ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Turquía

 

     En 1925 se inició en Turquía una reforma a escala nacional que prohibía el uso del fez y el velo y obligaba al relevo de la escritura arábiga por la latina. Durante el curso 1928-1929 fue puesta en práctica por los centros educativos y, a finales de diciembre de ese mismo año -ahora hace 70-, todos los periódicos sin excepción tenían que publicar sus noticias usando el nuevo alfabeto, si bien contaron con subvenciones gubernamentales para la adaptación tipográfica. Dos años después, el proceso de desislamización y occidentalización quedó casi completo: todos los escolares habían aprendido a leer y escribir en este sistema ortográfico y ya nadie podía leer un periódico, un letrero, un impreso o una carta oficial que no fuera en caracteres latinos. Sólo se respetaron las estilizadas inscripciones de la caligrafía árabe en las manifestaciones artísticas del pasado y en los muros y bóvedas de las mezquitas, y, por supuesto, los números arábigos. Los más favorecidos por esta transformación radical fueron los analfabetos, que vieron facilitado su acceso a la lengua escrita con la sustitución de medio centenar de combinaciones de símbolos arábigos por sólo 29 grafemas, a saber: a, b, c, ç, d, e, f, g, g (palatal marcada con diacrítico), h, I (sin punto), i, j, k, l, m, n, o, ö, p, r, s, s (palatal marcada con diacrítico), t, u, ü, v, y, z. No figuran q, w, x. Otras personas que recibieron el cambio con sorpresa, y luego con alegría, fueron los turistas occidentales, incapaces hasta entonces de descifrar la elegante pero impenetrable caligrafía árabe que coronaba las estaciones de ferrocarril e identificaba las poblaciones. Los hombres de negocios también aceptaron de buen grado las transformaciones de la lengua turca, aunque algunos fabricantes de máquinas de escribir y material impreso tuvieron que rectificar sus productos sobre la marcha o perderlos. No obstante, algunos comercios en zonas frecuentadas por los europeos llevaban mucho tiempo anunciando su mercancía en escritura árabe y latina. Los escribas profesionales se vieron en la necesidad de reciclarse y contribuir incluso a la realfabetización de los funcionarios del estado.

     Turquía sigue adelante en la ruta de la occidentalización iniciada por Atatürk, que espera culminar con su integración en la Comunidad Europea. No obstante, su configuración lingüística, étnica y religiosa, a pesar de que el estado es aconfesional, no contribuye a facilitar el tránsito. Los siguientes datos, tomados del “Etnólogo” (ed. B. Grimes 1996), reflejan la enorme riqueza cultural y pluralidad lingüística del país, fruto de las invasiones, emigraciones y cambios políticos que han ocupado su historia.

     El abaza, de la familia caucásica, es hablado por 10.000 personas en Turquía (35.000 en Rusia, unos pocos emigrantes en Alemania y Estados Unidos y otros 45.000 en el resto del mundo). El abjazo -que también se habla en Georgia y Ucrania- lo conservan unos 35.000 turcos. 130.000 personas se expresan en adigeo, lengua que han llevado consigo los expatriados y emigrantes a Israel, Siria, Jordania, Irak, Estados Unidos, Alemania, Macedonia, Rusia, Arabia Saudita y Grecia. El albanés, de origen indoeuropeo, lo hablan 65.000 personas en Turquía, de un total de tres millones de hablantes en Albania, Grecia, Italia, Ucrania, Canadá, Estados Unidos y Egipto. El árabe constituye una lengua de gran aceptación entre sus 400.000 hablantes turcos, aunque sólo los más cultos entienden la escritura arábiga. Hay unos 70.000 armenios en Turquía, de los cuales hablan esa lengua poco más de la mitad. El azerí lo hablan 530.000 turcos, de un total de 13 millones de hablantes en Irán, de 300.000 a 900.000 en Iraq y unos pocos en Siria, Jordania y Afganistán. El turco balcánico, con sus diversos dialectos, es hablado por más de 300.000 turcos, y otros tantos utilizan el turco crimeano, que también se oye en Kirguizistán, Moldavia, Ucrania, Uzbekistán, Rumania, Bulgaria y Estados Unidos. El búlgaro es la lengua no oficial de otros 300.000 habitantes, muchos de ellos refugiados del país de origen. El dimli -o zazaki- lo habla la etnia denominada zaza, con aproximadamente un millón de miembros. Algunos de ellos, emigrantes en Alemania, se muestran bien activos, hasta el punto de intentar la publicación de una revista. También en Alemania mantienen una casa cultural y una revista los escasos supervivientes que hablan laz -o lazuri-, mientras que sus 120.000 compatriotas que siguen en Turquía, la mayoría pescadores, mantienen la lengua a nivel exclusivamente verbal. El domari es una lengua minoritaria en Turquía, unos 20.000 hablantes, la mayoría gitanos, de un total de medio millón desperdigados por Libia, Egipto, Rusia, Uzbekistán, Afganistán y la India. El georgiano lo hablan unos 40.000 habitantes en Turquía, la mayoría de los cuales son bilingües en turco. El griego apenas se oye actualmente en Turquía a causa de los acontecimientos políticos de 1974. A principios del siglo XX el censo de la población de origen griego alcanzaba el millón y medio; hoy apenas quedan unos 4.000. El herki, lengua indoeuropea, es una rareza en Turquía y se desconoce el número de hablantes. Algo parecido ocurre con el hértevin, de posible origen afrosemítico, como el arameo; los 300 únicos hablantes del pueblo de Ekindüzü se han dispersado por la geografía turca y se desconoce el número de supervivientes. Es una lengua en vías de extinción, aunque se conservan documentos escritos en caracteres sirios. Quedan unos 200.000 hablantes de kabardian en Turquía, lengua compartida por medio millón de hermanos en Rusia y un par de miles en Estados Unidos.

