ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Gran Bretaña

 

     Se halla muy extendido el error de equivalencia entre lo que se llama Gran Bretaña, Reino Unido de Gran Bretaña, Inglaterra e Islas Británicas. Gran Bretaña es la mayor de las Islas Británicas, entre las cuales se suele incluir a Irlanda. El Reino Unido de Gran Bretaña comprende Irlanda del Norte, o Ulster. Su nombre completo es “Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte”. Inglaterra es uno de los tres países o regiones que constituyen Gran Bretaña, siendo los otros dos Escocia y Gales. La expresión “Reino Unido” hace referencia a la unión de los reinos de Inglaterra y Escocia en 1606. Commonwealth fue el nombre de la república que existió allí de 1649 a 1653. Luego, en virtud de la expansión colonial de la metrópoli, se dio esa misma denominación a la asociación de 49 países que habían estado o siguen estando bajo el imperio de la corona, cuya cabeza visible es el rey o la reina de Inglaterra.

     Inglaterra y otros países anglófonos siempre han consumido una buena dosis de jingoísmo, esa clase de patrioterismo exaltado que invoca la superioridad del país propio e impulsa la agresión contra terceros. Durante la “guerra del fletán” de 1995 entre España y Canadá, no faltaron los argumentos en los diarios ingleses, sobre todo los tabloides como el Daily Mail, recordando el intento de invasión de la Armada española en tiempos de Francis Drake: “Los canadienses”, dijeron, “son nuestros primos; tenemos lazos de sangre y compartimos la historia, la lengua y la raza. Nuestras tradiciones, sistema legal, pesos y medidas, características nacionales y religión son casi idénticas. La Constitución de Canadá se basa en la Carta Británico-Norteamericana de 1867. La reina de Canadá vive aquí en Londres. La soberana de Canadá es la reina Isabel II.” Como contraste, los ingleses nada tienen en común con los españoles: “ni lazos de sangre, ni historia compartida, ni lengua ni raza. Los españoles descienden de los íberos, que llegaron de África del Norte.”

     Pocas naciones como Inglaterra han logrado retener vínculos firmes con sus antiguas posesiones o con sus aliados. La Pax Britannica caracterizó la época victoriana, durante la cual Londres se convirtió en el centro financiero del mundo. Los hombres de negocios británicos se hicieron conocer en Latinoamérica por su honestidad profesional, dando origen a la expresión “palabra inglesa” que finalizaba cada contrato. A mediados del siglo XIX, al término de la guerra franco-prusiana, Thomas Cook sentó las bases del turismo organizado enviando a París a un grupo de francmasones. En 1918 se fundó la ESU (English-speaking Union) para fortalecer las relaciones entre países anglófonos.

     El carácter anglosajón se ha glorificado, acaso debido a la agresiva política exterior de sus gobiernos y, a la vez, al espíritu de tolerancia que ha sabido imprimir a sus actos colectivos. Sin embargo, son muchos los intelectuales que tratan de desmitificar este talante. El periodista radical germano-americano H.L. Mencken se negó a reconocer a “esta raza híbrida, mezcla de sangre teutona y celta cuyos residuos se extienden por el sur de Estados Unidos,” una estirpe “cobarde, susceptible de temores y alarmas, incapaz de entrar en guerra sin buscar aliados e incapaz también de crear una auténtica civilización” ("On being American", Prejudices: Third Series, 1919-27). Cuando Guillermo III de Orange se convirtió en rey consorte, tras la “Gloriosa Revolución” de 1688, no fue muy bien acogido por su origen holandés y por haberse rodeado de asesores de su misma nacionalidad. John Tutchin, colaborador de la revista The Gentleman’s Journal (1692-94), escribió un famoso panfleto titulado The Foreigners (Los extranjeros), al que respondió Daniel Defoe (True-Born Englishman, 1701) dando por buena la situación y recordando el mestizaje que caracteriza al pueblo inglés:

                                        Your Roman-Saxon-Danish-Norman-English...

                                        A True Born Englishman’s a contradiction!

                                        In speech an irony, in fact a fiction!...

                                        A metaphor invented to express

                                        A man akin to all the universe!

 

                                        [Su lenguaje Romano-Sajón-Danés-Normando-Inglés ...

                                        Un Auténtico Nacido Inglés es una contradicción
                                        Una ironía del habla, una auténctica ficción!...

                                        Una metáfora inventada para describir

                                        A un hombre semejante a todo el universo!]

     El rey medieval Alfredo el Grande (siglo IX) se empeñó en que los monjes de su época, y cuantos aspirasen a ocupar un cargo, aprendiesen el latín -la única lengua literaria de su tiempo-. Él mismo se convirtió en traductor para ofrecer a sus súbditos las obras clásicas, siguiendo la senda de anteriores obras escritas en lengua vernácula, como el poema épico Beowulf (s. VIII), que describía las leyendas de la tierra madre de los ingleses -Escandinavia, o vagina nationum, como la denominó en el s. VI el historiador Jordanes- y dejando como herencia los anales conocidos como Crónica Anglosajona (891).

