ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Luxemburgo

 

     La imagen que se tiene de Luxemburgo es la de un país históricamente tranquilo que ocupa una plácida llanura oculta por los bosques. Nada más lejos de la realidad. La capital del Gran Ducado se yergue sobre un tajo casi inexpugnable. Rodeada por Bélgica, Francia y Alemania y a un paso de la antigua ciudad romana de Trier (Treveris), con la que estaba unida por una calzada, Luxemburgo ha ejercido una poderosa atracción sobre los países limítrofes. Cuando Julio César envió allí a sus legiones, se encontró con un pueblo celta, los treveri, que darían nombre a la vecina ciudad de Trier. Ligures, galos, belgas y treverianos, romanos, francos, vándalos, hunos, merovingios, carolingios y normandos dejaron su huella sobre el país.

    El 17 de mayo de 1794 las tropas francesas provocaron una matanza en Dudelange. En tiempos de Napoleón, un chatarrero compró el castillo de Vianden para hacerse con el cobre y el artesonado de madera, dejándolo en ruinas. En 1867, por el tratado de Londres, tras la ocupación prusiana, se ordenó desmantelar la fortaleza que dominaba la ciudad garantizando a cambio su neutralidad. En la guerra del 14 los alemanes se hicieron de nuevo con este país. En mayo de 1922, Luxemburgo formó con Bélgica una unión económica, suprimiendo la frontera y adoptando el franco belga como moneda común. En 1944 se adhirió Holanda, formando el Benelux. El 9 de mayo de 1940, el gobierno alemán declaró que nunca invadiría Luxemburgo. Al día siguiente entraron las tropas nazis, prohibiendo a la población que hablara el francés -su lengua durante ocho siglos-, obligándola a germanizar sus nombres, enviando a los jóvenes al frente ruso y deportando a más de 30.000 personas. Los bombardeos americanos sobre Luxemburgo durante la Segunda Guerra Mundial para despachar al ejército alemán dejaron sin casa a más de 60.000 personas. El general Patton fue enterrado allí el 24 de diciembre de 1945, tras morir en un accidente de coche.

     El topónimo oficial de Luxemburgo es Letzeburg, proveniente de Lützelburg (“pequeña fortaleza”), aunque se conoce mejor por su denominación afrancesada de Luxembourg, procedente a su vez del nombre del antiguo castillo de Lucilinburhuc, del que aparecen referencias en documentos del año 963. El idioma oficial -el lëtzeburgesch-, con 300.000 hablantes, procede del tronco germánico como el holandés, pero no resulta inteligible a los alemanes, para regocijo de los luxemburgueses. La inmensa mayoría de la población, que alcanza los 454,157 habitantes,  mantiene una elevada estima hacia su idioma nacional, si bien en las escuelas se enseñan también el francés y el alemán por pura conveniencia. De esta manera el francés, con unos 13.000 hablantes, es la lengua preferente de los intelectuales y artistas, así como de los funcionarios de alto nivel, mientras que los obreros y los campesinos están, sin embargo, más familiarizados con el alemán, que hablan 9.200 personas.  


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