Emilio García Gómez

 

Entrevista con Frank Yerby

(Madrid, 21 de diciembre de 1983)

 

 

Frank Yerby (foto: Anel Fernández, El País Semanal)

 

     Vive en España desde 1954. Ha escrito más de treinta novelas traducidas a treinta idiomas, de las que se han vendido sesenta millones de ejemplares. Y, sin embargo, Frank Yerby es un ilustre desconocido entre nosotros, y aún lo es más entre sus compatriotas norteamericanos.

     La entrevista se concertó el 21 de diciembre de 1983 en el hotel Mindanao de Madrid por deseo expreso del escritor, reacio a romper la intimidad de su casa. Las calles se hallaban a esa hora despobladas, como los paisajes que describe Russell Hoban en Riddley Walker, aniquilados por las radiaciones atómicas. Afortunadamente sólo se trataba esta vez del partido de fútbol España-Malta, que terminó con una histórica goleada. El rincón elegido por mí meticulosamente para la charla, en el bar Keynes del hotel, no fue del agrado del fotógrafo que envió el diario El País, y hubo que hacer una segunda serie de fotos en mi habitación. Yerby se comportó a lo largo del reportaje y de la entrevista con suma docilidad y, pese al acuerdo previo, por correspondencia, de no discutir sobre temas raciales - esto de la raza es un accidente biológico; me aburre hablar de ello-, y del consejo de no abordar cuestiones políticas y religiosas, lo cierto es que nada se soslayó. Sus ojos brillaban con especial intensidad cuando iniciaban el trote los cuatro tabús americanos -religión, sexo, raza y política-, elevando el tono de su voz emocionada, una voz suave, con defectos de vocalización, como si debajo de la lengua hiciera rodar una bolita de cristal.

     Yerby acudió puntualmente a la cita, con un viejo abrigo, un traje Príncipe de Gales y fino jersey de cuello de cisne, debajo del cual sobresalía un estómago dilatado. Esta tripa me preocupa. Y como tan miserablemente.... Hoy mismo he tomado un poco de pollo sin sal que me ha sabido a suela de zapato. Tendré que decírselo al médico....-. Pidió un gin tonic que no se pudo terminar.

     En todo momento habló en español, aunque algunas preguntas fueron hechas en inglés par- asegurar la perfecta comprensión de los temas propuestos y la máxima precisión en las respuestas. El rumor de otras conversaciones al fondo de la sala dificultó la transcripción de las cintas (se utilizaron simultáneamente dos magnetofones) antes de corregir los defectos de sintaxis y de fonética. Mi mujer me llama media lengua y, sin embargo, en un viaje que hicimos por Méjico, el taxista, al oír a mi esposa, con ese acento tan enérgico, tan castellano, exclamó: ¡Quée señoooraaa!. Y yo le dije al hombre: Quierou irr a la Virhen Moruena. Pues bien, me entendió en seguida.

     Yerby tenía entonces 67 años. Con su barbita blanca, su sencillo bastón, en el que se apoyaba como si fuera la prolongación de su mano, sus gafas de concha, y su piel tersa y levemente cobriza, apenas se podía detectar una gota de sangre negra en sus venas. Tal vez el cuello fuera demasiado recio, y el pelo, aunque escaso, demasiado denso. Otros negros ilustres han pasado desapercibidos como tales -Alejandro Dumas, Alejandro Pushkin-. Pocos saben que Frank Yerby desciende de negros, indios y, claro, blancos. Hay que leer sus primeros relatos, publicados entre 1939 y 1946 -por uno de ellos recibiría el Premio O'Henry- para identificarle como escritor de raza negra. Su desvinculación del activismo racial ha sido interpretado como una preferencia por el aspecto mercenario de la literatura. The New York Times recogió en 1982 unas supuestas declaraciones, según las cuales Yerby aconsejó a su amigo Nelson Algren, cuando ambos formaban parte del Federal Writers Project de Chicago, en 1939, que se dedicase a ser intelectual, que él se iba a hacer un millón de dólares, declaraciones que Yerby niega haber realizado.

     Fue por entonces cuando, por encargo de la Works Progress Administration (WPA) -proyecto creado para dar empleo a escritores y artistas-, se pasó nueve meses infiltrado en un grupo de musulmanes negros. Tengo la impresión de que estaban todos como cabras.

     Licenciado por Fisk University, que años más tarde le nombraría doctor honoris causa, se vio obligado a trabajar durante la segunda guerra mundial en una fundición de la Ford, pasando después a una compañía de componentes electrónicos para aviones. Su afición a la electrónica nació de allí; su casa siempre estaba llena de artefactos y llegó a diseñar un sistema que le ayudaba a transcribir datos cifrados en cinta magnetofónica a su máquina de escribir. Tras una breve etapa como profesor en dos o tres universidades, se dedicó a la literatura. Después de vivir unos años en Francia se vino a España. Reside en Madrid, casado en segundas nupcias con doña Blanca Calle Pérez, que hace de traductora, gerente y filtro de llamadas telefónicas. La conocí por azar, y vivo en España como podría hacerlo en cualquier otro país. Antes pasó unos años en Francia, y ha viajado por todo el mundo. Habla varios idiomas con mayor o menor soltura. Buscando las pruebas de sus libros tuvo que aprender latín medieval y árabe, y recorrer a pie el desierto de Negev -la Biblia dice que Jesús pasó allí 40 días y 40 noches- y trepar las laderas de Khirbet Qumran, donde aparecieron los manuscritos del mar Muerto. Su primera esposa, Flora Helen Claire Williams, de la que tuvo cuatro hijos, vive en Estados Unidos.

