Emilio García Gómez

 

Sudán y Somalia,

arquetipos del África medieval

 

El caso de Sudán

 

 

 

La mayoría de los países del Tercer Mundo suelen tener muchas cosas en común; entre ellas, una gran diversidad étnica y lingüística, un pasado colonial y unos gobiernos plagados de generales, bien ocupados en llenarse los bolsillos antes de que sobrevenga un inesperado golpe de estado, como el que les llevó a ellos al poder. La nómina del régimen republicano de Sudán se compone de oficiales, ex miembros del ejército revolucionario islámico y unos cuantos civiles que dan la cara ante los ojos del Fondo Monetario Internacional a la hora de negociar los créditos, normalmente impagados.

Allí no hay espacio para la sorpresa. El país no ha conocido un solo gobierno civil desde su independencia de Inglaterra en 1956. Cuando un personaje de largo nombre y largo brazo como Umar Hassan Ahmad al-Bashir es elegido presidente y, simultáneamente, jefe de estado con un 86,5% de los votos (marzo de 1996), lo único que cabe deducir es que su popularidad no nace del discernimiento y la concesión democrática de la gente de la calle, sino del caudillismo y el control de la población por parte de la mafia política, militar y religiosa.

 

Sudaneses ocupando su ocio*

 

Siendo Sudán un estado pro-islámico, es imposible sustraerse a la influencia divina sobre el conjunto de la sociedad, cuya mísera vida transcurre combatiendo la aridez de los campos, vigilando el famélico ganado y, en sus ratos libres, arrodillándose en el pavimento de mármol de las mezquitas para pedirle a Alá que les conceda su perdón por ser tan pobres.

 

Fiesta islámica de Eide-al-Adha*

No estamos hablando de una nación pequeña, sino de la más grande, por extensión, de África, con 2,500.000 kms2 (cinco veces España), habitada escasamente por poco más de 37 millones de personas y teniendo amplias fronteras con vecinos incómodos - Egipto (1.273 km), Libia (383 km), Chad (1.360 km), República Centroafricana (1.165 km), República Democrática del Congo (628 km), Uganda (435 km), Kenia (232 km), Etiopía (1.606 km) y Eritrea (605 km) – y con 853 km de costa sobre el Mar Rojo.

A pesar de su clara división geopolítica –el norte habitado por musulmanes, la mayoría sunitas, y el sur por indígenas animistas-, Sudán es un país heterogéneo, donde se hablan 134 lenguas como el nuer, del tronco nubio-nilótico, el zande de la rama níger-congo, el hausa afroasiático y el árabe semítico, así como una versión criolla de este último. Aunque existe una poderosa corriente oficial de islamización y arabización del país, el inglés es una lengua ampliamente apetecida por la clase más culta y con vocación mercantil.

 

Festejos de boda en Sudán*

Teniendo en cuenta el carácter discriminatorio del islam en determinadas facetas de la vida social, la mitad de la población femenina es analfabeta, por “sólo” el 30% de los hombres. Sin embargo, sustituir la bella, pero enrevesada, grafía arábiga por el sobrio alfabeto neolatino para facilitar la enseñanza y el aprendizaje de la escritura no mejoraría la situación, a diferencia de lo que ocurrió en Turquía a partir de la reforma cultural de Atatürk.

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*Fotografías tomadas de la página oficial de Sudán - http://www.sudan.net/.  Información oficial sobre el país, así como una recopilación de las leyes sudanesas, se puede encontrar en la misma web.

 

El caso de Somalia

 

 

 

El caso de Somalia, donde un elevado número de sus habitantes es también analfabeto, a pesar del tiempo transcurrido desde que se introdujo el alfabeto de la Europa occidental, es una espléndida muestra de cómo la obra de un pésimo régimen político y religioso, con independencia del método de escritura que se emplee, puede retardar el progreso de una nación e incluso devolverla a la prehistoria.

 

Mujer somalí 

Foto tomada de http://www.trumanlibrary.org/museum/

 

La República Democrática de Somalia, nació en 1960 de la fusión de los distritos coloniales británico e italiano. A pesar de su denominación oficial, Somalia se halla muy lejos, al igual que Sudán, de ser una nación democrática; desde el principio, los gobiernos han sido presidencialistas, legitimados, desde 1969, por el uniforme militar, el golpe de estado, el magnicidio y el régimen de terror. El general Siad Barre, de ideología marxista, gobernó el país como un déspota durante 22 años, de 1969 a 1991. En uno de los procesos electorales, llegó a obtener un inverosímil 99% de los votos. 

