Emilio García Gómez

 

Lengua y sociedad en Nigeria

 

 

 

Nigeria tiene como vecinos a Benin por su lado oeste, a Camerún por el sureste, a Chad por el noreste  y a Níger por el norte, y comparte el lago Chad con estos tres últimos países, con quienes se halla en permanente litigio. El golfo de Guinea baña sus costas por el sur. La actual estructura federal refleja los antiguos reinos o territorios étnicos de hace 1500 años, esencialmente los hausa, en el norte, los igbo en el sur y los yoruba en el oeste.

Puesto que el golfo de Guinea se hallaba desde el siglo XV en la ruta de las expediciones europeas, especialmente las portuguesas, la historia de Nigeria se halla íntimamente relacionada con la trata de esclavos. Desde el siglo XVI hasta el XIX se calcula que hubo en Nigeria una emigración forzada de 3,5 millones de personas, muchas raptadas o compradas para terceros desde el vecino Benin y exportados a América. La mayoría de los esclavos nigerianos pertenecían a los grupos igbo, hausa, ibibio y yoruba. Conviene tener en cuenta que la toma de esclavos se produjo en muchos casos a iniciativa de mercenarios indígenas, algunos de cuyos pueblos se mantenían en guerra civil, como los hausa. Por ejemplo, los ijaw, de los que actualmente quedan unos 75.000, se dedicaban simultáneamente a la salazón de pescado y al aprovisionamiento de los comerciantes de esclavos. El califato de Sokoto llegó a tener más esclavos que cualquier otro país del mundo, con excepción de los Estados Unidos.

El monopolio de Portugal sobre el comercio de África occidental acabó a finales del s. XVI, época en la que surgió una nueva hegemonía naval, la de Holanda, que asumió el control de las costas desde donde irradiaba el tráfico de esclavos. Posteriormente los holandeses cedieron su influencia a favor de Francia e Inglaterra, aunque se tiene constancia de la presencia en los puertos de Lagos de numerosos navíos daneses, suecos y alemanes.

Inglaterra retuvo el control del comercio de esclavos hasta 1807, cuando el gobierno británico declaró ilegal la esclavitud. Años después enviaría un ejército de intervención a la zona. La primera colonia británica se estableció en Lagos en 1861. La ciudad tendría un aire colonial victoriano adornado con hermosos edificios a la brasileña. Hasta 1914 no quedaron unidas la Nigeria del norte con la del sur adoptando la denominación de Colonia y Protectorado británicos bajo el mando de un gobernador también británico. El nombre moderno de Nigeria fue sugerido a finales del siglo XIX por una periodista inglesa, Flora Shaw. La total independencia del país no tuvo lugar hasta 1960. Siete años después comenzó una sangrienta guerra civil, más conocida como “guerra de Biafra” que duraría tres años y costaría tres millones de muertos, la mayoría de la etnio igbo, que sufrió un éxodo de otros tantos millones de refudiados.

A pesar de sus recursos naturales – especialmente petróleo y gas natural -, Nigeria es uno de los países más pobres, más corruptos y peor gobernados de África, hallándose al borde de la deforestación y la desertización extremas. La esperanza de vida de la población apenas supera los 50 años.

A principios del siglo XIX llegó por el sur el cristianismo del brazo de los misioneros, mientras que por el norte y el suroeste se extendió el Islam a la llamada del yihad, si bien la doctrina de Mahoma se oyó en estos territorios hace mil cien años, mientras que los sacerdotes portugueses trajeron consigo el cristianismo en sus primeros contactos hace cinco siglos. Hoy la mayoría es musulmana (50%), frente a un 40% de cristianos y un 10% que practica ritos indígenas. La fortaleza de las tradiciones políticas y religiosas en cada estado hace que Nigeria se rija por tres códigos civiles: el británico, la ley islámica y las leyes tribales. La condena a muerte de una mujer acusada de adulterio después de ser violada por un familiar y condenada a muerte por lapidación, según la ley islámica que impera en los estados del norte y del centro, y el reciente e inacabado concurso de misses han puesto a Nigeria en la mirada de los regímenes democráticos y las organizaciones pro-derechos humanos.

Por otra parte, la constitución de 1989 tomó como modelo el estado federal de Estados Unidos, de cara a una democratización de las estructuras políticas, si bien los distintos gobiernos militares se vienen sucediendo unos a otros desde los años 60 sin que haya esperanza del establecimiento de un gobierno civil estable y plenamente democrático. Parte de la población, agitadores políticos, estudiantes e intelectuales vienen reclamando cambios radicales, conducentes a re-educar a los militares para que actúen al servicio del poder civil. Así es cómo en 1999 subió al frente del gobierno un militar que renunció a la ropa de campaña para iniciar profundas reformas, que en estas fechas aún no han alcanzado un mínimo de garantía.