     Tras la publicación en 1946 de The Foxes of Harrow (Mientras la ciudad duerme), que fue un éxito, se entregó definitivamente a la tarea de fortalecer su oficio de escritor de entretenimiento, a costa de la débil caracterizaci6n de los personajes, especialmente la de los negros. Sus libros se ven, no obstante, compensados por una concienzuda investigación histórica y temática. Yerby ha escrito infinidad de novelas, a un ritmo de una por año, a destacar The Vixen, 1947 (Pasiones humanas), Pride's Castle, 1949 (La promesa rota), The Saracen Blade, 1952 (La espada sarracena), The Devil's Laughter, 1953 (La risa del diablo), Jarret's jade, 1959 (La verde mansión de los Jarret), An Odor of Sanctity. A Novel of Medieval Moorish Spain, 1965 (Olor de santidad), Speak Now, 1969 (Mayo fue el fin del mundo), The Dahomean, l971 (Negros son los dioses de mi Africa), The Voyage Unplanned, 1974 (Viaje sin planear), Tobias and the Angel, 1975 (Tobías y el ángel), A Rose for Ana Maria, 1976 (por traducir al castellano), Hail the Conquering Hero, 1978 (Embajador en el infierno verde), A Darkness at Ingraham's Crest, 1978 (Mis dioses han muerto en Mississipi) y, la más reciente, a punto de salir en 1983, La semilla del diablo.

     Por feroces que sean las acusaciones de banalidad que se le hacen, lo cierto es que sus libros resultan apasionantes. Si le falta mordiente a su crítica social, su prosa es extremadamente vigorosa. Los protagonistas son patricios, terratenientes, aventureros, miembros de familias enraizadas o que crean su propia estirpe. La extraordinaria documentación que exhibe el autor le obliga en ocasiones a salir al paso con notas marginales. Espero -dice en La espada sarracena- que se me perdone usar estos hechos históricos en servicio de la trama. Raramente los hechos se organizan fortuitamente así. El amor es irreal, vigoroso, a la vez permanente e inestable; las parejas se enamoran súbitamente. Cuando habla de los negros lo hace en frío; raras veces se atreve a dar su opinión: Esas cuestiones, y otras parecidas, deberían andar en manos de sociólogos, reformistas y predicadores.

 

PREGUNTA.- Entiendo, por lo que me ha costado encontrarle, que Vd. tiene cierta alergia a celebrar entrevistas.

YERBY.- No, no, no. Bajo mi punto de vista, lo único que importa de un escritor no es su vida, sino sus obras. Es un error conocer determinados aspectos de la vida de las personas. Mire Vd., siempre he sido un gran aficionado a la música de Cole Porter -es algo extraordinario-. Hace un año cayó en mis manos una biografía suya, y cuando entró en detalles de su vida, detalles escabrosos como el de su homosexualidad, desde ese mismo momento algunas de sus canciones han perdido su encanto. Tal vez haya un poco de intolerancia por mi parte, pero el hecho queda ahí.

PREGUNTA.- Sin ánimo de tocar a fondo el tema racial, me llama la atención que en una de sus mejores novelas, Negros son los dioses de mi Africa, todos los personajes sean de color.

YERBY.- Mire, el énfasis racial lo encuentro totalmente fuera de sitio, por varias razones. En primer lugar, la definición norteamericana de raza es la cosa más ridícula que pueda echarse uno a la cara. Acabo de recibir una carta de una profesora californiana en la que se muestra furiosa conmigo porque, según ella, no he tenido agallas para luchar por los derechos de los negros. ¿Sabe qué le he respondido? Lo mismo que a Vd.: el concepto de raza me deja indiferente. Casualmente, uno de los grandes defensores de los derechos civiles en Estados Unidos ha sido un hombre alto, rubio y de ojos azules llamado White.

PREGUNTA.- ¿Se refiere a Walter White, uno de los delegados del National Negro Congress de 1937?

YERBY.- El mismo. En Estados Unidos se ha dicho que White era negro -vaya juego de palabras-, pero era un perfecto sueco.

PREGUNTA.- Algo parecido ocurre con William Styron, el autor de Las confesiones de Nat Turner, que, siendo blanco, se ha hecho famoso por un libro cuyo protagonista es un activista negro. ¿O no?

YERBY.- Ah, eso es lo que más me ha molestado en los últimos tiempos. Hace un año me puse a escribir una novela sobre la vida de Nat Turner -mi agente hizo lo posible por conseguirme un contrato-. Le diré algo que va a sorprenderle: en este mundo se pueden hacer muchas cosas; pero lo que no se debe hacer de ningún modo es lo que Styron -mentir, falsificar datos y no conocer la historia-. No tiene ni idea de lo que ocurrió con Nat Turner. Recientemente ha publicado otra novela, Sophie's Choice (La decisión de Sofía), que se ha divulgado gracias a la película, en la que Styron pinta a los judíos como idiotas. Styron es muy sutil en sus ataques; Styron es un nazi, un fascista, de eso no me cabe la menor duda. Manipula a sus personajes con el mayor descaro; siempre hace igual. Volviendo al caso de Nat; Nat Turner estaba chiflado, pero era un valiente, todo un hombre. Estuvo casado con una muchacha llamada Cindy, Cintia, y tuvo tres hijos. Pero eso no le importaba a Styron. Styron le ha hecho homosexual, moldeándole tal vez a la medida de Jim Crow y restándole valor; ha hecho de Nat un hombre que no conocía a las mujeres, y que se pasaba la vida masturbándose cuando veía cruzar a una rubia por delante. Ha sido el acto de destrucción de la reputación de un hombre más sutil de toda la historia de la literatura.

