ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Mónaco

 

     La familia Grimaldi lleva ocho siglos en el Principado de Mónaco, aunque hasta 1419 no gobernó sobre él como estado independiente. Es difícil encontrar un caso parecido en la aristocracia europea, con tantas avenidas y cambios dinásticos por causa de las guerras y los destronamientos. También es excepcional el hecho de que el actual Rainiero, que ocupa el número 31 en la línea de sucesión, lleva nada menos que 50 años en el trono. Uno se pregunta cómo una nación tan minúscula, con menos de 2 Km2, cuatro pedanías (Fontvieille, La Condamine, Monaco-Ville y Monte-Carlo) y 32,130 habitantes (el más pequeño del mundo después de la Santa Sede) puede mantener todos los servicios e instituciones oficiales de un estado moderno. El sistema judicial se basa en el francés; el ministro de estado, de nacionalidad francesa, es nombrado de una lista de tres propuesta por el gobierno de la vecina república; la moneda nacional es el franco francés y tanto las aduanas como la defensa del territorio se hallan a cargo de Francia. En Mónaco no hay ni cultivos ni pastos ni bosques; ni tampoco impuestos sobre la renta para los residentes con más de cinco años de permanencia, lo que lo convierte en un paraíso fiscal, aunque sí hay tasas blandas sobre los servicios -hostelería, banca- y la escasa, pero especializada industria. Los principales ingresos proceden del casino, el turismo, las competiciones náuticas y automovilísticas, el tabaco, los sellos, las franquicias de radio y televisión y el ocio de los magnates extranjeros que lo visitan con regularidad. La renta per capita asciende a $25.000, entre las más altas de Europa. En general se puede afirmar que los monegascos y los extranjeros están organizados como una sociedad de auxilios mutuos: todos se necesitan entre sí y todos son referentes de los demás; desaparecidos unos, desaparecerían los otros, o habría que encontrar sus sustitutos. En realidad eso no es ningún misterio ni un rasgo exclusivo del Principado; todas las especies biológicas tienen lazos de dependencia entre sí; el valor de la aristocracia y la burguesía monegascas se lo confieren los miles de adictos al bacarrá y la ruleta, los millones de visitantes y los centenares, tal vez miles, de millones de seguidores a distancia de las venturas, aventuras y desventuras, grandes e insignificantes, de la familia real.

     La primitiva colonización de Mónaco es típicamente mediterránea, con presencia de fenicios, griegos, cartagineses y romanos. Una de las carreteras que asciende hasta los 1.400 m. de altura, la denominada grand corniche, fue construida por Napoleón sobre una vía romana. Los genoveses se apoderaron del país en 1191 y cien años después pasó a gobernarlo la familia Grimaldi en medio de las disputas entre los guelfos -papistas- y gibelinos. Sus sucesores encontraron un firme aliado en Francia. De 1524 a 1641 pasó a manos del rey de España. Durante la revolución francesa fue expropiado por Francia. En 1815, tras el congreso de Viena, cayó en manos de Cerdeña y unos años después recuperó la independencia garantizándose su autonomía en el caso de que desapareciese la familia Grimaldi. La figura más notable de los Grimaldi posiblemente haya sido Alberto I (1848-1922), promotor de la constitución de 1911, gran aficionado a la oceanografía, tras recibir instrucción en la armada española, y bisabuelo del actual gobernante, Rainiero III.

     Dada la proximidad de Francia e Italia y el ascendiente genovés de los Grimaldi, la población de Mónaco es de origen francés (47%), monegasco (16%) e italiano 16%, y el resto de diversa procedencia. En estas latitudes también es lógico que la religión que profesa la mayoría sea el catolicismo. Por lo que hace al idioma, el francés es el oficial y el más extendido, con 17.400 hablantes (58%), seguido del italiano, en su variante monegasca o ligur, del mismo continuo que el genovés y el lombardo, con 5.100 hablantes (17%), y, por último, el provenzal, con 4.500 hablantes (15%) originarios de la zona de Cannes y Niza. Dado el carácter internacional del Principado, el inglés es la lengua franca de casi todos.  


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