ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Estonia

 

     La pequeña República de Estonia, asentada sobre 45.226 Km2 de terreno llano y pantanoso, con 1.520 islas en el Báltico y un medio ambiente altamente contaminado con productos químicos y derivados del petróleo, tiene, según las fuentes, entre 1,636.000 habitantes (Ethnologue 1996) o 1,476,301 (Ethnologue 2000) y 1,421,335 (CIA 1998) o 1,408,556 (CIA 2003)*, de los cuales un tercio son de origen ruso, 49.000 ucranianos -muchos de los cuales retienen su lengua materna-, 28.000 bielorrusos, 17.000 finlandeses, 2.200 lituanos, 2.000 letones, 1200 chuvash (etnia procedente de Chuvashia, al este de Moscú, junto al Volga, y lengua del mismo nombre de la familia altaico-túrquica), 4.000 tártaros y un reducido número de romanís y suecos. El éxodo migratorio ha llevado a los estonios a crear asentamientos en Rusia, Estados Unidos, Canadá, Finlandia, Letonia, Inglaterra, Suecia y Australia. La lengua oficial del país es el estonio, escrito en caracteres latinos, siendo el ruso la segunda lengua más hablada, como resultado de la perdurable vigilancia del viejo imperio y su obligatoriedad como lengua de instrucción en todas las escuelas estonias hasta fechas recientes. Muchos hablan el inglés, tanto por su utilidad como idioma universal como porque Estonia ha mantenido excelentes relaciones políticas, comerciales y culturales con Inglaterra.

     La relativa afinidad de estonios y finlandeses, junto con los húngaros, va más allá de su lengua principal. Miles de años antes de la civilización cristiana llegaron hasta la región diversos pueblos procedentes de los Urales. La historia moderna de Estonia comienza en el siglo XIII con la invasión de los Caballeros Germánicos de la Espada y la de Waldemar el Victorioso de Dinamarca, cambiando posteriormente de manos entre rusos, polacos y suecos. Los relatos tradicionales retratan a los estonios como un pueblo en lucha permanente por su libertad y sus valores nacionales, a los que no renunciaron ni siquiera en los años terribles de la ocupación rusa (s. XVII), la invasión bolchevique y el yugo soviético, que sumió al país en las sombras y diezmó a la población con deportaciones en masa. Una de las etnias más activas contra la presencia de los Caballeros Germánicos fue la de los liv (en estonio “liiv” significa “arena”, en alusión al lugar que habitaban). Pervive una curiosa leyenda que denuncia los constantes trasvases culturales entre las naciones. Ante la presencia de los citados Caballeros Germánicos en la región, unos monjes estonios decidieron levantar una fortificación para protegerse de ellos. La noticia llegó a oídos de Iván el Terrible, zar de Rusia, con una importante variación: que el fortín había sido alzado contra él. El propio zar llegó hasta los monjes y, sacando la espada, de un tajo le cortó la cabeza al superior del monasterio. Ante el asombro de todos, el abad cogió la cabeza y se dirigió a su lugar de enterramiento. El poeta medieval inglés conocido como “de la perla” (s. XIV) escribió una historia similar, procedente de otros relatos normandos que describían antiguos héroes celtas. Hallándose reunidos el rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, entró en la sala un personaje vestido de verde y retó a los presentes a pelear con él, ofreciéndose a recibir el primer golpe con su propia hacha danesa. El joven Gawin tomó el hacha y la descargó contra el cuello del gigante, decapitándole. El caballero Verde se levantó en medio de un charco de sangre, tomó la cabeza y se alejó del lugar, no sin antes reclamar su turno en otro lugar y ocasión. El episodio dio paso a una serie de aventuras ampliamente conocidas por todos los niños ingleses.

     Estonia alcanzó su independencia definitiva el 6 de septiembre de 1991.

     El estonio es una variante próxima al finlandés. Al igual que ocurrió en la península ibérica hace 1.000 años con las diversas variantes romances (catalán, castellano, leonés, galaico-portugués), el estonio y el finés formaron parte del mismo continuo dialectal, compuesto por numerosos subdialectos sin referencia normativa. La proximidad de la actual Estonia a Finlandia meridional facilitó el contacto de las poblaciones desde el primer milenio antes de Cristo, quedando solamente interrumpido en la época del imperio soviético. La Reforma protestante aceleró el proceso de fijación de ambas variantes como lenguas literarias, adoptándose en las islas de la costa de Estonia los rasgos más conservadores del finlandés y desmarcándose de los acentos meridionales, sometidos a frecuentes pérdidas de sílabas y morfemas motivados por el distanciamiento fonológico. El efecto, a ojos de un finés, es que el estonio es una lengua desgastada por la contaminación y el cambio ('kuluneempi'). En realidad se trata de un proceso universal conocido como simplificación que afecta en mayor o menor grado a unas variantes respecto de otras de la misma familia (compárese el catalán con el valenciano). Por ejemplo, para marcar la posesión el finlandés recurre a sufijos, mientras que el estonio la señala con pronombres. De igual modo el estonio se dirige hacia formas perifrásticas, mientras que el finés mantiene una elevada rigidez morfológica para marcar las funciones gramaticales. La sintaxis fínica tiende a ser más sintética (empleo de palabras más largas con significados complejos), a diferencia de la estonia, más analítica (palabras más breves y gramaticalmente más transparentes). Por lo que hace al vocabulario, una y otra lengua tienen numerosos puntos de contacto, aunque se observan frecuentes desplazamientos semánticos debido a su evolución diferenciada. El profesor Holman, de la universidad de Helsinki (1995), ilustra esta variación con un anuncio leído en el barco que une Tallinn con Helsinki: “Miks raiskad oma raha?” (¿Por qué tiras el dinero?). Un hablante de finlandés lo interpretaría como “Miksi raiskaat omaa rahaasi?” (¿Por qué violas el dinero?)** En general el estonio es más receptivo a los préstamos que el finés, muy especialmente de las lenguas más influyentes de la región como el ruso, el alemán, el sueco, el letón, el lituano y, desde luego, el finlandés. A la población estonia de Hiiumaa le resulta más familiar el finés que el estonio normativo; por el contrario, a los habitantes de Vorumaa el finés les suena extraño y arcaico -sensación parecida a la que puede tener un tejano cuando oye hablar a un nativo de Boston (Estados Unidos) o un inglés escuchando un recital de Shakespeare-. El acento recae regularmente en la primera sílaba, como en finlandés, aunque se percibe la presencia de un acento secundario en la tercera.

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*Ethnologue, edit., Barbara F. Grimes, Editor (1996, 2000), Summer Institute of Linguistics, Inc.; CIA World FactBook 1998. - **Eugene Holman (1995) (University of Helsinki), “Estonian-Finnish: How different are the two languages?”


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