PREGUNTA.- A qué obedece, entonces, su éxito de crítica, salvo la de los negros?

YERBY.- Nadie niega que los críticos le aplauden; pero hay cosas que uno aprende muy pronto: los críticos siempre alaban a una persona que escribe como ellos habrían escrito si supiesen hacerlo. En Italia se dice que nadie puede escribir si antes no paga su peso en oro. Ojo cuando la gente habla demasiado bien....

PREGUNTA.- Hay algunos aspectos de su vida, Sr. Yerby, que me gustaría ver de cerca. Vd. estudió en Fisk Universlty. ¿Todavía conserva su tesis de licenciatura?

YERBY.- No me acuerdo muy bien de eso; ha pasado tanto tiempo.... Creo que hice un estudio sobre el teatro del siglo XIX. No me queda copia. Casualmente hice una visita a Fisk en 1977, donde se me nombró Doctor Honoris Causa. No se me ocurrió.... La verdad es que quien se interese por mi obra tiene que acudir a la Universidad de Boston, donde guardan toda la colección de mis manuscritos.

PREGUNTA.- En 1939 fue acogido en el Federal Writers Project de Chicago, en la W.P.A. (Works Progress Administration) -proyecto creado para ocupar a escritores y artistas-.

YERBY.- Entonces estuve con Nelson Algren, Frank Marshall y algunos otros.

PREGUNTA.- ¿Paul Green? ¿Richard Wright?

YERBY.- Sí, también, creo que también. Pero yo estudiaba en la universidad de Chicago y trabajaba a la vez, así que no me quedaba mucho tiempo para hacer contactos sociales.

PREGUNTA.- En aquella misma época Vd. se introdujo en un grupo semiclandestino para conseguir ciertos datos que necesitaba....

YERBY.- Efectivamente, una sección de la W.P.A. estaba haciendo un estudio de varios cultos religiosos. Así que me pasé nueve meses con ellos, infiltrado como lo haría hoy uno de la C.I.A., y trabé amistad con aquellos musulmanes negros.

PREGUNTA.- ¿No recuerda el nombre del grupo?

YERBY.- No, pero debía ser una rama de esta organización que luego se haría tristemente famosa. Conocí a no sé cuántos Mohamed I y Mohamed II.

PREGUNTA.- También fue profesor en dos o tres universidades. ¿Echa en falta la enseñanza?

YERBY.- Me gustaba mucho, sí. Tuve problemas con algunos profesores porque, como las asignaturas eran optativas, los estudiantes se venían a mis clases y los otros se quedaban solos. Me lo pasé muy bien, pero no lamento haberlo dejado; uno pone en ello toda su alma y su talento, con tan pobres resultados....

PREGUNTA.- Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para la Ford Motor Company, en la sección de laminación. En una de sus novelas hace alusión....

YERBY.- Sí, en Gillian.

PREGUNTA.- En Gillian narra Vd...

YERBY.- Antes que en Gillian lo hice en otra que, afortunadamente, no ha sido publicada. Sí, allí he descrito el ambiente del laboratorio de pruebas de resistencia de los metales. Aquello era un infierno. Nunca se me olvidará una noche que pasé con una manguera tratando de enfriar un charco de hierro fundido que se había derramado accidentalmente. A veces salía con las manos sangrando y el pelo chamuscado.

PREGUNTA.- Luego trabajó para la Hanger Aircraft Co., de donde procede, supongo, su afición a la electrónica.

YERBY.- Ah, sí. Aunque se manejaban máquinas rudimentarias, recuerdo que seleccionaba minuciosamente el instrumental; elementos muy sofisticados que podrían servir perfectamente para un coche, se desechaban de los aviones. Allí nació mi interés por la electrónica. Mi casa está llena de artefactos diseñados por mí. Un día le dije a mi mujer que pensaba montar una radio y se me echó a reír -ella siempre se está riendo de mí-. Conque hice una radio de galena, y ahí tiene Vd. a mi esposa con la radio pegada a la oreja sin parar, durante dos semanas. Ahora tengo cinco radios de mi propio cacumen, pero no son radios convencionales, de las que se encuentran en la tienda; son bastante sencillas, pero funcionan.

PREGUNTA.- Después se fue a Francia, como tantos otros exiliados norteamericanos.

YERBY.- Bueno, a esos los llamo yo expatriados, puesto que se fueron voluntariamente. Yo fui de turista, y después de divorciarme pensé que podía quedarme allí. Pero voy a contarle una anécdota. En el 51, en un crucero a España, y de trescientos setenta y tantos pasajeros, yo fui el último en recibir el visado de entrada porque era escritor. Me dijeron que el gobierno franquista había estado hurgando a fondo. ¿Qué otra cosa podía hacer un régimen que tenía como lema Abajo la inteligencia, viva la muerte?

PREGUNTA.- Mientras vivió en Francia ¿participó en los círculos literarios?

YERBY.- ¿Círculos...? ¡La Virgen! Mire Vd., la única persona con la que me reunía deliberadamente era Richard Wright, a quien admiraba, y sigo admirando, como persona y como escritor. Qué pena que muriera tan joven. Lo cierto es que estoy totalmente en contra de las tertulias de café, donde se habla de literatura hasta el aburrimiento. Valdría más que se quedaran todos en sus casas a escribir. Además, creo que es muy poco prudente juntarse con otros escritores; los escritores no son personas; pregúntele a mi mujer y verá lo que le dice de mí: que soy el bicho más raro que existe en el orbe.

PREGUNTA.- Eso dicen exactamente todas las esposas de sus maridos....