La distribución de la población de Nigeria ha sufrido enormes transformaciones, con un éxodo masivo a las grandes ciudades en busca de trabajo y el abandono de las zonas rurales, ocupadas esencialmente por mujeres, niños y ancianos.

El grupo étnico más influyente de Nigeria durante siglos han sido los yoruba (20,000.000, cristianos y musulmanes), compuesto por una mezcla de distintos pueblos llegados de diversas partes. El segundo grupo por importancia son los igbo (18,000.000, cristianos), cuya antigua organización interna no permitía la estratificación social, recurriendo a los ancianos más sabios para gobernar la comunidad. De similar dimensión es el pueblo hausa (18,500.000, musulmanes, cristianos), organizado como tal durante un milenio y dedicado, como otros grupos nigerianos, al comercio con los pueblos vecinos. Los fulani (7,500.000, musulmanes) se han dedicado tradicionalmente al pastoreo de ganado y la trashumancia. La palabra “fulani” –equivalente al español fulano – es de origen árabe – fulan - y significa “un tal”, una persona indeterminada.

La gran división étnica del país (de 200 a 400 grupos diferentes) no ha permitido la definición demográfica, siendo el criterio lingüístico más aceptable para distinguir a las distintas comunidades, aunque también puede resultar inapropiado e inexacto. Por ejemplo, los kanuri (unos 3,000.000) y los manga (apenas un centenar de personas), al noreste del país, siempre se han entendido perfectamente entre si, pero para muchos kanuri el manga es una lengua distinta. Por otra parte, los bura y los pabir comparten la misma lengua, el bura; sin embargo creen que son dos etnias diferentes. La explicación de este fenómeno sociológico acaso pueda encontrarse en que la mayoría de los bura son cristianos, mientras que los pabir son musulmanes. Los intentos de unificar ambos grupos en base a una lengua común han fracasado estrepitosamente.

Por otro lado, algunos grupos étnicos como los igbo, seguidos por los yoruba y los hausa, destacan por su especial aptitud para el aprendizaje y el progreso individual. Entre los igbos se ha observado una gran conciencia étnica, mientras que entre los yoruba y los hausa hay un mayor sentido de lealtad y disciplina hacia el grupo.

La división étnica del país se ha caracterizado por la rivalidad y el enfrentamiento entre las comunidades más inquietas. El 90% de los matrimonios son intraétnicos, considerándose las mezclas exogámicas como un estigma. No sólo se observa un rechazo de las uniones entre, por ejemplo, los igbo y los yoruba, sino que incluso se rechazan los encuentros entre las comunidades del norte y las del sur, por ejemplo entre los hausa y los fulani.

La variedad del inglés más extendida en Nigeria es el pidgin, del cual existen otras versiones, como el “rotten English” o “inglés podrido”, así denominado por considerarse como un subdialecto del propio pidgin, que a su vez carece del prestigio del modelo estándar británico. Hablar las distintas variantes de pidgin depende de la condición socioeconómica del individuo y del grupo al que está adscrito, así como de su grado de aculturación y competencia lingüística.

El caso nigeriano es, sin embargo, peculiar, puesto que hablar o escribir en inglés pidgin puede ser una seña de identidad, una muestra de la cultura vernácula que ha resistido la influencia británica desde la época colonial.

En un país con 106 millones de habitantes (el 20% de la población total de África) y 505 lenguas – el más poblado y el más diverso del continente -, tiene sentido la elección del inglés como idioma co-oficial, junto con otros ocho vernáculos (edo, efik, fulani, hausa, idoma, igbo, yerwa kanuri y yoruba), pero dado el grado de analfabetismo del país (casi el 50%), la comunicación es esencialmente verbal y, por consiguiente, el inglés se halla sometido a todo tipo de alteraciones, motivadas en parte por la influencia de las lenguas substrato o lenguas maternas. Además existe una nutrida población indostana cuyo inglés –por ejemplo el de los profesores o los comerciantes de origen indio – actúa sobre el inglés local. Por otro lado, el inglés de los expatriados está sujeto a nuevas modificaciones según el país de acogida. La mayoría de Nígerianos es trilingüe, y posiblemente lo haya sido durante muchos siglos, lo que les ha permitido defenderse bien en el comercio y en la emigración a los países vecinos.

 

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