     El kazaj (la lengua de los cazacos) apenas lo hablan unos centenares de personas en Turquía, frente a una población de seis millones y medio en Rusia, un millón en China, 100.000 en Mongolia y unos pocos miles en Irán y Afganistán. Los constantes movimientos de refugiados y emigrantes hacen que la población de hablantes de kazaj sea inestable. El kirguiz, lengua de la familia altaica, lo emplea un millar de personas, aunque no han aprendido a leerla en el alfabeto cirílico. 140.000 personas hablan kirmanjki en situación de diglosia, sobre todo mujeres mayores y niños, hallándose muy repartido en los pueblos de las sierras. Quienes han tenido la oportunidad de emigrar a Europa occidental se han llevado consigo la lengua a Alemania, Francia Holanda, Inglaterra, Suecia, Suiza, Austria y Dinamarca. El kumyk apenas se oye en Turquía, aunque en Rusia (190.000 hablantes) la lengua tiene rango literario, expresado en alfabeto cirílico.

     El kurmanji, la lengua de los kurdos, es hablada por 4 millones de personas en Turquía, de un total de 12 a 15 millones de miembros de la etnia repartida por Siria, Alemania, Armenia, Kazajistán, Kirguizistán, Turkmenistán, Azerbayán, Georgia, Jordania, Líbano, Irán, Irak, Bahrain, Kuwait, Francia, Austria, Estados Unidos, Bélgica, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza e Inglaterra. Una dispersión tan dramática hace imposible su reagrupación nacional, aunque se ha convertido en uno de los mayores quebraderos de cabeza para el gobierno turco. Es interesante ver que la lengua de los kurdos se representa de diversas maneras, según sea la escritura oficial del país donde viven, de manera que se puede leer en caracteres latinos, arábigos o cirílicos. El alfabeto armenio ya no se emplea para representar el kurmanji kurdo. De todas formas, sólo un 28% de ellos está alfabetizado.

     Capítulo aparte, por su especial interés para los hispanohablantes, merece el ladino, judeo-hispánico o judezmo, que todavía se puede escuchar en las calles de Estambul y leer en un semanario de la capital, donde vive la mayor parte de sus 8.000 hablantes -de un total de 160.000 en todo el mundo, según las estimaciones más optimistas-. Esta habla está a un paso de su desaparición, merced sobre todo al holocausto de la II Guerra Mundial y a la asimilación por el hebreo en Israel. En Brooklyn, Nueva York, existe un hogar del jubilado judío al que en 1993 solían acudir Sol Davidson y Leo Baracas a conversar en la lengua heredada de sus antepasados expulsados de España. Posiblemente ya hayan dejado de hacerlo.

     De los 600.000 hablantes posibles de osetino no se sabe cuántos siguen en Turquía. Del romaní aún quedan 40.000, de un total de un millón desperdigados por los Balcanes y Europa occidental. Hay escasos testigos del serbo-croata, o bosnio, en Turquía, unos 60.000, de un total de 21 millones repartidos en Yugoslavia, Macedonia, Rumania, Hungría, Eslovaquia, Austria, Italia, Grecia, Rusia, Suecia, Estados Unidos, Canadá y Australia. Los bosnios turcos son bilingües en su mayoría. Hay en Turquía un pequeño grupo de hablantes de shikaki -otros también en Iraq e Irán-, pero su recuento es difícil. El sirio clásico, o siríaco, sólo se emplea para el culto religioso, por lo que se considera como lengua fósil sin hablantes activos. Quedan unos pocos miles de hablantes de tatar en Turquía; la mayoría -unos 7 millones- residen en Rusia, Afganistán, China, Finlandia y Estados Unidos.

     El turco, lógicamente, es la lengua de comunicación más extendida y protegida en Turquía, con unos 46 millones y medio de hablantes, sobre una población total de 68.109,469. Pero, como muestra de la expansión imperial y el éxodo y emigración a los que se han visto obligados los turcos, hay casi 900.000 en Bulgaria, 20.000 en Uzbekistán, 120.000 en Chipre, 130.000 en Grecia, 63.000 en Bélgica, un millón y medio en Alemania, 150.000 en Rumania, 250.000 en Macedonia y Yugoslavia, 135.000 en Francia, 192.000 en Holanda, 67.000 en Austria, 20.000 en Suecia, 30.000 en Dinamarca, 1.000 en Finlandia, 53.000 en Suiza, 60.000 en Inglaterra, 24.000 Estados Unidos y unos pocos en los Emiratos Árabes, Rusia, Ucrania, Irán, Irak, Honduras y El Salvador.

     Muy repartidos por el mundo se hallan igualmente los hablantes de turoyo -3.000 en Turquía y unos 70.000 en total-. Entre los jóvenes crece el deseo de preservar esta lengua y la liturgia mantiene la escritura siríaca. El uyghur apenas lo habla medio centenar de personas en Turquía, de un total de 7 millones y medio diseminados por todas partes, desde China (7 millones) hasta Taiwán, pasando por Kazajistán, Afganistán, Pakistán y Mongolia. Finalmente, hay unos 2.000 hablantes residuales de uzbeco, todos refugiados de Afganistán, aunque naturalizados turcos, de un total de un millón y medio en Afganistán y Pakistán.  

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Fuentes: The Ethnologue, edit. B. Grimes, SIL 1996, 2000); CIA World Factbook 1998, 2003.


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