ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Portugal

 

     Desde España se mira hacia Portugal por encima del hombro, no en un gesto de desprecio sino porque está situado ahí detrás, a nuestro lado, en dirección opuesta a donde van nuestros ojos, a la estrella del norte, la Europa que ilumina la ruta del poder y el dinero. Recordando la genealogía de los portugueses, no podemos evitar reconocer que, a pesar de la variedad étnica de toda la península, y dejando aparte a los vascos, siguen siendo familia nuestra, nuestros hermanos de sangre, nuestros paisanos, los descendientes de Viriato, gente que habla un idioma parecido al nuestro, aunque con diptongaciones, nasalizaciones y sonidos consonánticos inaccesibles al oído castellano. Los portugueses cultos, buenos nacionalistas, se enorgullecen de hablar la que ellos creen que es la variante románica más cercana al latín (y la más estancada en algunos aspectos) de todas las derivaciones romances. Al turista levantino le sorprenden las aparentes conexiones morfémicas entre el portugués y el valenciano o catalán. Teniendo en cuenta la brecha que provocó la expansión del castellano en el continuo dialectal del romance ibérico, las siguientes expresiones evocan esa interdependencia: port. pardala (fardela del Atlántico), val. pardal, cast. pájaro; port. gorxa (paso estrecho entre montañas), cat. gorja, cast. garganta; port. cadelo, cat. cadell, cast. cachorro.

     Portugal es para muchos españoles el país del marisco y las toallas baratas, y los portugueses aves que rasgan la geografía peninsular en su vuelo migratorio hacia Francia, Andorra, Suiza o Alemania. También es el paraíso del vino, comercializado por familias inglesas desde el siglo XVIII. Ese país aparece en los mapas como parte física de la grande España; sin él los españoles son incapaces de reconocer su propio perímetro, acostumbrados durante siglos a contemplar la silueta de su vecino dándole sombra, alargando en falso su cuerpo y extensión. Portugal, como España, fue colonizado por Roma, ocupado por los godos e invadido por los árabes, pero lo que separa aquélla de ésta es su sentimiento de tolerancia hacia el enemigo -por ejemplo, hacia los árabes en el momento de su reconstrucción como país cristiano bajo el reinado de Alfonso Henríquez y sus sucesores-, en lugar de dejarse arrastrar por el odio, el fanatismo y la venganza fratricida que caracterizan la reconquista y las posteriores convulsiones sociales y políticas de lo que llamamos España.

     Portugal fue reino y ahora república. Hay quien en este lado se preguntará cuál fue el último rey portugués; y los portugueses arrugan la frente al pensar que aquí los sigue habiendo como antes hubo emperadores. Lo cierto es que los portugueses cultos, y muchos que no lo son, entienden y hablan el español; pero los españoles, por cultos que sean, no hablan el portugués ni pueden tampoco aprenderlo porque no hay dónde hacerlo, a menos que se vayan a la universidad de Salamanca.

     Los portugueses son como los turcos: semillas que se lleva el viento de la historia por todos los rincones del mundo. El portugués se oye, además de en Portugal, en las Azores y Madeira (10 millones y medio), en Andorra (2.100), Bélgica (80.000), Brasil (163 millones), Canadá (86.925), Congo (600), Francia (750.000), Alemania (78.000), Goa (250.000), Jamaica (5.000), Luxemburgo (50.000), Macao (2.000), Malawi (9.500), Mozambique (30.000), Paraguay (636.000), Sudáfrica (617.000), Suiza (86.000), Uruguay (28.000), Estados Unidos (365.000) y algunos miles más en Angola, Antigua, Cabo Verde -en su versión criolla-, Guinea Bissau, Guyana, Timor (Indonesia), España, San Vicente y las Granadinas, Surinam y el Reino Unido. El dialecto estándar de Portugal es el meridional o estremenho. En Tras O Montes se habla el gallego (5.000), aunque no comparten la ortografía y el léxico que señala la Academia de la Lengua Galega. Algunos gitanos portugueses (5.000) hablan caló y otros 500 aproximadamente se entienden en romaní o en uno de sus dialectos, el kalderash, parecido al de Rumania, Bulgaria y otros lugares de Europa y América. En Miranda, pared con Zamora, hablan mirandés, de la misma familia que el asturiano-leonés hasta la intromisión de los árabes, quienes provocaron la interrupción del continuo dialectal.

    La población en julio de 2003 ascendía a 10,102,022 personas, frente a 9,927,556 en 1998, cifras que señalan el final de la sangría emigratoria hacia Alemania, Francia y los Países Bajos durante décadas.


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