YERBY.- Creo que lleva razón, je, je, je. Pero ¿de qué hablábamos?

PREGUNTA.- Hablábamos de los círculos de escritores. Por citar a un compatriota suyo, H.L. Mencken....

YERBY.- Me encanta ese hombre; era un iconoclasta....

PREGUNTA.- ... decía Mencken que la tarea de escribir es una labor en solitario.

YERBY.- ¡Pues claro! Estoy convencido de que las tertulias son nefastas; eso diluye la inteligencia del escritor, la originalidad de ser él mismo; recibe influencias perniciosas para su labor creadora. El escritor, en cierto modo, tiene que ser monje, tiene que vivir como un ermitaño. Mi mujer dice que ni siquiera deberían casarse.

PREGUNTA.- Son legión los escritores que utilizan las drogas y el alcohol como una patadita en el culo para seguir caminando. William Burroughs ha probado de todo, hasta mescalina.

YERBY.- Pues yo prefiero el sexo. Lástima que las chicas no cooperen demasiado.

PREGUNTA.- No será Vd. el primero en obsesionarse por el sexo....

YERBY.- Ah, no; nunca me ha obsesionado. Ojalá hubiera sido así.

PREGUNTA.- En otro lugar dijo Mencken que los escritores suelen ser algo hipocondríacos: Raro es el tipo que no se atiborra de medicinas o que no recurre al bisturí. 

YERBY.-El escritor se pasa las horas rellenando folios con la enorme pretensión de que se los lean e incluso le paguen por ello. He conocido personalmente a muchos escritores; he leído las biografias de muchísimos más, y he llegado a la conclusión de que esta profesión, ya se lo dije antes, le está vedada a la gente racional. Una condición sine qua non para ser escritor es estar chiflado. Que se manifieste en forma de hipocondría, en forma de megalomanía, lo ignoro. Pero todos, yo incluido, están locos de remate.

PREGUNTA.- Citaré de nuevo a Mencken: Casi ningún novelista sabe hacer poesía, y muy pocos poetas sienten la belleza de la prosa. ¿Qué es usted realmente?

YERBY.- ¿Eso va por mí? Sinceramente, nunca he dejado de escribir poesía. Mi novela Viaje sin planear está llena de poesías que yo mismo he escrito. Lo que no he intentado en muchos años es publicarlas por separado, porque, desgraciadamente, de niño cogí un vicio tremendo, el vicio de comer tres veces al día, algo que tienen que olvidar los poetas.

PREGUNTA.- Tras la publicación de The Foxes of Harrow (Mientras la ciudad duerme), dejó de tener problemas económicos... 

YERBY.- Oiga, ¿quiere que le cuente una historia real sobre ese libro? Por aquel entonces vivía en Detroit (Michigan) Acababa de ganar el Premio O'Henry Memorial por mi re lato Health card, y en seguida me llovieron ofertas para publicar una novela. Recuerdo haberle dicho a mi primera mujer: Cuando termine la guerra, cerrará la fábrica Ford y vamos a pasar más hambre que los chinos. ¿Sabes qué podríamos hacer? Seguir el consejo de Mencken, que nadie se ha arruinado subestimando el gusto del lector norteamericano. Ahora mismo voy a ponerme a escribir la novela más detestable de la historia literaria del mundo, tan apestosa que tendré que taparme las narices con algodón para no aguantar el olor de lo que escriba. Esa novela fue The Foxes of Harrow. Y dicho esto, en honor a la verdad, no me salió tan mal como me proponía; en los primeros seis meses se vendieron más de un millón de ejemplares. No sé cuántos millones se habrán vendido hasta ahora; lo menos 10 o 12....

PREGUNTA.- A Orwell le hacía feliz saber que hablarían de él personas que nunca había conocido. ¿También para usted la vanidad es un factor importante?

YERBY.- La vanidad, en cierto modo, es necesaria; sin un poco de vanidad, te hundes; es una especie de salvavidas. Uno tiene que estar convencido del valor de lo que hace. Un hombre sin vanidad es una lechuga.

PREGUNTA.- Desde que vive en España, ¿qué ha hecho que pueda interesar a los españoles? ¿Qué ha hecho para interesarse por el país?

YERBY.- ¡Eso! (dando un puñetazo imaginario sobre la mesa, donde está su novela A Rose for Ana Maria) ¡Y eso! (señalando An Odor of Sanctity), una novela sobre el post-franquismo, y otra que ha sido calificada como una de las mejores novelas escritas sobre España, cosa que ignoran los españoles.

PREGUNTA.- Luego hablaremos de ella. Por cierto ¿sabe que en la biblioteca del Centro Cultural de los Estados Unidos en Madrid no disponen de una sola obra suya? ¿Y que no resulta fácil encontrarlas en las librerías?

YERBY.- El lector español no debería tener dificultad; aquí ya se han publicado veintiocho. En cuanto al lector anglosajón, me importa un bledo lo que lea.

PREGUNTA.- ¿Lo dice en serio?

YERBY.- Totalmente.

PREGUNTA.- ¿Está escribiendo sus memorias?

YERBY.- Ni hablar. Para escribir memorias hace falta memoria, y yo soy el hombre más olvidadizo del mundo; que si hice esto en 1938, que si hice aquello.... Además, he dicho tantas mentiras en mi vida que ahora no me acuerdo de las verdades.

PREGUNTA.- De todas formas, a usted le repugna lo que Thornton Wilder llamaba repelente didactismo. Muchos escritores, aun siendo jóvenes, publican sus memorias porque creen tener algo que enseñar a sus lectores. 

