ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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San Marino

 

     La Serenissima Repubblica di San Marino se halla a escasa distancia de Rimmini, en el corazón de Italia. La fundación de San Marino se atribuye al santo Marinus, un cantero procedente de Dalmacia que, a mediados del s. IV, se ocultó en el monte Titano huyendo del emperador Diocleciano.

     Esta ciudad-estado sobrevivió a la ambición expansionista de los Borgia (s. XVI) y del cardenal Alberoni (s. XVII). En la vecina fortaleza del monte San Leo murió un famoso alquimista y francmasón -en realidad, el más grande impostor de todos los tiempos- llamado Cagliostro. San Marino acogió temporalmente a mediados del siglo XIX al unionista Garibaldi -otro francmasón-, perseguido por las tropas austriacas. Tras la unificación de Italia, San Marino declinó formar parte de la misma. Durante la II Guerra Mundial acogió a miles de refugiados del holocausto.

     San Marino es un país minúsculo (28,119 habitantes para 60 Km2, el más pequeño de Europa después del Vaticano y Mónaco), en las estribaciones de los Apeninos y pegado al Monte Titano (749 m., altura similar a la del Montgó, entre Denia y Jávea), en cuya cima sobresalen tres picos coronados por otras tantas torres-fortaleza. Es un lugar tranquilo y sin pleitos internacionales, con una historia de 1.650 años y una constitución que data de 1600, renovada tras la ley electoral de 1926. Lo componen nueve castelli (municipios): Acquaviva, Borgo Maggiore, Chiesanuova, Domagnano, Faetano, Fiorentino, Monte Giardino, San Marino y Serravalle

     La jefatura de estado es bicéfala -dos capitani reggenti elegidos por el parlamento cada seis meses-, aunque el ministro de asuntos exteriores ejerce las funciones de jefe de gobierno. Siguiendo una centenaria costumbre, ninguno de los regentes puede abandonar el país mientras dure su mandato, estando obligados a acudir juntos a todos los sitios para asegurarse de que ninguno conspira contra el otro. El ejército es simbólico, compuesto de voluntarios, y los agentes de policía son reclutados en Italia para garantizar la imparcialidad en las querellas o delitos -si es que se llega a cometer alguno-, habida cuenta que casi todos los sammarinese están emparentados entre sí.

     Los ingresos de San Marino proceden del turismo (unos 3,5 millones de visitantes, en su mayoría italianos), la agricultura -esencialmente vino y queso de oveja-, la artesanía y, al igual que ocurre en Andorra, Mónaco, Liechtenstein y la isla de Pitcairn, de las emisiones de sellos.

     El 85% de los sammarinese hablan el emiliano-romagnolo, un dialecto derivado del italiano; el resto se expresa también en otras variantes del italiano.


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