     El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte tiene unos 60 millones de habitantes, más o menos como Francia, incluyendo una población no británica de bengalíes, chinos, españoles, filipinos, ghaneses, griegos, gujarati, guyaneses, hindúes, indios occidentales, iraníes, iraquíes, irlandeses, italianos, japoneses, kurdos, malayos, marroquíes, nigerianos, panjabis, sheltas, somalíes, tamiles, turcos, urdos, vietnamitas y yemeníes. La mayoría se expresan en inglés y muchos también en las respectivas lenguas de sus países de origen, aunque hayan nacido en Gran Bretaña. A ello se une la presencia de centenares de miles de estudiantes procedentes de todos los rincones del planeta que acuden cada año a aprender inglés.

     En Inglaterra, además de los distintos lenguajes de sordos, que todavía andan lejos de alcanzar un carácter universal para todo el país a causa de su enorme variación regional, se hablan otras trece lenguas adscritas al territorio del reino desde hace siglos y que se han visto afectadas por el transcurso del tiempo, las migraciones y el uso. Por ejemplo, el anglo-romaní, con quinientos años de historia y 90.000 hablantes en la actualidad, posee una estructura gramatical inglesa y un léxico étnico, a pesar de lo cual resulta ininteligible con las variantes romaní-valaco y romaní-galés. Relacionado con la población trashumante, aunque sin lazos con los gitanos, se halla el escocés errante -traveller Scottish- (4.000 hablantes), una variedad híbrida del alto romaní y el cant o shelta isabelino, lengua semi-secreta que se remonta al siglo XVI. El polari, aún por clasificar, es una jerga de comediantes y gente de circo. El francés lo hablan 14.000 residentes en las islas del Canal de la Mancha -un 11% de la población, la mayoría de edad avanzada-, siendo el inglés la lengua habitual.

     Escocia es una reserva lingüística del escocés, de la familia anglo-germánica. Pero también permanece vivo, aunque agonizante, el gaélico escocés, de la misma familia céltica que el gaélico irlandés, el córnico, el galés y el bretón francés. Hay unos 90.000 hablantes de gaélico escocés, distribuidos por Ross, las Hébridas y Skye. De todos ellos solamente son monolingües unas 500 personas; los demás utilizan indistintamente el gaélico y el inglés, aunque éste último va ganando terreno a pesar del esfuerzo del gobierno autónomo por promover aquél en la prensa, los medios audiovisuales y la educación. El gaélico irlandés se halla en situación parecida en Belfast, Fermanagh y Armagh. El caso del córnico es aún más dramático, pues, por falta de hablantes, desapareció como lengua materna en el último tercio del siglo XVIII. Hoy se piensa que aún la hablan unas 150 personas residentes en Cornualles y se está intentando revitalizarla a pesar de la descomunal presión del inglés. Algo parecido le ha ocurrido al manx, otra variante céltica que se hablaba en la isla de Man y que apenas se oye en boca de unos 200 o 300 hablantes. Respecto al galés, la otra lengua céltica que sobrevive en Gran Bretaña gracias al carácter profundamente nacionalista del pueblo galés, ha logrado superar la barrera de los 600.000 hablantes, de los cuales más de 30.000 son monolingües. El gobierno local y las universidades no cesan en su empeño de hacerlo extensivo a la educación, la prensa escrita y los medios de comunicación. Hay una página en la red electrónica dedicada a divulgar la gramática de la lengua galesa.

     El inglés, por último, es la lengua oficial del país y el idioma más extendido en el mundo (322 millones de hablantes nativos), por detrás del chino mandarín (885 millones) y por delante del español (266 millones), el bengalí (189), el hindi (182), el portugués (170), el ruso (170), el japonés (125), el alemán estándar (98), el chino wu (77), el javanés (75 y medio), el coreano (75) y el francés (72). Los dialectos más importantes del inglés -sólo en Gran Bretaña y sin tener en cuenta, lógicamente, los correspondientes subdialectos-, alcanzan el número de 32. Es muy renombrado universalmente el cockney, por su protagonismo en la obra de Bernard Shaw Pygmalion. Sin embargo, están adquiriendo especial relevancia las variedades habladas en Birmingham, sur de Gales, Edimburgo, Cornualles, Belfast, Lancashire, Northumberland, Devonshire, Norfolk, Escocia, Somerset, Yorkshire, Sussex y Sheffield. En el caso de éste último proliferan las gramáticas y los diccionarios, en parte como resultado de la investigación académica.  


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