YERBY.- Hay dos clases de escritores de memorias: los que mienten y los que se vanaglorian. Ahí están las Confesiones de Rousseau. Jean-Jacques Rousseau no hizo más que darse autobombo. Otro ejemplo: dudo que haya hombres en este mundo (incluyendo a Casanova) que tengan tanto éxito con las mujeres como dicen. El día en que yo lea unas memorias cuyo autor confiese que tal chica le arreó un sopapo, y que tal otra se largó con uno más alto y más guapo que él, o que, cuando llevó a su dama a bailar, la damita se puso a bailar con otro..., entonces me lo creeré. Nadie cuenta la verdad, la cruel y brutal realidad; y a mí tampoco me gusta hacerlo. Así que, en vez de mentir, me callo la boca.

PREGUNTA.- Pero usted ha escrito que la vida se extiende ante nosotros como un libro abierto, con las páginas en blanco, donde escribimos....

YERBY.- Está bien, no voy a negar que todos los escritores somos algo didácticos; es inevitable. Pero hay que saber cuándo se debe cerrar el pico.

PREGUNTA.- Vd. declaró a Contemporary Authors que escribe por necesidad vital, que jamás piensa en los beneficios. Con el corazón en la mano, dígame si alguna vez ha entregado a los editores un manuscrito sin estar seguro de hacer una buena inversión.

YERBY.- Mi novela sobre Nat Turner, rechaza da por tres editores (y no por su calidad, que es excelente: de las mejores novelas que he escrito), estaba seguro de que no podía ser un éxito. Otro ejemplo, Viaje sin planear (en realidad, le habría ido mejor otro titulo, Viaje imprevisto). Otra: Speak now (Mayo fue el fn del mundo). Y seguramente también A rose for Ana Maria, que, por cierto, tendré que ofrecer a otro editor, porque me gustaría que se tradujera al castellano; correcta o incorrectamente, da igual; las traducciones son siempre malas....

PREGUNTA.- Traduttore, traditore....

YERBY.- No, no, no, traidor de ninguna manera; no lo hacen deliberadamente.

PREGUNTA.- Le ayuda su esposa en la revisión de las galeradas?

YERBY.- A veces. Cuando encuentro algo que no puedo corregir yo, acudo a ella, la cojo por la nuca y ¡hale! A ella le revienta traducir. Dice que es el peor trabajo que existe.

PREGUNTA.- El nivel de aceptación popular de sus obras es muy elevado; lo prueban esos 60 millones de lectores. Sin embargo, las críticas severas proceden del ámbito universitario. En algunas historias de la literatura norteamericana ni siquiera figura su nombre. ¿Cree que habría que modificar de alguna forma el criterio de evaluación de una obra literaria? Quién debe dictar la norma? ¿El crítico literario? ¿El profesor universitario? ¿El número de lectores?

YERBY.- Toda obra funciona a tres o cuatro niveles simultáneamente. Voy a ponerle un ejemplo perfecto: William Shakespeare. Aquel hombre era capaz de tener de pie, escuchándole durante tres horas seguidas, a auténticos analfabetos, gente sucia, piojosa, harapienta. Lo que ocurrió con el crítico de ABC al revisar mi novela Olor de santidad, es digno de mención. Aquel señor se enfureció consigo mismo porque le gustó el libro (hecho que podía costarle el carné de intelectual). Hay que admitir que esa novela es excelente, pero ¿sabe por qué le gustó? Porque él mismo había escrito tres novelas. Ahí está la clave. El 97% de los críticos no tienen ni idea de lo que es una novela, porque nunca se han puesto a escribir una. Pero, claro, uno tropieza con el típico poseur intelectual, que determina que tal novelista es un fuera de serie, y luego resulta que es un don nadie, que ni es escritor ni es nada. Hace falta más rigor y más honradez.

PREGUNTA.- Permítame que insista en la cuestión racial.

YERBY.- Pues vayamos al grano de una vez. Una de las razones por las que nunca he intervenido en la polémica racial y social es porque creo que la vida es justa, muy justa. Un hombre, una raza y una nación reciben exactamente lo que se merecen -Yerby balbucea, visiblemente alterado-. A veces pensamos en la moralidad de las cosas, y yo no digo que eso esté mal, pero... si tú eres la paloma y te mata un halcón, la vida es injusta; pero si es el halcón el que tiene la barriga llena, ah, la vida es muy justa. En este mundo se mata para vivir, aunque sólo el hombre lo haga con crueldad. Y aquí estamos nosotros juzgando la vida con una visión idealista, utópica. En otra ocasión dije algo que no sentó bien: que la justicia social es un lujo que ningún país del mundo se puede permitir. No digo que no deba intentarse, sino que es un objetivo inalcanzable. Siempre he andado a la greña con gente como ese idiota que se hace llamar por otro nombre....

PREGUNTA.- ¿LeRoi Jones (“Imamu Amiri Baraka”)?

YERBY.- ¿Cómo se puede llegar a un grado de ignorancia tan supina para hacer una cosa así? En la historia universal, ninguna raza se ha mostrado tan feroz en sus relaciones con los demás como los árabes; y cuando un negro cambia de nombre y adopta otro en el idioma de la raza que con más crueldad ha tratado a los negros es porque es un maldito ignorante. Ese tipo no sabe que Arabia Saudí abolió la esclavitud en 1967; pero, si quieres comprarte un negro, vete a Arabia, que aún llegas a tiempo. Estoy harto de este asunto. ¡La de falsedades que genera la ignorancia!

PREGUNTA.- ¿Siguió usted el furor de Roots (Raíces), de Alex Haley? 

