Emilio García Gómez

 

Richard Wright: raza, país, tradición

 

Richard Wright

 

Se cumplen 97 años del nacimiento de Richard Wright, uno de los escritores negros americanos que iniciaron el movimiento-escuela denominado Harlem Renaissance.

Nacido el 4 de septiembre de 1908 en Natchez, y criado en un ambiente hostil -el estado de Mississipi-, Wright se vio forzado a emigrar al Norte con la esperanza de hallar un mundo más humanizado. Su entrada, en 1933, en el Club John Reed de Chicago, creado por el Partido Comunista norteamericano, fue un acontecimiento trascendental para su carrera como escritor. Meses atrás, observando a los marginados, a los oprimidos, a las masas hambrientas -víctimas de la Depresión- había dudado de su capacidad organizadora. Ahora comprendía que, efectivamente, existía un vínculo de unión entre todos ellos y que el marxismo era el único movimiento capaz de aglutinar las distintas fuerzas sociales en su lucha contra la opresión de clase y de raza.

Ahora bien, su ingreso en el partido, si iba a proporcionarle un medio de expresión personal, no es menos cierto que, con el tiempo, provocaría en él una grave crisis de identidad. El Partido Comunista norteamericano seguía en los años 30-40 una línea estalinista excesivamente rígida. Wright mostraría siempre una gran capacidad para mantener un tono militante y comprometido en materia racial; pero fue incapaz de someterse a una disciplina que, según él, embargaba la individualidad y sacrificaba los intereses de su raza a favor de los intereses del partido.

Native Son

En 1937, Wright se trasladó a Nueva York y comenzó a colaborar en el Daily Worker. Un año después, Harper le publicó su primer libro, Uncle Tom's Children, que incluía cuatro relatos, a los que añadiría otros dos en la edición de 1940, formando un conjunto de dudosa afinidad temática.

Native Son (1940) -novela proletaria, extraordinariamente agresiva- fue el resultado de la íntima y lógica relación del escritor con el medio social. Wright abandonaba el ámbito rural de relatos precedentes y procedía a denunciar la condición a que se ven reducidos los humanos -los negros- en un marco industrial y capitalista, proclamando el trágico desfase entre las exigencias de la nueva sociedad negra y el agarrotamiento del sistema. El protagonista, Bigger Thomas, liquida la tradicional imagen del negro sumiso y asustadizo y señala la frontera a la que parece haber llegado: la identidad por el asesinato. La novela, en sus dos primeras partes, transmite una tensión casi intolerable. Native Son proponía la extinción del sistema racista sin remilgos moralistas, dejando deslizarse en sus páginas una amenazante premonición de lo que podría ocurrir si se mantenían en el país las mismas condiciones sociales.

La publicación en 1945 de Black Boy fue la clave que permitió descubrir la naturaleza de la personalidad adulta de Wright, su rabia y su radicalización. Al mismo tiempo despejaba una zona oscura de su vida, descubriendo las raíces de su pasado inmediato, su desvinculación familiar, la angustia de sentirse no humano, las tensiones raciales, la denigración del hombre negro como ente social, el deterioro y el cansancio existencial de la raza y, finalmente, la ignorancia consentida, la aceptación fatalista de su destino de todo un pueblo sometido a leyes semi feudales. Black Boy permite asegurar que Wright realizaba un reajuste en la identidad de sus personajes. El esquema autobiográfico trazado es muy adecuado para establecer, paulatinamente, su actitud liberadora ante la brutal materialización de la realidad social, y la afirmación contundente de una identidad ferozmente individualista. Sorprende que Wright escribiera un libro eminentemente racial sin mostrar simpatía alguna por sus hermanos de raza.

Con Black Boy asistimos al espectáculo de la degradación de una raza por sí misma, a la autodestrucción cultural y social para sobrevivir a la ley de la selva, observando un vacío permanente de identidad que Black Boy -el negrito- sólo podrá superar renunciando a toda comunión de intereses junto a su pueblo. Wright presentía un distanciamiento entre él y sus hermanos, aunque ignoraba las razones concretas que le impulsaban a huír de una determinada cultura y aceptar el cambio, el movimiento, la acción, el reajuste a otra cultura. El negro -afirmaría Wright más adelante, en un ensayo sobre la literatura negroamericana- era un ser que pugnaba, vacilante, por hallar su identidad, aprisionado entre su antigua vida rural africana y la compleja industrial del siglo XX.

