ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Malta

 

     Valetta, la capital de la pequeña República de Malta, recibe el nombre de su fundador, Jean de la Valette, Gran Maestro de la Orden de Caballeros de Malta que, en 1565, resistió los ataques de Dragut, bajo el sultanato de Suleimán el Magnífico. Los antiguos pobladores que ocuparon la isla hace 7000 años se debieron desplazar desde Egipto por el norte de África, Sicilia y Malta hasta alcanzar la Península Ibérica, siendo probablemente de la misma progenie que los íberos, los galos y los primeros colonizadores de Gales, Cornualles e Irlanda. Quienes dejaron señal inequívoca de su identidad y de su presencia hacia el año 1500 a. de C. fueron los fenicios. Tras ellos vinieron los griegos, los cartagineses, los romanos, los vándalos, los árabes, los normandos, los españoles y, cómo no, los seculares dueños del Mediterráneo: los turcos. En el año 60 naufragó el ínclito San Pablo, que recordó el nombre de la isla como Melita y logró engatusar a los nativos con lo que parece el truco de la serpiente venenosa, de cuya mordedura salió indemne. De la época del conde normando Roger quedan unas ruinas y de la larga dominación árabe el castillo de Santangelo y, por supuesto, la lengua maltesa, fuertemente contaminada por el italiano.

     El siglo XVI presenció la entrada de la Orden de San Juan de Jerusalén -más tarde llamados caballeros de Malta-, que recibió la isla, junto con Gozo y Trípoli, de manos de Carlos V a cambio de un halcón a entregar cada día de Todos los Santos a perpetuidad. La tumba del Gran Maestro Carafa en la iglesia de San Juan es una muestra del lujo y el poder que ostentaron los afamados caballeros hasta que Napoleón, camino de Egipto, disolvió la Orden y confiscó sus propiedades. La derrota del emperador por los ingleses convirtió a éstos en los nuevos amos de Malta hasta su total independencia en 1964.

     Malta está salpicada de menhires, surcos tallados en la piedra, cavernas y catacumbas de origen y finalidad inciertos. En la “capilla de los huesos” se conservan, con un dudoso sentido ético y estético, guirnaldas de osamentas y cráneos de caballeros medievales armoniosamente expuestos sobre los muros del crucero. Por Malta pasó el capitán Alonso de Contreras, cuya autobiografía figura en lugar preferente en las antologías del género picaresco del Siglo de Oro español y ha dado soporte intelectual al inquieto Capitán Alatriste, del novelista español Arturo Pérez Reverte.

     Hoy (julio de 2003), la Repubblika Ta'Malta tiene 400,420, veinte mil más que en 1998), la mayoría de origen maltés, es decir, descendientes de los fenicios y los cartagineses con una ligera infusión de sangre italiana y árabe. El 98% profesa la religión católica. No tienen demasiado espacio donde moverse -apenas 320 Km2-, siendo las islas de Malta, Gozo y Comino las únicas que mantienen núcleos permanentes de población. La base de su economía, teniendo en cuenta la escasez de recursos naturales y una agricultura sedienta, es la arquitectura naval y el turismo. Malta presta, además, su bandera a las marinas mercantes de numerosos países, como Grecia (477), Rusia (61), Suiza (51), Italia (50), Noruega (49), Croacia (39), Turquía (38), Alemania (30), Georgia (23) y Mónaco (23)*.

     El inglés sigue siendo una lengua oficial de cultura ampliamente conocida por casi todos, especialmente en el mundo académico. El maltés, de origen afro-semítico, es decir, del árabe magrebí, está fragmentado en diversos dialectos -normativo, porteño y rural- y contiene numerosos rasgos nativos en el plano de la fonología y la sintaxis. El grado de alfabetización de los malteses no supera el 88%, a pesar de que su lengua natural se representa con caracteres latinos.

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* Cifras de CIA (1998)  


 Macedonia Moldavia