ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Lituania

 

     A poco de entrar el siglo XX, salía de Lituania un grupo de doce emigrantes con destino a América. Al frente de ellos figuraba Jurgis Rudkus, el protagonista de La jungla (Upton Sinclair, 1906), posiblemente la novela que mayor influencia ha tenido en las relaciones laborales norteamericanas. La sangrienta actividad de los mataderos de Chicago, donde Jurgis encuentra su primer empleo, es un símbolo de la tragedia que le rodea: “En verdad, los pobres animales no habían hecho nada para merecer tal fin: engancharlos, colgarlos y degollarlos con tanta sangre fría, sin mostrar por ellos la menor compasión.... ¿Era posible creer que en ninguna parte de la tierra haya un paraíso donde los puercos vean recompensados todos sus sufrimientos? Cada uno de estos pobres animales era una criatura completa, un ser sensible. Los había blancos, negros, pardos y manchados; unos eran viejos, otros jóvenes... Y todos y cada uno tenían una individualidad, una voluntad y esperanzas y deseos; cada uno estaba en la plenitud de la confianza en sí mismo, de su importancia y de su dignidad.” “Dieve!”, exclama Jurgis. “¡Cuánto me alegro de no ser cerdo!” La realidad fue distinta a la que esperaba Jurgis: la América de los sueños, la tierra de la libertad y las oportunidades se convertiría en un matadero de hombres y de mujeres, y los explotadores del trabajo manual y de los edificios en matarifes encargados de ejecutar fría y matemáticamente a los inadvertidos inmigrantes que llegaban de todos los rincones de Europa huyendo de sus pesadillas domésticas y siguiendo la estela de un sueño imposible.

     Desde la Edad Media los países bálticos -Estonia, Lituania, Letonia- estuvieron gobernados por obispos y caballeros germánicos, teniendo como vecinos por el suroeste a la Orden Teutónica y el reino de Polonia. En 1569 Lituania formó una confederación con Polonia, que finalizó en 1795 con un régimen de servidumbre impuesto por Rusia. En 1918, terminada la I Guerra Mundial, los tres estados bálticos adquirieron la independencia. Apenas 20 años después, volvieron a caer bajo el yugo soviético. Lituania recuperó la independencia de la URSS en 1991, siendo actualmente una democracia parlamentaria. Las únicas disputas internacionales que mantiene Lituania son con Letonia, por asuntos relacionados con el sondeo de pozos petrolíferos, y con Rusia y Bielorrusia, por cuestiones fronterizas.

     La capital de Lituania, Vilnius, está partida por el río Nemunas, antaño cruzado por el ejército de Napoleón. El país se divide en 44 regiones y 11 municipalidades. Su población en 1995 era de 3,840.000; tres años después ha descendido a 3,600.000 por causa de la emigración, quedando estabilizada en 2003, con 3,592,561.* Los grupos étnicos más representativos se componen de lituanos 2,900.000 (80.6%), rusos 344.000 (8.7%), polacos 258.000 (7%), bielorrusos 57.600 (1.6%), tártaros 5.100 (1,4%), ucranianos 45.000 (1,25%), letones 4.200 (0,12%) y unos pocos romanís y hebreos. La mayoría profesan la religión católica; los demás siguen la confesión tradicional de su etnia: luteranos, protestantes, baptistas, ortodoxos rusos, musulmanes y judíos. Lo mismo ocurre con las lenguas más extendidas -el lituano, el polaco y el ruso- y las lenguas étnicas, como el karaim -de la familia altaico-túrquica-, que se escribe en caracteres cirílicos y hebraicos, con medio centenar de hablantes entre la población judía. La lengua oficial del país es el lituano, perteneciente a la familia indoeuropea-báltica, que se representa con el alfabeto romano.

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*Cifras de Ethnologue, ed. B. Grimes (1996, 2000) y CIA World Factbook (1999, 2003).  


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