Su exilio en París

A mediados de 1947 hizo las maletas y, acompañado de su familia, se estableció en Francia, iniciando un exilio que iba a significar la pérdida de raíces. Sus contactos con la elite intelectual francesa -Sartre, Simone de Beauvoir- le harían concebir una novela existencialista, pero sin atreverse aún a salir de su ámbito literario, donde los personajes debían ser negros, aunque posiblemente el color de la piel no era aquí realmente imprescindible. The Outsider (1953) es un estudio sobre el comportamiento de un negro a partir del instante en que debe adoptar posiciones de futuro sin haberse acomodado aún ni al pasado ni al presente. El protagonista es un outsider, un marginado que elige la libertad como único medio de averiguar el valor de su propia existencia, y que sólo al final -un final sangriento- descubre que su búsqueda le ha conducido a la nada.

 

Simone de Beauvoir y Richard Wright en París

 

La segunda tentativa de Wright en desplazar su narrativa de su contexto habitual, llevándola a un plano existencial, fue Savage Holiday (1954), la única novela en la que todos sus personajes, incluso el protagonista, son blancos. El núcleo central lo constituye la obstrucción que sufre el hombre en su búsqueda de la libertad, evidenciando con ello la circularidad de las ideas de Wright: su denuncia de lo irracional de las relaciones entre la sociedad y el individuo; el carácter disgregante, deshumanizador, del entorno; la inquietud y desconfianza a que aboca la insatisfacción del hombre por el medio social. Los símbolos freudianos se hallan presentes a lo largo y a lo ancho de la novela.

En 1953, Wright, que mostraba hacía tiempo cierta inclinación por las cosas de África, recibió la invitación de Nkrumah para visitar la Costa de Oro (Ghana), colonia británica cuya independencia era inminente. Siendo de origen africano, Wright se preguntaba hasta dónde llegaba su africanidad en base a una herencia racial común. Pero al concluír su viaje, Wright regresó a París convencido de que su pasado africano se ocultaba tras una nebulosa. Wright era negro, pero, por encima de todo, se consideraba occidental, ciudadano de un mundo industrializado, aunque desprovisto, tal vez, de un sentido de dirección.

La "España pagana"

Un año después quiso interpretar el mundo de la España franquista, recorriendo diversas ciudades y observando la ausencia de prejuicios raciales en sus habitantes, aunque quedó impresionado por el trasfondo pagano de sus manifestaciones religiosas, la persecución oficial contra las minorías protestantes y el descarado fascismo de las clases dirigentes.

Tras un viaje a Bandung (Indonesia), donde los países del Tercer Mundo se habían reunido para analizar su postura respecto a Occidente y al colonialismo, Wright fue preparando una nueva novela. Mientras tanto, parece que sufrió una serie de ataques personales, creándose en torno a él un clima de conjura. James Baldwin hizo una alusión a la profunda soledad en que había caído. Los jóvenes escritores negros que acudían a París en busca de ayuda y consejo, ahora rehuían su compañía. En Estados Unidos ya no tenía al público ni a los editores de su parte. Es posible que alguien tratara de levantar contra él una campaña de desprestigio. La propia CIA parecía hallarse omnipresente en todas sus apariciones públicas.

En el otoño de 1958 apareció su novela The Long Dream, proyectada en principio como un análisis de la segregación racial en el ejército norteamericano estacionado en Europa, y que terminó siendo un compendio narrativo de la opresión racial en Mississipi -semejante en muchos aspectos a Black Boy-. Wright, que seguía físicamente, aunque no sentimentalmente, desconectado de su tierra, había decidido hacer limpieza general en su despensa y reanimar una serie de personajes, sin poder evitar que éstos salieran con olor a naftalina. La perfecta momificación de los mismos le permitía disimular viejos defectos formales y concretar una tesis que, en otras ocasiones, se desleía en un remolino de patologías raciales. Fishbelly, el protagonista negro, está convencido de que su padre es un rastrero adulador de los blancos y que su fortuna la ha conseguido en una agónica denigración de su identidad. Cuando, al término de la novela, se halla en el avión camino del exilio en Francia, sus reflexiones manifiestan el equilibrio de quien ha superado -pero no resuelto- el largo sueño de la identificación. Publicada veinte años atrás, esta novela habría producido una impresión distinta; pero ni Wright era el mismo ni el tema aportaba nada nuevo.

