ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Suiza

 

     Si pensamos que a Suiza se puede llegar navegando desde Alemania, Francia, Italia y Austria, entonces adquiere un poco más de sentido la jocosa referencia a la armada suiza: los lagos de Ginebra, Constanza, Maggiore y Lugano son espacios tan abiertos al exterior como cualquier costa del Mediterráneo o del Báltico.

     La Confederación Suiza recibe diversos nombres: Helvetia, Confoederatio Helveticae, Schweiz, Suisse, Svizzera. En 1956 tenía 5 millones de habitantes; cuarenta años después, en 1998,  ha llegado a los 6.700.000 y a 7,318.638 en 2003.El índice de alfabetización es del 100%. Casi medio millón son emigrantes o descendientes de emigrantes y refugiados políticos: 1.500 tibetanos, 13.000 kurdos, 53.000 turcos, 86.000 portugueses, 117.000 españoles y 142.000 serbo-croatas.

     Políticamente Suiza es una confederación de 25 cantones independientes, de los cuales tres albergan particiones semi-autónomas. El país nació en Rütli en 1291 mediante un pacto de mutua asistencia ad secula entre Schwyz, Uri y Unterwalden, al que se unió Lucerna en 1332, Berna en 1353 y otros cantones en los siglos sucesivos. En 1815 la liga se cerró con la entrada de Ginebra, Valais y Neuchatel. La filosofía de la federación es impedir la excesiva concentración de poder en unas pocas manos, sea un individuo, una comunidad o un cantón. Por consiguiente, las decisiones importantes se toman mediante el plebiscito. Formalmente la capital es Berna, pero el poder reside en la comuna. El mandato del presidente de la nación es para un año. El sufragio secreto y universal se combina en las asambleas de vecinos con el voto a mano alzada, tradición conservada desde la Edad Media.

     Cada ciudadano posee un arma, que es a la vez un derecho y un símbolo de su libertad, así como un obligado instrumento de defensa en caso de conflicto bélico. El caso suizo es similar al de Estados Unidos, donde constitucionalmente se reconoce al pueblo el mismo derecho a armarse que había poseído en exclusiva la nobleza europea hasta la Revolución. La Guardia Suiza del Vaticano es muestra de épocas pasadas, cuando el mercenario suizo era aclamado en Europa por su resistencia y ferocidad.

     Berna fue fundada en el lugar donde mataron a un oso, palabra que en alemán dio nombre a la ciudad. El castillo de Chillon, construido en el siglo XIII sobre un islote del lago Ginebra, ocupado desde la Edad del Bronce y fortificado por los romanos, fue inmortalizado por Byron en 1816 en su poema “El prisionero de Chillon”, donde narra las desventuras de un pobre cautivo llamado Bonnivard -de eso hace 400 años-. Los duques de Saboya tuvieron a bien encerrar en sus mazmorras a diversos líderes religiosos y políticos suizos.

     A pesar de la dureza de su clima y de su geografía, los suizos han logrado construir uno de los estados más sólidos del mundo; las importaciones de materias primas y alimentos se ven compensadas por una potente industria, un hermético y eficaz sistema bancario y un turismo millonario. Durante 150 años el Matterhorn ha atraído a miles de alpinistas, fascinados por la idea de dejar su nombre en la lista de despeñados.

     En Suiza se hablan 10 lenguas y unos 70 dialectos. Son oficiales la variante suiza del alemán, que habla el 72% de la población, el francés, usado por el 33%, el italiano por el 15%, y el reto-romance por el 0,6%, pero la mayoría son bilingües en dos de las cuatro lenguas oficiales.

     El término reto-romance (llamado también romansch, romanche, raetiano) se deriva de Raetia, antigua provincia romana (hoy Grisons). En evidente retroceso, se habla principalmente en la zona fronteriza de Italia y Austria y de él emanan diversos dialectos. La proximidad del reto-romance al francés, el catalán, el español, el sardo, el rumano y el portugués es aproximadamente de un 75%.

     El italiano, con 195.000 hablantes, se emplea intensamente en los cantones italianos. Una variante de esta lengua, el lombardo, se utiliza en Ticino, cantón que le da nombre -ticinés-, con 300.000 hablantes. También se oye en Graubunden y cerca de St. Moritz. Conviene aclarar que el ticinés, el lombardo y el italiano son casi ininteligibles entre sí.

     El alemán de Suiza, con 4.215.000 hablantes, recibe el nombre de schwytzertuetsch o schwyzerdutsch, mientras que el correspondiente de Austria se denomina allemannisch y en Alsacia (Francia) alsaciano. El variable continuo dialectal suizo-alemán se aloja en los respectivos cantones -Berna, Basilea, Lucerna, Obwald y Zürich-. Si bien el schwytzertuetsch es notablemente distinto al alto alemán, o alemán estándar, los suizos germano-hablantes conocen bien éste último, que han aprendido en la escuela y en la universidad, aunque prefieren mantener su variante como seña de identidad.

     21.000 gitanos suizos hablan o entienden el romaní-sinte, muy extendido por Europa. Los sordos del país aprenden el lenguaje de signos correspondiente a una de las tres variantes: francesa, alemana e italiana.


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