ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

http://www.etnografo.com

 

Grecia

 

     La liberación de Grecia del yugo turco en 1830 se inició en el monasterio de Kalavrita al compás de la mitra del arzobispo Germanus. Pero esta participación de la iglesia en la vida política y social del país ha sido circunstancial; de hecho se ha acusado a los monjes -por poner un ejemplo, los del monasterio de Megaspelaeon, cuyo escenario recuerda a San Juan de la Peña en Huesca- de llevar una vida insensible al paso del tiempo y mostrarse indiferentes ante los campesinos pobres, la cultura o la oración, sin un solo destello de fervor misionero por propagar la fe cristiana ortodoxa. Si algún sinónimo se puede aplicar al estilo contemplativo de los monjes griegos es el de molicie, flojera, galbana, calma chicha. En 1858, un viajero ilustre, Sir Thomas Wyse, ministro del gobierno británico, tras visitar el recinto, declaró que el monasterio le había parecido “un gran dormitorio comunal para el rezo, donde un dormilón sucede a otro dormilón.”

     Grecia es uno de los pocos países europeos que conserva la misma lengua desde hace tres mil años sin interrupción. Pero esta continuidad contrasta con los enormes desequilibrios políticos y sociales que han quebrantado el país, siempre a merced de los caprichos de sus gobernantes y de los ejércitos -tanto propios como extraños- desde la época clásica hasta nuestros días. Gran parte de la destrucción de la Acrópolis de Atenas se debe a los bombardeos de los venecianos durante la campaña contra los turcos de 1684 a 1687. Las desafortunadas intervenciones de Grecia en los Balcanes y su posicionamiento en las dos guerras mundiales sólo sirvieron para que los distintos ejércitos recorrieran su hermosa geografía a golpe de tacón y a cañonazos. Las seculares disputas con Turquía posiblemente sigan activas en el próximo milenio.

     No obstante, por lo que hace a la lengua, se ha producido un fenómeno perturbador: la prensa, la clase culta y la burocracia del estado solían emplear a principios de siglo el griego clásico, mientras que el pueblo se entendía en demotiké, un griego afectado por la contaminación del turco y el italiano. La disputa entre los partidarios de una y otra variante ha causado estragos, como reflejo del acusado sentimiento nacionalista de los paisanos que ansiaban revivir las glorias de la Grecia clásica y de Bizancio, y también de aquellos que se resistían a que el pueblo llano se viese obligado a aprender el dialecto de las clases dominantes. La batalla parece ganada definitivamente por los partidarios del demótico o neohelénico, como se conoce hoy el griego moderno, convertido en la lengua oficial de la nación y hablado por casi 10 millones de personas sobre una población creciente de 10,665,989 (medio millón más que en 1998). La iglesia emplea también el griego antiguo o griego koiné. El póntico, lengua de la especie greco-ática, fue traído por los descendientes de los griegos asentados en la costa del Mar Negro desde la antigüedad. Hoy todavía lo hablan unas 200.000 personas. El tsakonio, cuyo número de hablantes es incierto -entre 300 y 10.000, la mayoría pastores- se deriva de un dialecto dórico de los tiempos de Esparta.

     El albanés, o arvanitika, lo hablan de 50.000 a 140.000 personas en las regiones de Ática, Bocotia, Euboea, Epiro y Atenas, así como en la isla de Salamina. La etnia está asistiendo a un proceso de asimilación por la cultura griega.

     El búlgaro lo hablan 30.000 griegos de origen macedonio o valaco. El nombre de valaco se aplica genéricamente a una familia dialectal que se extiende por Bulgaria, Rumania, Grecia, Albania y Yugoslavia.

     El rumano-macedonio, con 50.000 hablantes, se conserva en Grecia septentrional -en concreto Salónica y región de Pindus-. A pesar del nombre, el rumano-macedonio es distinto del rumano, al iniciar su separación de la familia rumana en la Edad Media. Por su parte, el rumano-megleno o meglenítico, hablado en Grecia por 12.000 personas, también es distinto al rumano, el rumano-macedonio y el istro-rumano.

     El turco, la lengua del imperio otomano que tanto tiempo ocupó las tierras de Grecia, se puede oír en comunidades étnicas con unos 128.000 hablantes de Tracia y el Egeo.

     El eslavo macedónico tiene en Grecia 41.000 hablantes maternos, la mayoría de los cuales conocen el griego, sobre todo la población escolarizada.

     El romaní, lengua universal de los gitanos, especialmente en los Balcanes, cuenta con 40.000 hablantes en Grecia. Los 1.000 hablantes de romaní valaco reciben el nombre de tsingani si se trata de gitanos estables, y yifti si son nómadas. La tercera variante romaní que se oye en Grecia, el heleno-romaní, se caracteriza por su léxico romaní y una estructura gramatical griega.

     Por último, el lenguaje de signos para sordos tiene sus raíces en sus correspondientes americano y francés, quedando unificado en los años cincuenta con los demás lenguajes de signos locales.  


Gran Bretaña Holanda