YERBY.- No he leído ese libro, porque a Haley le fallan las matemáticas. Le diré por qué. Tenemos dos padres, ¿eh?, y cuatro abuelos, ocho bisabuelos, 16 tatarabuelos, 32... ¿cómo se dice? En fin, así ad infinitum. Las ramas de su árbol genealógico son una manifiesta imposibilidad.

PREGUNTA.- - Disculpe un momento. Vd. escribió The Dahomean (Negros son los dioses de mi Africa) antes de que saliera Roots...

YERBY.- Siete años antes.

PREGUNTA.- Y en enero de 1978 escribió el prólogo de A Darkness at Ingraham's Crest (Mis dioses han muerto en Misisipí). Al parecer, Vd. y Haley estaban haciendo un trabajo paralelo. The Dahomean es un intento de reflejar la vida de unos personajes en Africa, para luego trasladarlos a Estados Unidos, con el resultado de A Darkness at Ingraham's Crest ....

YERBY.- Exacto.

PREGUNTA.- ... que es precisamente lo que hizo Haley con Roots...

YERBY.- ... pero con personajes de su propia familia y que él dice que son históricos. Esto me recuerda un chiste muy malo, de una niña que le dice a su abuela: Abuelita, cuéntame un cuento.... -  Pero hija, ¿qué cuento quieres que te cuente? ¿Caperucita Roja? ¿Blancanieves? - No, abuelita, cuéntame el cuento de cuan do eras una puta en Chicago. Este chiste se lo suelto a quienes se vanaglorian de sus antepasados. ¿Quién se acuerda del borracho, del jugador? Nadie; sólo del hombre famoso. Uno de mis antepasados era un marqués francés, un perfecto sinvergüenza que tuvo que largarse de casa porque le echaron. Emigró a Haití, y cuando estalló la revolución de los negros se fue a vivir a Nueva Orleáns. Mis tíos aún guardaban su retrato, y yo les decía que, posiblemente, otro de mis antepasados debió ser la cocinera de este señor, que llegó a Estados Unidos con 25 hijos de varios colores.

PREGUNTA.- Ese tal Amiri Baraka dijo de usted hace unos años...

YERBY.- ¡Pero si ese hombre no existe! ¿Quien es ese individuo?

PREGUNTA.-... declaró, hablando de usted, que cada una de sus obras bien se merece una erección por lo menos. Y, efectivamente, el contenido erótico de sus novelas es cada vez más elevado. 

YERBY.- Durante años he discutido con mis editores sobre si el erotismo literario, si el con tenido sexual vende libros o no. No lo sé. Yo procuro no traerlo nunca de los pelos. Pero ahí tiene usted a los cditores, que quieren más, y más Por ejemplo, la novela que va a publicar Doubleday, La semilla del diablo, la escribí de rabia por el rechazo de mi otra novela sobre Nat Turner. Así que les dije que les daría lo que quisieran. El resultado es una novela que dudo que tenga el gusto, o el disgusto, de releer antes de que pasen muchos años Y los editores están encantados con ella Sinceramente, no creo que el sexo venda libros. Hay tantos que se venden sin este elemento... Los editores son como los periodistas del Washington Post; creen saber lo que no saben. 

PREGUNTA. En The Saracen Blade (La Espada sarracena) hay una admirable extrapolación del pensamiento real medieval al siglo XX. Habrá que iniciar, dice más o menos Federico II de Sicilia, la expansión de la sociedad a costa del feudalismo, sacándola de sus clases independientes, puesto que los males del nacionalismo acaban sobreponiéndose a sus beneficios. ¿Qué piensa Vd. ahora respecto de los nacionalismos existentes -ramalazos nacionalistas en Europa, en el mundo árabe, entre las minorías raciales norteamericanas?

YERBY.- Que son siempre regresivos. Está por venir el día en que la gente sea lo bastante inteligente como para organizar el mundo sobre una base menos accidental que las fronteras geográficas o los idiomas. Antes, en Europa sólo se hablaba latín; y, cuando el Imperio romano se desintegró en mil pedazos, de pura ignorancia nacieron las lenguas románicas. Eso mismo está ocurriendo ahora en Hispanoamérica.

PREGUNTA.- Tengo la impresión, al leer sus obras, de que usted revela la imposibilidad de la igualdad entre los sexos, atribuyendo a cada uno el papel que le corresponde ¿Estoy equivocado? 

YERBY.- Está usted en lo cierto....

PREGUNTA.- ... ahora que no nos oyen las mujeres....

YERBY.- Ah, no; que nos oigan; la mía también (ella y yo reiniciamos la guerra del 98 el día de nuestra boda. Siempre gana ella, claro). La cuestión es que la mujer y el hombre son dos animales distintos condenados a vivir juntos. Ni el uno ni la otra es más inteligente; tienen una inteligencia diferente. La mujer es más intuitiva. Hay cosas que la mujer hace muchísimo mejor que el hombre, y otras que no. A la mayoría de las mujeres no se les puede pedir que sean lógicas, porque saben en sus entrañas que la lógica no funciona, que la raza humana es ilógica. Mis respetos para las señoras, pero eso es lo que pienso. Y diré también. como aquel alumno de francés: ¡Vive la difference!

PREGUNTA.- Su obra no encaja en ninguna de las corrientes literarias del s. XX norteamericano.

YERBY.- Pero, ¿por qué tiene que ponerse el escritor una camisa de fuerza?

PREGUNTA.- - Hay en Vd. algunos elementos freudianos, como una urgente inclinación a la sexualidad del ser humano, e incluso existencialistas.

YERBY.- Mi propia filosofía está muy cerca del existencialismo, pero creo que la vida escapa a todas las filosofías; la vida escapa a todo, excepto la locura. Las guerras se hacen siempre por equivocación. La historia demuestra que la raza humana jamás se ha comportado racionalmente.

