ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Finlandia

 

     La República de Finlandia tiene poco más de 5 millones de habitantes, cifr aproximada a la de Dinamarca o Eslovaquia. Como suele ser habitual en todos los países, éste también acoge a una población de emigrantes y expatriados, o a sus descendientes, entre los que cabe destacar 4.500 ingleses, 1.000 rumanos, 10.000 rusos, 1.300 somalíes, 1.000 tártaros, otros tantos turcos y un número indeterminado de alemanes, árabes, chinos, españoles, polacos y vietnamitas. Finlandia adquirió su plena autonomía política en 1918. Durante siglos ha estado en manos de los suecos y de los rusos. El territorio está salpicado por 65.000 lagos y 100.000 islas y su situación geográfica -al norte, los hielos del ártico; al sur, las aguas heladas del Báltico y el golfo de Finlandia, y al este, la tundra rusa- dan al país una nota de aislamiento. El cristianismo entró en Finlandia en 1154 con el báculo del obispo de Uppsala, que acompañó al ejército sueco en su ocupación del territorio. Diez años después los suecos se vieron obligados a plantar cara a los rusos y a la iglesia ortodoxa, quienes iniciaron un primer asentamiento. Al norte del lago Ladoga, en Valamo, se yergue un monasterio ortodoxo como uno de tantos testimonios de la presencia rusa en la región.

     Finlandia es uno de los pocos países cuya población está alfabetizada en la lengua nacional al 100%. El territorio ha sido reiteradamente invadido y ocupado por gentes procedentes de Suecia, Lituania o Rusia; sin embargo, y a pesar de que todos ellos han dejado huella de su permanencia, el finés es una lengua exclusiva, sin parentesco alguno con las adyacentes, excepto con las de la familia fino-úgrica o uralo-fínica. Los historiadores todavía no se ponen de acuerdo sobre qué pueblo trajo esta lengua a Finlandia, aunque algunos se inclinan a pensar que pudo venir de Rusia central. Es difícil precisar cuáles de sus ramificaciones son verdaderas lenguas o dialectos. El estonio, el lituano o el húngaro tienen lejanos ecos. Las subespecies saami o laponas (el término lapón es peyorativo) son habladas por muy pocos -algunas como el ter-saami por sólo seis individuos- en Finlandia, Noruega, Suecia y Rusia. Están emparentadas otras variantes como la mansi, que se puede oír en Siberia, aunque se cree que sus propios subdialectos se han extinguido por falta de hablantes.

     La singularidad del finés -como la del euskera y el húngaro- hace que la lengua sea difícil de aprender para los no nativos. Tiene quince casos, que reducen la necesidad de un sistema preposicional como el de las lenguas románicas. En cambio, su ortografía es altamente fonética y mucho más lógica que la del inglés. La longitud de los sonidos se muestra claramente duplicando el correspondiente grafema y el acento tónico recae regularmente en la primera sílaba comenzando por la izquierda de la palabra.

     En Finlandia se hablan, además del finés -idioma oficial y primera lengua para 4.700.000 personas-, otras diez lenguas, una de las cuales -el híbrido llamado “lenguaje de signos escandinavo”, nacido para intercomunicar a los sordos- no tiene hablantes maternos y es común entre daneses, noruegos, suecos y finlandeses. El otro lenguaje de sordomudos comparte algunas marcas del correspondiente sueco, pero no con el danés. El gobierno pone intérpretes a disposición de la población incapaz de oír cuando acuden a los hospitales, los centros educativos, los juzgados y las instituciones públicas. Los medios de comunicación audiovisual ofrecen regularmente programas teniendo en cuenta las restricciones auditivas de estas personas.

     Se calcula en unos 6.000 el número de estonios -muchos expatriados- que conservan su lengua natural. Otros 10.000 hablan el kareliano, también empleado en las regiones vecinas de Rusia. Una población dispersa por Finlandia emplea el olonetsiano o luvvi. El romaní, o caló finés, lo hablan de cuatro a seis mil gitanos. La lengua de los lapones finlandeses recibe el nombre preferente de saami, en sus distintas variaciones -el del norte, el finés o el ruso-. Todos los miembros de la etnia son alfabetizados en finés. Hay que tener en cuenta que las cifras señaladas no son exactas, ya que son muchos los que declaran hablar una lengua y en la práctica diaria prefieren hacerlo en otra.

     Finalmente el sueco es la segunda lengua oficial del país, hablada por el 6.5% de la población, aunque lo hacen con acento regional. Casi todos ellos residen en la costa meridional y occidental. Contrariamente a lo que puede pensarse, los sueco-hablantes se sienten finlandeses que hablan el sueco como primera lengua. Según Ringbom (1990), profesor de la universidad de Turku, en 40 años no ha habido ningún conflicto entre fino-suecos y finlandeses, que, aunque hablan lenguas tan diversas (el sueco procede del tronco europeo y el finés del fino-úgrico), comparten la misma cultura, aunque conviene observar lógicamente las debidas cautelas al hablar de unidad cultural en países plurilingües.


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