos negativos; después los positivos. El efecto sicológico es salir de una situación de estrés e incomodidad para pasar a otra placentera en la que se obtiene, o se va a obtener, algún tipo de recompensa. Los redactores del discurso suelen intercalar citas de respetables políticos, escritores o pensadores como soporte intelectual, como garantía de que el argumento es tan válido para ellos como lo fue para los clásicos.

4. Conclusión o recapitulación, en la que se sintetiza lo expuesto y se abren los brazos para recibir el aplauso y el apoyo incondicional de la audiencia.

Las ayudas retóricas más habituales con las que cuenta el político profesional son las siguientes (por orden alfabético):

Anadiplosis o reduplicación: la última palabra de una frase se repite en la primera de la siguiente: “Se ha reducido un 25% la inversión en infraestructuras; las infraestructuras están al borde del colapso; el colapso es el destino que nos espera a todos si no ponemos remedio a la situación.”

Anáfora: repetición sistemática de una palabra o una frase al comienzo de una oración: “Debemos continuar, debemos perseverar, debemos resistir.

Antítesis: juego semántico que permite invertir el argumento inicial: “Los pensionistas siempre han pagado los platos rotos de una mala administración. ¿Pedían una subida de pensiones? Obtuvieron más inflación. ¿Pedían unas pensiones más justas? Recibieron un recorte asistencial. ¿Reclamaban una paga extra? Aumentaron las retenciones. Los pensionistas son el forjado en el que se asienta el país. Los pensionistas son el testigo de si una administración funciona bien o funciona mal . Los pensionistas tienen la última palabra.”

Comparación: Permite exponer los puntos fuertes del programa propio y ridiculizar los del contrario: “Nuestro partido representa el progreso y la innovación. ¿Que ofrecen ellos? ¿Qué tienen ellos que ofrecer? El regreso a la caverna.

Comunicación: lanzar un interrogante y contestarlo inmediatamente: “¿No han acabado con nuestras libertades? Pronto acabarán con todos nosotros. En seguida probaremos el sabor del horror y la tortura. No es que vayan a ponernos el fusil en la nuca, pero sí que nos van a privar de nuestro derecho a expresarnos libremente en la lengua de nuestros mayores.”

Concesión: se utiliza un dato positivo del contrincante reduciendo su carga semántica y aprovechando el mismo argumento para resaltar las enormes grietas del sistema que se pretende combatir. “Pues claro que ha descendido el paro en el país. En todos los países lo ha hecho. Pero aquí seguimos con una tasa muy superior a la del resto del continente.

Exhortación: petición enérgica de hacer o no hacer algo. “Necesitamos vuestro apoyo, necesitamos vuestra confianza, necesitamos vuestro voto. Pero si queréis el caos, si buscáis la nada, votad a ésos.

Expresiones retóricas que ayudan a introducir un argumento en el que lo más importante no son las buenas palabras, sino los contenidos, lamentando una supuesta pobreza argumental y apelando a la magnanimidad y la nobleza de sentimientos de la audiencia: “Ellos disponen de la fuerza, controlan los medios de comunicación, tienen el apoyo del gran capital, dirigen los sindicatos; pero nosotros somos los únicos  conocedores del verdadero valor de la honradez, el sentido de la verdad y la justicia.

Interrogación: hipótesis que, si se confirma, deriva en una respuesta o una acción, a veces llena de ambigüedad.“Si ganan ellos, no nos quedará más remedio que echarnos a la calle, dormir en la calle.

Invocación, apóstrofe, exclamatio: apelación a entidades supra-humanas para ponerlas de testigo, solicitar algo o evitar un mal proveniente de terceros: “Si llegan ellos, que Dios nos pille confesados.” “Si ganan y realmente hacen lo que dicen que van a hacer, que venga el diablo y lo vea.”

Ironía: decir lo contrario de lo que se piensa: “Prometieron empleo; prometieron gasolina más barata; prometieron un turismo de calidad; dijeron que nos apañarían en breve tiempo. Pues bien, ahí tenéis el empleo; ahí está la gasolina; buen turismo nos ha llegado; apañados estamos.

Litote o atenuación: Pequeño argumento que contiene una exageración: “Sólo han robado mil millones; sólo han ocultado cien mil millones a la hacienda pública; simplemente han dejado en pelotas al país entero.

Preterición: estrategia que pretende mencionar unos datos in passim, como tratando de ocultárselos a la audiencia, para inmediatamente dárselos con todo detalle: “No quiero hablar de corrupción; no quiero sacar a relucir la asquerosa utilización de fondos públicos para el provecho personal; el manejo de información privilegiada para realizar grandes pelotazos; la compraventa de votos a cambio de sueldos y puestos de trabajo para familiares y amigos.

Prolepsis: contra-argumento derivado de otro que lo anticipa: “Hay quien piensa que si ganamos las elecciones se acabará el estado del bienestar. Se equivocan. El pueblo tiene derecho a una vida digna, a un trabajo digno, a un salario acorde con sus necesidades. Nosotros se lo ofrecemos.

Repetición para dar énfasis y que sirva al mismo tiempo de refuerzo: “¿Cuándo ha habido nunca tanto paro? Cuando estaban los otros. ¿Cuando ha habido nunca tanta miseria? Cuando gobernaban los otros. ¿Cuándo ha habido nunca tanto desorden? Cuando mandaban ellos.

Reticencia: dejar un argumento inacabado para que sea la audiencia la que ponga las palabras finales: “Anunciaron nuevos trasvases; aún los estamos esperando. Dijeron: impuestos más bajos; los subieron un 20%. Juraron combatir el desempleo; toma desempleo. Ahora prometen subir las pensiones....

Silogismo: introducción de tres argumentos, de los cuales los dos primeros llevan necesariamente al tercero. “El país es un mar de corrupción. Fulano y Mengano son unos corruptos. El partido de Fulano y Mengano naufraga en la corrupción.

Sinonimia: empleo de términos con significado parecido: “Hemos reducido el paro, hemos acelerado la ocupación, hemos incrementado los contratos fijos.

Slogan: Inserción constante de una frase o conjunto de palabras en el discurso político que suele integrarse fácilmente en el lenguaje periodístico y en el de los ciudadanos: "Nuestro partido busca el diálogo, la paz, la democracia. La oposición no es más que bronca, agitación, confrontación."

 

 

Lenin, por Kovalenko 1966

 

Actualizado 4 de enero de 2010

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