PREGUNTA.- Otro de los componentes existencialistas que hallo en su obra es que deja siempre solo al individuo ante la libertad de elección, ante el terrible dilema de elegir su camino.

YERBY.- Sí, eso creo; y creo también que cualquiera que sea su elección, será un desacierto.

PREGUNTA.- Es así como ha llegado al agnosticismo....

YERBY.- No, yo no soy agnóstico; soy totalmente ateo. Aquí estamos, en un montoncillo de polvo, en los confines del universo, sin la más remota posibilidad de comunicarnos con nadie. Para llegar a la estrella más cercana, a la galaxia más próxima, un hombre tendría que vivir 260 años viajando a la velocidad de la luz. Y como demuestra la segunda teoría de la relatividad de Einstein, un objeto que viaja a la velocidad de la luz se comprime casi hasta la nada. Y mira por dónde, hay quien cree que Dios envió a una moza y a su marido a recorrer a lomos de un borrico las calles de un pueblo miserable -vaya pueblucho, allí he estado un par de veces-, y luego tuvo que haber un censo, y cuando el niño en cuestión tenía trece o catorce años.... Realmente tuvo que ser un milagro muy gordo. Es que la gente tiene tan desarrollado el sentido del humor....

PREGUNTA.- No sé qué ha querido Vd. decir con eso. De todas formas, Vd. se ha declarado agnóstico por los cuatro costados; acabo de leerlo en Contemporary Authors. ¿En qué quedamos?

YERBY.- Yo nunca he sido verdaderamente agnóstico. Soy una persona relativa mente dogmática. Ya sé que va a decirme que quien no cree en nada es, en el fondo, un hombre que cree, pero ¿qué importa lo que yo crea? Mi filosofía básica es que todos tenemos al menos el derecho a dudar- Y que los que creen matan.

PREGUNTA.- También ha manifestado que el escritor no tiene ningún derecho a imponer al lector sus ideas personales sobre la política, la religión o la raza.

YERBY.- Imponer.... Mire, en mil novecientos y pico se lanzó al mercado un coche con seis ruedas; pero la gente no compra seis ruedas.

PREGUNTA.- Vd. subtituló The Old Gods Laugh  “A Modern Romance”, y Speak Now “A Modern Novel”. ¿Qué pretendía aclarar?

YERBY.- La mejor explicación habría que darla con las dos novelas en la mano. Speak Now  (Mayo fue el fin del mundo) camina estrictamente en los límites de la novela, mientras que The Old Gods Laugh (La risa de los viejos dioses), que situó en un país imaginario latinoamericano, siendo más o menos realista, contiene elementos románticos. Por romántico entiendo que la vida normalmente no funciona así, que esas cosas nunca las hace nadie.

PREGUNTA.- -- Lo que acaba de decirme se halla en clara contradicción con la idea que yo tenía de sus convicciones románticas.

YERBY.- Detesto la visión romántica, odio todo lo que huela a falso. El romanticismo debería estar prohibido por ley. Es como aquel hombre que, después de montar un burdel en Hong Kong, iba diciendo: Hay muchas razones para hacer el amor, incluyendo el dinero. Sólo la raza rubia, los nórdicos, son románticos. El latino es mucho más realista; ha tenido siempre tan mala suerte que no ha aprendido otra cosa que aguantarse. Entre los latinos, la gente se casa por muy buenas razones, como el dinero, y alguna otra mejor. Algunos de los problemas que surgen en el matrimonio se deben a que nadie enseña a las chicas (los chicos lo aprenden luego por sí solos) que ningún amor dura; que el amor no resiste a la fricción y al desgaste del tiempo; que prometer que vas a adorar a un hombre para toda la vida es una ridiculez. Soportarle, sí que es posible; resignarse, también; pero lo otro....

PREGUNTA.- De joven uno busca el placer físico antes que otras cosas.

YERBY.- Lo busca, pero no lo encuentra, como no sea a cambio de unas cuantas bofetadas.

PREGUNTA.- ¿Qué ha leído que valga la pena?

YERBY.- Hamlet. Prácticamente todo Shakespeare. Y después los grandes clásicos griegos. Si no fuera por esas traducciones tan malas.... Hace unos años me puse a aprender griego para hacer una traducción de Eurípides como Dios manda. Lo que más me gusta de los griegos es su idea de que la vida, en el fondo, es irracional y sin esperanza. Su religión es la única verosímil; en el Olimpo había una colección de granujas.... Después de lo de Auschwitz y Hiroshima, ¿quién puede creer en un Dios bondadoso?

PREGUNTA.- Hubo en el siglo XIX un hombre llamado William Morgan, que desapareció tras revelar los secretos de la Francmasonería. Se acusó a los masones de haberle eliminado. Durante algún tiempo esta sociedad fue proscrita en varios estados de Norteamérica. ¿Nunca le ha interesado el tema?

YERBY.- La Masonería nunca me ha interesado. Casualmente, uno de mis mejores amigos de Madrid es Antonio Villar Massó.

PREGUNTA.- ¿El Gran Maestre del Oriente Español es amigo de Vd.?

YERBY.- Mi mejor amigo. Pero nunca hemos hablado ni una palabra de eso. Hay cosas que.... Mire, tengo un sobrino -que me cae muy bien- que anda muy metido en esto del yoga, y cuando nos vemos le digo: Pues anda, que no le estás sacando pocos cuartos.... Nunca me he atrevido a preguntarle si cree en eso; pero si me respondiera que sí, me llevaría una gran decepción.

