ETNIAS Y LENGUAS DE EUROPA

Emilio García Gómez

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Ucrania

 

     Ucrania (Ukrayina) es un país extenso -el segundo de Europa-, con 603.700 Km2, 48,055,439 habitantes en 2003 (casi 2 millones menos que en 1998)*, con grandes recursos industriales y agrícolas, un clima lleno de contrastes, una geografía de estepas, llanuras y zonas montañosas en los Cárpatos y la península de Crimea y situado estratégicamente entre Bielorrusia, Eslovaquia, Hungría, Moldavia, Polonia, Rusia, Rumania, el Mar Negro y el Mar de Azov. El principal grupo étnico que configura su población es de la familia eslava, con un 73% de ucranianos, un 22% de rusos y un 1% de bielorrusos. El resto se compone de 476 abjazos, 5.000 albano-toscos, 38.000 alemanes, 54.000 armenios, 3.672 bashkir, 234.000 búlgaros, 21.000 checos, 7.555 cosacos, 634 dargwa, 19.000 erzya, 12.000 eslovacos, algunos gagauz, 24.000 georgianos, 104.000 griegos, unos cuantos jakati y karaim, 574 lak, 1.708 lezgi, 4.554 osetinos, 1,151.000 polacos, 5.000 serbo-croatas, 2.215 tajiki, 90.542 tártaros, 200.000 turco-crimeanos, un número impreciso de turcos y 10.563 uzbecos del norte.** Se piensa que el 1% de la población es judía. La religión predominante es la cristiana ortodoxa en sus diversas facciones -ortodoxa, católica y protestante-. Quienes profesan la versión local -una mezcla de rito ortodoxo y romano-, rezan en ucraniano y se cruzan el pecho de derecha a izquierda reciben el nombre de ucranianos católicos.

     La historia antigua de Ucrania está ligada al movimiento de los nómadas de Asia central, los escitas, en busca de las fértiles llanuras del suroeste. Por su parte los griegos y sus herederos imperiales, los romanos, buscaron aposento en las riberas del Mar Negro y del Mar de Azov, fijando contactos comerciales con los pueblos pérsicos. En el siglo II de nuestra era comenzó el descenso de las tribus bálticas hacia el sur, que más tarde se cruzaron con los godos, los hunos, los búlgaros y los ávaros. En la península de Crimea hubo un grupo de población que hasta el siglo XVIII se expresaba en gótico, de la misma rama que el ostrogodo y el visigodo, lenguas hoy desaparecidas. Parte de la actual Ucrania fue ocupada por los turco-khazares y luego sucesivamente por los magiares, los pechenegs y los polovtsianos. Las antiguas colonias griegas de Crimea apenas sobrevivieron a las invasiones, a pesar del soporte que recibieron del imperio bizantino. Los pueblos eslavos que ocupaban originalmente los Cárpatos septentrionales fueron desalojados por otros pueblos germánicos y dispersados hacia los Balcanes, Belarrusia y la región de Moscú.

     Una de las tribus eslavas más antiguas, los polianios, fundaron la actual capital, Kiev, en la región de Kievan Rus, tras su fusión con los invasores nórdicos -vikingos-, que tenían abierta una vía de penetración hasta Bizancio. La palabra rus -ruso- procede de aquella época. Kievan Rus alcanzó su apogeo en los siglos X y XI con Vladimiro I y Yaroslav. Vladimir se convirtió al cristianismo y con él a todo el país. El establecimiento de una iglesia oficial contribuyó al empleo por primera vez de la lengua escrita, conocida como eslavónico eclesiástico. La llegada de los mongoles en el siglo XIII acabó con la hegemonía de Kiev, aunque una sección de Galicia, al oeste de Ucrania, continuó durante algún tiempo bajo el control eslavo. En el siglo XIV Lituania se hizo con casi toda Ucrania, pasando Galicia a manos de Polonia. Tras el tratado de Lublin in 1569, Ucrania fue cedida a Polonia, lo que explica la actual división religiosa entre ortodoxos y católicos ucranianos. En 1654 Polonia-Lituania se vieron a reconocer la soberanía rusa sobre Kiev. Ucrania comenzó a desarrollarse de forma cada vez más autónoma bajo el gobierno de una nobleza militar cosaca -un auténtico estado cosaco-, hasta que en 1775 el ejército ruso de Catalina la Grande abortó su intento de secesión. El imperio ruso se hizo con nuevas tierras en Ucrania al oeste del río Dnieper, dejando Galicia para Austria. El siglo XIX vio crecer en todo el mundo diversos movimientos de liberación y Ucrania sufrió la represión de Moscú respecto de su lengua y su identidad cultural y nacional, aunque la población ucraniana de Galicia, en manos austriacas, recibió mejor trato. La Revolución rusa de 1917 supuso la caída de Ucrania, cuatro años después, en manos de los soviets. En 1924 Ucrania pasó a formar parte de la Unión Soviética hasta que por fin, tras el colapso de la Unión, Ucrania se emancipó definitivamente como república democrática multipartidista.

