ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Polonia

 

     El nombre oficial de Polonia, Polska (tierra de campos y llanuras), refleja la realidad orográfica de un país parcialmente expuesto a las inundaciones y enriquecido por los aluviones de sus ríos. Los polacos no constituyen una etnia en sí, ya que son el resultado del cruce de distintos linajes, entre los que cabe destacar a los eslavos -los polanie, o pueblo de las llanuras-, lituanos, finlandeses, godos y celtas. La actual población se compone de un 70% de polacos y el resto de bielorrusos, ucranianos, rutenos, alemanes y judíos. Las distintas anexiones han supuesto un obligado trasvase de millones de polacos y alemanes.

     Los polacos se convirtieron al cristianismo hace mil años y hasta nuestros días han seguido fieles a su religión, a pesar de los vaivenes políticos. Los episodios de mayor influencia en el curso de la historia de Polonia se centran en torno a los Caballeros Teutónicos (siglos XIII a XV), orden medieval cuyo Gran Maestre residía en el castillo de Marienburg, en la ciudad de Danzig, hasta su derrota por los polacos en 1410; después, el fallido intento de ocupación del país por los otomanos (siglos XV y XVI); los reinados de Segismundo I y Segismundo II (s. XVI); la invasión a cargo de Rusia, Suecia, Brandenburgo y los cosacos (s. XVII); la cesión a Turquía de Kamieniec-Podolski (s. XVII); la absorción de Polonia por Augusto de Sajonia con el apoyo de Austria; el alzamiento contra Rusia (1768) y, desde luego, las sucesivas particiones. La primera de éstas, iniciada en 1772, supuso el desmembramiento de Polonia en distintos territorios, que pasaron a manos de Rusia, Austria y Prusia. Tras la Dieta de Grodno (1793), la nobleza polaca traicionó a su propio pueblo y contribuyó a la segunda partición del país. Tras el Congreso de Viena de 1815, Polonia, que en sus mejores tiempos se extendía sobre 500.000 Km2 hasta las cercanías de Berlín, el mar de Azov, el Báltico y Crimea, se vio obligada a ceder a Prusia Posen y la Prusia oriental y occidental, que eran polacas; a Austria, Galicia y Bukovina; y el reino de Polonia a Rusia, que se hizo con la mayor tajada. Pero si Rusia se llevó el 78% de Polonia, la misma proporción fue en quebraderos de cabeza, dando como resultado una intensa represión contra los polacos, a quienes se les prohibió hablar su lengua, vestir sus trajes regionales y cantar el himno nacional. En el sector prusiano, con el fin de sofocar cualquier brote nacionalista, se inició un proceso de germanización mediante la llegada masiva de colonos alemanes y la implantación de la lengua alemana. Igualmente Bismarck prohibió la celebración de matrimonios mixtos, convencido de que “una esposa polaca es capaz de convertir a su marido en un ferviente nacionalista polaco en un abrir y cerrar de ojos.” A los niños se les castigaba si no recitaban el catecismo en alemán. Para mayor escarnio, durante la Primera Guerra Mundial, los polacos se vieron obligados a servir bajo tres banderas distintas: la de Alemania, la de Austria y la de Rusia. Al terminar la guerra, Alemania devolvió parte de los territorios polacos anexionados. En 1919 entraron los bolcheviques con intención de aniquilar el país; sin embargo, tras una serie de fracasos militares, Rusia se vio obligada a reconocer la independencia de Polonia. En 1926 se instauró la dictadura de Pilsudski. En los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, en virtud de los pactos entre Rusia y la Alemania nazi, que provocaron la náusea de los intelectuales libres de izquierda, comenzó una nueva partición de Polonia. En 1944 se instauró un gobierno de corte soviético. En las primeras elecciones los comunistas obtuvieron el 90% de los votos, arrancando la denuncia de Estados Unidos y Gran Bretaña y procediéndose a expulsar a todos los alemanes del territorio polaco. La historia posterior de Polonia es una incesante lucha por la libertad contra la dictadura comunista.

     La capital, Varsovia, se halla en el espacio conocido por Rusia blanca, llegando a alcanzar bajo la soberanía rusa un importante desarrollo industrial y comercial. Polonia ha sido la cuna de Copérnico, Chopin y Joseph Conrad. La universidad de Cracovia fue fundada en el siglo XIV. Se destacan numerosas instituciones científicas como la Academia de Ciencias de Varsovia y el Instituto de Medicina de Danzig.

     La actual población de Polonia no llega a los 40 millones de habitantes (38,622,660 en julio de 2003), entre los cuales sobreviven pequeñas comunidades de griegos (114.009), rusos (60.000), eslovacos (38.000) y lituanos (11.500). De las 10 lenguas que todavía se hablan en el país, el polaco, de la familia eslava, es la más extendida, con 36,554.000 hablantes (el 98% de la población). Puesto que la emigración de polacos ha sido masiva, esta lengua de extiende por todo el mundo: 2,500.000 hablantes en Estados Unidos (de unos 3 millones de emigrantes que había en 1915), 1,200.000 en Ucrania, 400.000 en Belarrusia, 258.000 en Lituania, 241.000 en Alemania, 134.780 en Canadá, 100.000 en Israel, 94.000 en Rusia, 61.445 en Kazajstán, 57.000 en Letonia, 50.000 en la República Checa, otros 50.000 en Eslovaquia, 39.000 en Austria, 21.000 en Hungría, 14.000 en Australia, 10.000 en Rumania y 1.300 in Azerbayán.

     Casi millón y medio de polacos residentes en Silesia hablan también el alemán, y 230.000 se expresan en bielorruso. Unos 200.000 utilizan el casubiano a orillas del Vístula, junto a la orilla del Báltico, y 1,500.000 conocen el ucraniano. También se mantienen cuatro variantes lingüísticas entre los gitanos polacos: el romaní del Báltico (30.000 hablantes), el romaní carpático (número indeterminado de hablantes en Galicia, la antigua provincia polaca de Austria), el romaní sinte (sin censar) y el romaní valaco (5.000). Respecto a los distintos lenguajes de signos para sordos, existe un movimiento para su unificación.  


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