ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Islandia

 

     Islandia tenía 280,798 habitantes en julio de 2003, cinco mil más que en 1998, el 100% alfabetizados. De ellos 269.191 son nativos islandeses y 6.521 (el 2,3% del total) residentes extranjeros procedentes de 114 países, a destacar: 1.038 polacos, 936 daneses, 584 estadounidenses, 348 británicos, 336 tailandeses, 315 alemanes, 297 noruegos, 292 suecos, 266 filipinos, 238 yugoslavos, 115 franceses, 109 rusos, 101 finlandeses, 109 holandeses, 87 españoles, 81 portugueses, 47 irlandeses, 37 italianos, 36 lituanos y 33 marroquíes.* Estas cifras manifiestan el recelo de este país tan pequeño hacia los extranjeros, no tanto por su conciencia étnica sino por el efecto negativo de la llegada incontrolada de inmigrantes y turistas sobre su ecología. La presencia del ejército norteamericano en los años 40 no despertó demasiado entusiasmo en la población.

     El árbol genealógico de los nativos islandeses se remonta a más de mil años. Algunas familias siguen ocupando las tierras de sus antepasados. Las sagas, narrativas que describían los mitos y los héroes medievales, se siguen cultivando con verdadera veneración. Halldór Laxness obtuvo el premio Nóbel de literatura en 1955 por su obra continuadora de las tradiciones locales. Se piensa que los misioneros irlandeses se establecieron allí en el siglo VIII, pero la verdadera colonización de Islandia comenzó en la segunda mitad del siglo IX por gentes huidas del tirano noruego Harold, que formaron pequeños feudos autónomos hasta que en 1261 el rey Haakon tomó posesión de la isla poniéndola bajo el cetro de Noruega. En 1387 fue a parar a manos de Dinamarca, de la que formó parte hasta 1918, convirtiéndose en estado autónomo al amparo de la monarquía danesa. Finalmente alcanzó la independencia como país soberano en 1944. El intenso y prolongado comercio de Islandia con Inglaterra desde el siglo XV despertó en el pasado tentaciones expansionistas en esta última.

     El clima, suavizado por la corriente del Golfo, y el paisaje islandés resultan a todas luces inhóspitos para los oriundos de países meridionales: violentas galernas, incesante lluvia en verano, hielo y nieve el resto del año, saltos de agua, glaciares, volcanes activos y territorios desérticos sin apenas vegetación, fruto de la centenaria tala de bosques para dejar espacio a los pastos y la ganadería. Hoy la rudeza meteorológica no es obstáculo para el crecimiento de invernaderos donde se cultivan toda clase de productos agrícolas. La Skógafoss y la Gullfoss, las cataratas más espectaculares de Islandia, no tienen nada que envidiar a las de Niágara. Lo que más atrae la atención son los fiordos, palabra procedente del islándico firdhir- y los géiseres, del topónimo islándico Geysir, ambas injertadas en muchas lenguas, entre ellas el español. Las centrales térmicas aprovechan la energía interior para calentar los hogares islandeses. Actualmente hay 22 mujeres islandesas que superan los 100 años, lo que plantea dudas acerca del efecto del frío extremo sobre las personas.

     La lengua oficial del país es el islandés, llevado a la isla por los exploradores vikingos procedentes de Escandinavia occidental -la actual Noruega- y conservado prácticamente en la misma forma en que fue importado. Existe una comisión para la defensa del idioma, muy en la línea de las academias europeas, que se encarga de utilizar los recursos del vernáculo para combatir los barbarismos, sobre todo los que acompañan a las innovaciones tecnológicas. El modelo de lenguaje de señales para sordos se tomó de Dinamarca.

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Datos de la Oficina de Estadística de Islandia, 31-12-98.  


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