La segunda parte de una posible trilogía era la continuación de las aventuras de Fishbelly, situándole en París como fugitivo del racismo sudista; sin embargo, no sería publicada. Un nuevo proyecto de reportaje sobre diversos países africanos fracasó por falta de apoyo económico. Del mismo modo se desvanecieron sus esperanzas de colocarse como profesor en Ghana. Tampoco tuvo suerte de encontrar, cansado ya de Francia, un nuevo hogar londinense, debido a una larga enfermedad de tipo infeccioso y a la intransigencia de las autoridades de inmigración británicas. Esta serie de frustraciones personales, agravadas por la muerte de su madre en 1959, precipitó la agonía moral e intelectual del escritor, acosado por la pérdida de ingresos editoriales y por el descalabro experimentado en Estados Unidos por la escenificación de The Long Dream.

Black Power, Pagan Spain, The Color Curtain, The Outsider, Savage Holiday, o ciertas narraciones publicadas en el exilio, ponían en evidencia su desvinculación del momento racial. No obstante, Wright se resistió a frenar su labor literaria e inició la recopilación de varios de sus relatos, que completarían el volumen titulado Eight Men. Con un material heterogéneo, quiso interpretar el significante y el significado de ser negro en un mundo desconcertante.

La vuelta a la poesía

La enfermedad de Wright, extraordinariamente sensibilizado, explica su vuelta a la poesía. En aquella época conoció cierto tipo de poesía japonesa en su expresión más sencilla y simbólica: el haiku. En cuestión de meses llegó a componer unos 4.000. La esencia del haiku radica en la insinuante relación del hombre con el tiempo y con el espacio. Por ello, las estaciones del año suelen configurar el estado anímico del poeta en una mística transfusión de recuerdos. Contemplando y absorbiendo su contenido, y teniendo a la vista la fecha en que murió Richard Wright -1960- no es difícil aseverar que, en algunos de sus haikus, se advierten las grietas de su vida en tránsito, que existe conciencia de la devastación del tiempo y se presiente el pálpito de la muerte. Poemas tristes, meditativos, que dejan constancia, como un testamento, de un espacio erosionado, vacío, sin ruidos ni sobresaltos.

A finales de noviembre de ese año moría de un ataque al corazón. Sus cenizas reposan en una urna en el columbario de París.

La cuestión básica

Wright se mostró muy poco propicio a resaltar los aspectos benévolos de las relaciones interraciales, tendiendo a desfigurar el momento social mediante la magnificación de los dislates del sistema y a dramatizar el ámbito de sus personajes. No hay en él una obsesión estética; pero su inquietud anímica le lleva a estudiar frontalmente la motivación de aquellos seres de permanente interés social. En su polémico ensayo "I tried to be a communist" ("Intenté ser comunista") (1944), Wright ofrecía una meditación grave sobre los peligros de someterse a una disciplina represiva. Hasta que descubrió que su vía literaria tenía una pulsación netamente humanista, Wright mostró un efectismo panfletario.

Wright quedó convencido de que su búsqueda de una identidad le llevaba, indeclinablemente, a traspasar los límites de la negritud. En un claro proceso reductivo, iniciado en su exilio, Wright fue eliminando las notas raciales de sus personajes hasta reducirlos a la abstracción. Ni siquiera su posterior vuelta a la narrativa de protesta le sirvió para convencerse de que su identidad subyacía en el fondo de su raza: "No tengo raza, excepto la que me viene impuesta. No tengo país, salvo aquel al que estoy obligado. No tengo tradiciones. Soy libre."

P.S. Las principales obras de Richard Wright -Los hijos del tío Tom, Sangre negra, Mi vida de negro, El extraño, De la inocencia a la pesadilla, El largo sueño...- fueron publicadas en castellano por la Editorial Sudamericana en los años cincuenta; hoy son inencontrables, excepto en inglés.

 

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