 

Mogadiscio durante la ocupación colonial de Italia

 

En Somalia no existen partidos políticos, como no los hay, aunque por distintas razones, en el Vaticano, Kuwait, Libia, Omán, Qatar, Bahrain, Bután, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y, de momento, aunque en proceso de constituirse, Irak (en Cuba, China, Vietnam, Laos y Corea del norte sólo se permite un partido, el comunista). El sistema legal somalí se basa en la arcaica sharia, o ley islámica, que se sigue practicando aquí como en Nigeria o Arabia Saudita, aunque en otros, por ejemplo Turquía, hace mucho que fue prohibida y sustituida por reglamentos de carácter laico. Conviene recordar que la sharia establece normas de conducta moral y civil que controlan los actos de los fieles seguidores del profeta Mahoma, cuya vida y palabras, como reflejo de la voluntad de dios, gobiernan la actividad humana en gran parte del mundo islámico: acciones prohibidas, acciones censurables pero no prohibidas, acciones indiferentes, acciones recomendables, acciones deseables y acciones obligatorias. Estas categorías son totalmente extrañas a la legislación y la idiosincrasia occidentales.

La unidad religiosa no ha impedido las frecuentes tensiones entre los distintos clanes, que, en 1991, desencadenaron una sangrienta guerra civil y dieron origen a la creación de un estado rebelde, Somalilandia, que en ningún momento ha contado con reconocimiento internacional. La existencia de otro estado semiautónomo, Puntland, creado en 1998, hace aún más difícil la concentración del país, cuya capital, Mogadiscio, es el punto de conflicto de los indeseables “señores de la guerra”, que ambicionan el control de la misma. La intervención de algunos países árabes o islámicos -Sudán, Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos Árabes y Malasia- en tareas supuestamente humanitarias, hacen pensar en el incremento de la intimidación fundamentalista y el apoyo a redes terroristas internacionales como Al Qaeda. El anterior presidente interino, Abdulkassim Salad Hassan, ha sido sospechoso de caminar en el filo de la navaja, declarándose, por una parte, a favor de acabar con los activistas radicales que han hecho de Somalia una base segura y, por otra, siendo tolerante con grupos de extremistas islámicos, poniendo como excusa frenar a los clanes opuestos al gobierno.

 

Escolares somalíes

 

Somalia, con apenas 8 millones de habitantes (el último censo se realizó en 1975) para un territorio de 630.000 kms2 (más grande que España y Portugal juntas), es bastante homogénea desde un punto de vista religioso (mayoría musulmana), lingüístico (13 idiomas) y étnico (somalíes al 85%, lo que inclina a muchos hacia la xenofobia), aunque la masa social está repartida en numerosos clanes. Según el The Ethnologue (14th ed. 2000), poseen rango oficial a) el somalí, que se representa con el alfabeto neolatino desde su adopción en 1973, más adaptable a la fonética somalí que otras opciones, con unos seis millones y medio de hablantes; b) el árabe clásico, aceptado por razones religiosas, aunque hay muy pocas personas capaces de hablarlo o escribirlo; y c) el inglés, que se emplea más en el norte del país. Debido a la larga permanencia en Somalia de la administración italiana, todavía quedan restos del idioma itálico, especialmente en las escuelas y universidades. Durante y algunos años después de la independencia, la mayoría de los documentos legales estaban escritos en inglés e italiano.

Texto en somalí-alfabeto osmanya:

A continuación, el mismo texto en alfabeto neolatino:

Aadanaha dhammaantiis wuxuu dhashaa isagoo xor ah kana siman xagga sharafta iyo xuquuqada Waxaa Alle (Ilaah) siiyay aqoon iyo wacyi, waana in qof la arkaa qofka kale ula dhaqmaa si walaaltinimo ah.

Traducción:

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Están dotados de razón y conciencia y deberían actuar  con  espíritu de hermandad de los unos hacia los otros (Art. I de la Declaración Universal de los Derechos Humanos)

Con una población inestable debido al nomadismo y los desplazamientos forzados por las guerras y la migración, Somalia es una de las naciones más pobres del mundo. Sin ferrocarriles, sin canales navegables, sin marina mercante (a pesar de que posee 3.000 kilómetros de costa sobre el Golfo de Adén y el Océano Índico), sin una industria consolidada, sin maquinaria, que fue convertida en chatarra como consecuencia de la guerra civil, sin datos fiables acerca de su economía y sin control sobre la actividad social y política, el país se halla en manos de la improvisación y la anarquía, que no impiden, sin embargo, los intercambios comerciales, aunque sean primitivos, como el uso de moneda extraoficial emitida por los propios marchantes y a espaldas de un sistema bancario de rigor, lo que favorece el enriquecimiento de unos pocos y la miseria de la mayoría. El analfabetismo es una plaga que sojuzga al 75% de las mujeres y al 50% de los hombres. La esperanza de vida apenas llega a los 47 años, con una mortalidad infantil del 12,5% y un grado de fertilidad que supera los siete hijos por mujer, en la línea de las regiones más dependientes de los niños para el sostenimiento de la unidad familiar. Se puede decir que el país –de la mano de sus dirigentes- ha dado la espalda al siglo XXI y regresado a la Edad Media, de donde, para llegar a las condiciones actuales, nunca debió partir.

 

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