ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Letonia

 

     Riga, capital de Letonia (Latvijas Republika), con sus puentes sobre el Daugava y su armoniosa arquitectura, recibe el nombre de “París del Báltico”. Nació a principios del siglo XIII tras la introducción del cristianismo en la región y la formación de la llamada Orden de los Hermanos de la Espada, cruzados que no tardaron en aliarse con la Orden Teutónica, que en 1330 mandó construir allí una fortaleza, luego transformada en palacio. Iván el Terrible invadió el país en el siglo XVI, forzando a los Hermanos de la Espada a buscar el amparo de Polonia. En aquella época Letonia (Latvia) era conocida como Livonia, siendo durante mucho tiempo el campo de batalla de suecos, rusos y alemanes. En el siglo XVII Gustavo Adolfo de Suecia ocupó la capital hasta que en el XVIII Pedro el Grande de Rusia se hizo con la parte norte de Letonia, formando el resto parte de la mancomunidad polaco-lituana. En el siglo XX se demarcaron los límites nacionales de los países del Báltico, aunque la elevación de la Unión Soviética con sus repúblicas asociadas del Báltico no permitió la total independencia de éstas hasta 1991. La I Guerra Mundial convirtió a Letonia en un solar lleno de escombros. Su situación estratégica fue siempre la atracción prioritaria de los soviets, que decidieron instalar numerosas bases militares.

      Hoy, en las postrimerías del siglo XX, la acelerada transformación política y económica de Letonia hace pensar que pronto formará parte de la Unión Europea. Sus únicos pleitos con los países circundantes son la petición de devolución del territorio fronterizo de Abrene/Pytalovo, cedido a Rusia en 1944 por la entonces República Socialista Soviética de Letonia, y una segunda cuestión fronteriza con Lituania, en la que están en juego los derechos de exploración y posible explotación de pozos petrolíferos.

     En el siglo XV Riga figuraba en la lista de ciudades de la Liga Hanseática. Una de sus cofradías, formada por hombres solteros conocidos como “Schwartzhäuter” (cabezas negras), eligió como patrón a san Jorge el matadragones. Extrañamente para un país báltico, utilizaban como emblema la cabeza de un negro. La catedral luterana todavía conserva la sillería de madera con sus correspondientes cabezas talladas. No estamos en nuestras latitudes muy familiarizados con la situación de los países de Europa, excepto tal vez la de nuestros vecinos más próximos como Portugal, Francia, Italia, Grecia, los Países Bajos, Alemania, Suiza, Austria, Inglaterra, Irlanda y Escandinavia. A partir de los Balcanes y Centroeuropa nos resulta difícil imaginar el perímetro y la extensión de las naciones del este o el nordeste. Pues bien; observando el perfil de Letonia sobre el mapa, situada a orillas del Báltico entre Estonia y Lituania, la impresión que nos produce es la de un busto negroide yaciente con el golfo de Riga bordeándole la garganta. No obstante, otro de los santos patrones de aquella cofradía de hombres solteros fue Mauricio, del que se dice que era moro.

     Sorprende el elevado porcentaje de rusos -un 30,4%- que configuran la población de Letonia, frente a un 56,5% de letones, 4,3% de bielorrusos, 2,8% de ucranianos, un 2,6% de polacos y un 3,4% de otros grupos étnicos. La razón, ya señalada, es la presencia de unos 200.000 militares rusos en las bases del Báltico que se han quedado en Letonia con sus familias. Las cifras más detalladas hablan de 1,394,000 letones, 861.000 rusos, 105.000 bielorrusos, 78.000 ucranianos, 57.000 polacos, 35.000 lituanos, 13.000 judíos, 5.000 tártaros y 3.000 estonios, sobre una población total de 2,348,784 (2,558.000 a 2,385,396 habitantes, según las fuentes).*

     En tiempos del zar Alejandro III la lengua oficial de Letonia era el ruso. En el pasado la política lingüística en el país, merced a la influencia de sus amos, era trilingüe, dando prioridad al alemán y al ruso por encima del letón. El nacionalismo local se encargó de emborronar todos los anuncios y letreros escritos en las dos lenguas extranjeras. Hoy el único idioma oficial es el letón, emparentada con el lituano y con rasgos del antiguo prusiano, el eslavo, el griego y el latín, todos ellos de la familia indoeuropea. La Biblia no se tradujo al letón hasta finales del siglo XVII. La lengua se representa en alfabeto neolatino. Otras variedades que se hablan en el país son el ruso y el lituano. Hasta fechas recientes se oía el latgálico, variedad letona septentrional que actualmente se está tratando de revitalizar. En 1995 aún quedaban de 15 a 20 hablantes de livonio, una variante del tronco fino-úgrico como el finlandés en claro retroceso, pues en 1985 aún quedaban 400 y en 1979 unos 1.500. La variante báltica del romaní, con 8.000 hablantes en Letonia, y el yiddish, o judeo-alemán, con un número impreciso de practicantes en Lituania -acaso no quede ninguno- configuran el sencillo mapa lingüístico de este bello país báltico.

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* Cifras de The Ethnologue, Ed. B. Grimes (1996, 2000) y CIA World Factbook (1998, 2003).  


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