PREGUNTA.- ¿No le parece que la historia siempre ha sido manipulada?

YERBY.- No ha sido manipulada tanto en los datos como en las interpretaciones. En lo que sí creo con toda mi alma es en la Leyenda Negra de todos los países. Hablo en serio. Creo que las opiniones de una mujer divorciada, las de un racista, las de un anticlerical, etc., son más exactas que las de aquellos que creen hallarse en la línea del equilibrio perfecto. Si hay algo en lo que no creo es en la culpabilidad de la víctima. Cuando los judíos dejaron de ser víctimas, el mundo aprendió a respetarlos.

PREGUNTA.- ¿Tiene eso que ver con Byron, que convierte a Caín en víctima, y a Abel le hace culpable?

YERBY.- Es difícil seguir la filosofía de un hombre tan poco corriente como Byron; tenía una forma de ser tan... aparte.... Era una de esas personas que dudan de su propia masculinidad. Las relaciones incestuosas con su hermana Augusta... ¿Se acuerda de Lady Caroline Lamb, que hizo la gracia de cortarse un mechón de pelo del pubis para enviárselo? Byron se vio rodeado de extravagancias.

PREGUNTA.- Dice un proverbio judío que no bastan diez sabios para recoger una piedra que arroje un tonto al agua. ¿Cree usted que hay muchos tontos tirando piedras?

YERBY.- Yo creo que hay muchos sabios tirando piedras y muchos tontos recogiéndolas. Y ¿quién puede distinguir a un sabio de un tonto?

PREGUNTA.- - Eso es muy ingenioso.

YERBY.- Ah, no; eso no es ingenioso, es la pura verdad. Mire, he conocido a muchos sabios y a muchos intelectuales, y muy raras veces los intelectuales son inteligentes. Los intelectuales son como esponjas; absorben datos, pero les falta capacidad de análisis, les falta criterio.

PREGUNTA.- ¿Cómo se recibió en España An Odor of Sanctity? (Olor de santidad).

YERBY.- Un profesor, creo que de la universidad de Salamanca, dijo que era una de las mejores novelas sobre la España musulmana que había leído en su vida -y ese señor conoce el tema, ¿eh?-. En Estados Unidos no es que haya sido valorada severamente, sino más bien ignorada. ¿Sabe por qué? Porque los críticos norteamericanos no tienen ni idea del tema. En cambio, en España, donde sí se conoce, todos los comentarlos, sin excepción, han sido excelentes.

PREGUNTA.- Cuál es la razón que mueve a tantas personas, de todas las condiciones y países, a leer sus novelas?

YERBY.- He logrado tocar el fondo de las cosas, el factor humano, que no tiene fronteras. Mi obra rebasa las estrecheces nacionalistas. Recibo cartas de incontables países. Le diré, sin una gota de vanidad, que he escrito cosas muy buenas; por ejemplo, A Rose for Ana Maria es una de mis mejores novelas, que Pepe Lara se niega a publicar porque abordo el problema del terrorismo en España.

PREGUNTA.- Acaso ha recibido presiones para no publicarla?

YERBY.- No, Planeta la rechazó por su propia inclinación política, que yo respeto pero no comparto. En realidad, soy enemigo de los extremos. El otro día vi algo que me dolió en lo más profundo. Me hallaba en el supermercado, haciendo las compras de Navidad, y encontré una postal que representaba a un Charlie  -soldado norteamericano- crucificado sobre una cruz hecha con la bandera de Estados Unidos. Bien; han muerto muchos soldados; mi propio hijo luchó en aquella odiosa guerra de Vietnam, pero también me hubiese gustado ver otra postal al lado, con otro soldado crucificado sobre la hoz y el martillo.

PREGUNTA.- Esclavizar a un semejante es un acto de maldad absoluta, escribió Vd. en Mis dioses han muerto en Misisipí, refiriéndose a la esclavitud durante el Nazismo y en América. ¿Han cambiado mucho las cosas por ahí?

YERBY.- Uno de los problemas de la sociedad moderna es cómo combinar y hacer funcionar juntas la democracia y la excelencia. Si se concibe la democracia como contar narices y no cerebros, entonces adiós. En política se hace mucha demagogia, se hacen promesas imposibles de cumplir. Ni siquiera el estado mamut puede garantizar que un hombre no muera de hambre. Cruel, ¿no? Hay manifestaciones de gente por la calle, personas que creen que el contribuyente está obligado a mantener industrias ruinosas.... Cuando un hombre no puede ser estadista, sino político, apañado está. Esa es la debilidad de la democracia. Pero, insisto, la democracia, como dijo Churchill, es el peor sistema de gobierno con excepción de todos los demás.

PREGUNTA.- Vd. afirmó que el escepticismo es la base de la mente civilizada. ¿Cuáles son esas pocas cosas en que cree?

YERBY.- Eso es difícil de contestar. Todo cambia constantemente, todo se va depurando y reduciendo paulatinamente con el tiempo. Cuando tenía 17 años creía en muchas cosas; cuando tenía 22, en menos....

PREGUNTA.- Decía el filósofo que si en veinte años uno no ha cambiado de opinión, es que no ha estado pensando.

YERBY.- Sí, es parecido al chiste de que un hombre que no sea socialista a los 20 años no tiene corazón, y si es socialista a los 45 no tiene cabeza. Una verdad como un templo.

PREGUNTA.- - Señor Yerby, ¡no habrá Vd. votado por Ronald Reagan!

YERBY.- ¡Dios nos libre del Sr. Reagan!

 

(Entrevista fue publicada en El País Semanal,  Madrid, domingo 12 de agosto 1984, págs. 8-12)  

 

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