ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Liechtenstein

 

     El 3 de mayo de 1342, el castillo de Vaduz, en el pueblo del mismo nombre, junto a un antiguo campamento romano, sirvió de escenario para su declaración como estado soberano al mando del conde Hartmann I. En 1434, este pequeño feudo del Sacro Imperio Romano sería unido al vecino de Schellenbergh y en 1719 Carlos VI cedió definitivamente los derechos del principado -el “Fürstentum”-a la casa de Liechtenstein, que había comprado los terrenos. En 1806 Liechtenstein se separó del imperio germánico y se alió con la Confederación del Rin auspiciada por Napoleón. La derrota del emperador francés en Waterloo indujo a Liechtenstein a regresar de nuevo al seno de la Confederación Alemana. Disuelta ésta en 1866, Liechtenstein se confirmó como estado independiente sin ejército ni vínculos políticos con los países vecinos. Ni siquiera Hitler logró echarle la mano encima. Sólo mantiene un matrimonio de conveniencia con Suiza, que pone a su disposición sus servicios aduaneros, la representación diplomática, la administración de justicia, cuando la situación lo requiera, y la moneda. No obstante, los lugareños se sienten emocionalmente más próximos a los austriacos por razones de ascendencia.

     La población, en su inmensa mayoría católica practicante y radicalmente monárquica, solía vivir de la agricultura, la ganadería y, al igual que Pitcairn, esa isla perdida en el Pacífico donde viven los descendientes de los amotinados del Bounty, de las emisiones de sellos. Éstas siguen siendo unas interesantes fuentes de ingresos, pero los viñedos constituyen valiosas reservas de caldos para llenar las bodegas privadas de la rancia aristocracia, la pequeña industria se ha hecho poderosa y altamente especializada -dentaduras postizas, calderas para calefacción- y sus edificios no residenciales albergan oficinas de abogados locales que actúan como fideicomisarios de bancos y empresas extranjeras que esquivan los impuestos de origen mediante el pago de pequeños tributos al insigne Fürstentum Liechtenstein.

     Teniendo en cuenta el reducido espacio con que cuentan sus 33,145 habitantes -una superficie de 102 Km2 con una longitud de 25 Km de norte a sur y una anchura de 9 Km-, Liechtenstein es un moderno Liliput de habla alemana, con un fuerte carácter proteccionista y feudalmente endogámico, al estilo de Andorra. Hasta hace veinte años las mujeres que se casaban con extranjeros perdían la nacionalidad y el derecho al voto, si es que lo tenían. Los pocos extranjeros que han logrado la residencia allí -bastantes de ellos acaudalados jubilados- son esencialmente suizos, austriacos y alemanes, con escasa representación italiana, griega y yugoslava. Si se oye hablar alguna otra lengua, lo más seguro es que se trate de un turista.  


Letonia Lituania