ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Irlanda

 

     Con sus 3,924,140 habitantes, Irlanda es un país pequeño, a pesar de su relativa extensión, pero cargado de acontecimientos históricos. Fueron especialmente dramáticos, sobre todo para los españoles, los que siguieron al fallido intento de invasión de Inglaterra por la Armada Invencible. Las costas irlandesas contemplaron el naufragio de naves como el Girona, hundido por una galerna en la noche del 26 de octubre de 1588 -tres meses después de su partida- en Punta Lacada, a la vista del castillo de Dunluce, en Irlanda del Norte, donde se refugiaron los cinco únicos supervivientes del desastre -de una tripulación de 1.300-, y en un lugar equidistante de Spaniard Rock, Spaniard Cave y Port na Spaniagh (puerto de los españoles), topónimos que recuerdan la trágica odisea de aquellos marinos. Otros dos navíos, La Rata Sancta María Encoronada y La Duquesa Santa Ana, comandadas por Álvaro Martínez de Leiva, se habían quedado atrás, perdidas en Blacksod Bay, en las cercanías de Ballycroy, al noroeste, y en Loughros More Bay, a 15 millas de Killybegs. Alguno más se vería atrapado en los acantilados de la isla de Valentia -nombre sugerente-, al suroeste de Irlanda, donde se han encontrado reliquias del naufragio. El Duque de Medina Sidonia, comandante en jefe de la Armada, había advertido a sus oficiales sobre los peligros de acercarse a las costas de Irlanda en el caso de verse obligados a rodear Escocia; a excepción de unos pocos, los barcos se alejaron de ellas en su regreso a España. Se cuentan muchas historias acerca de los marinos españoles que cayeron en manos de los irlandeses, que no siempre los acogieron como una obra de caridad sino para hacerse con los restos de los barcos -piezas de oro y plata y cañones-, siguiendo la ancestral costumbre de apoderarse de todo lo que llegara a las costas arrastrado por los temporales. Similares leyendas se oyen en Inglaterra, como en el pueblo marinero de Clovelly, cuya población de asnos, que los lugareños utilizan para pasear a los turistas arriba y abajo de sus empinadas cuestas, se dice que desciende de las acémilas que llevaron las naves españolas para el desembarco de Inglaterra. Los contactos entre Irlanda y España son milenarios; en Knowth y Newgrange se han desenterrado restos de un pueblo procedente de la península ibérica, acaso cartagineses.

     Los irlandeses en su mayoría hablan inglés (2.600.009) o alguna de sus variantes dialectales, como el hiberno-inglés del sur o del norte. Algunos son bilingües en inglés y gaélico (260.000) y unos pocos son monolingües en gaélico, que es la lengua nacional. El anglo-irlandés, que no es sinónimo de hiberno-inglés, se está convirtiendo en un dialecto híbrido de esas dos lenguas, en virtud de un contacto secular. Muchos irlandeses, sobre todo los que tienen conciencia nacional y viven en las ciudades, creen que hablan el gaélico sin hacerlo realmente, puesto que su conocimiento de la lengua no va más allá de unas pocas frases o expresiones rituales. No abundan, pues, los hablantes de gaélico; un millón se marchó de Irlanda huyendo de la gran hambruna de mediados del siglo XIX -la llamada crisis de la patata-; entrado el siglo XX, otros cuatro millones emigraron a Inglaterra, Canadá y Estados Unidos. Para oír el gaélico hay que visitar los lugares más apartados de los centros urbanos, las zonas rurales, las aldeas de pescadores y las islas y costas del sur y el oeste: Galway, Mayo, Kerry o Donegal. El gaélico se habla también en Irlanda del Norte y allá donde hay emigrantes irlandeses o sus descendientes, sobre todo en Boston (Estados Unidos).

     Una lengua muy minoritaria en Irlanda, y en el resto del mundo, es el shelta, de carácter secreto. La lengua nació del inglés y del gaélico y fue esparcida por Estados Unidos (50.000), Canadá (datos no disponibles), Irlanda (6.000), Inglaterra (30.000), Australia (d.n.d.) y Sudáfrica (d.n.d.). En total la hablan más de 85.000 personas itinerantes -hojalateros, aunque no gitanos-. Lo más interesante de esta lengua es su estructura combinada: sintaxis inglesa y léxico gaélico modificado por inversiones de letras (por ejemplo, kam es una metátesis del gaélico mac, hijo; gop equivale a póg, beso; lapac corresponde al gaélico kapall, caballo; rohobviene de bohor, carretera) o cambios vocálicos (graig por gruaig, pelo), que señalan una fabricación culta, acaso de la nobleza irlandesa.

     El empuje de la lengua inglesa en todas las esferas de la sociedad, el comercio, la tecnología y la ciencia es tan grande que el gaélico se halla al borde de su desvitalización. A pesar del sentimiento nacionalista de los irlandeses, que saben mostrar allá donde van, el horizonte de la lengua nacional es difuso. La dificultad estructural y morfológica del idioma, que fácilmente se supera cuando se aprende en el hogar, y la escasez de padres monolingües o bilingües que utilicen el gaélico como vehículo de comunicación preferente, reduce la eficacia de los programas de inmersión y alimenta el deseo de aceptar la lengua del país vecino, mucho más útil para encontrar un empleo y acceder a los centros de poder y de cultura. Los grandes literatos irlandeses -Jonathan Swift, W.B. Yeats, Bernard Shaw, Sean O’Casey, J.M. Synge, James Joyce y Brendan Behan- se expresaron en inglés.  


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