     El régimen soviético dio fin al analfabetismo del país a costa de suprimir las libertades individuales, controlar el uso de las lenguas y las culturas locales y completar el proceso de rusificación, del que fueron sangrantes muestras las purgas de Stalin y las hambrunas provocadas para forzar la colectivización de las tierras, con más de cinco millones de ucranianos muertos o deportados. Del mismo modo que durante el imperio turco se transformaron numerosas iglesias cristianas en mezquitas, despojándolas de todo tipo de imaginería, también la barbarie estalinista quiso acabar con toda clase de símbolos tradicionales que pudieran significar un compromiso con los valores nacionales ucranianos, iniciando la demolición de numerosas iglesias ortodoxas y monasterios. Las protestas internacionales lograron que se preservase uno de los lugares de culto más representativos de Ucrania, Santa Sofía de Kiev, erigida en el siglo XI por Yaroslav. De hecho, si el arte ucraniano es el reflejo de los trasvases culturales que ha recibido a lo largo de su historia, aún lo es más de la tradición bizantina en forma de mosaicos e iconos de gran belleza. No obstante la represión estalinista, se fomentó la educación universitaria, especialmente encauzada hacia la industria, respetándose e incluso potenciándose instituciones de prestigio como la Academia de Ciencias de Ucrania, fundada cuando todavía era una nación independiente. A finales de 1999 la influencia de los burócratas con mentalidad pro-soviética, comunista y estatalista en el parlamento ucraniano todavía se deja sentir, impidiendo una transformación radical del estado y de la economía de cara a la unión con Europa occidental.

     En Ucrania se hablan nueve lenguas. El húngaro es la lengua de 187.000 personas en el interior de Ucrania, así como de algunos gitanos de Transcarpatia. De 250.000 a 750.000 personas residentes en Ucrania -básicamente en Bukovina y Besarabia meridional, incorporadas a la URSS tras el tratado de Ribentrop-Molotov en 1939- se expresan en rumano, sobre un total de un millón de miembros de esta procedencia. Es incierto el número de gitanos que vive en Ucrania, pero los dos grupos principales de la etnia, el carpático y el valaco, todavía hablan su respectiva variante romaní. El millón largo de personas de origen polaco que viven en Ucrania justifica el mantenimiento de esta lengua, sin ser oficial, al igual que el ruso. El rusin, o cárpato-rutenio, de la rama eslava, también se habla en Transcarpatia. En la región de Donetsk, al sureste de Ucrania, quedan unos pocos hablantes de urum, del tronco altaico-túrquico, emparentado con el tártaro crimeano.

     Durante el dominio soviético una minoría de origen ruso impuso su estilo de vida y su lengua en todo el país, hasta que la independencia de Ucrania en 1991 le devolvió la lengua nacional, el ucraniano, que, en sus distintas versiones dialectales, se sigue escribiendo en alfabeto cirílico y es la lengua oficial y la más extendida en el país. En Ucrania no hubo manifestaciones literarias de importancia en lengua vernácula hasta muy entrado el siglo XVIII. La razón es que la lengua no fue capaz de competir con sus vecinas más poderosas como el polaco, el ruso o el eslavónico eclesiástico, en las que preferían expresarse los propios escritores ucranianos. El siglo XIX fue el punto de partida para la auténtica literatura nacional, no sin encontrar toda suerte de obstáculos, como la prohibición de editar libros en ucraniano. Su parentesco con otras lenguas eslavas como el ruso o el búlgaro impidió su normalización y normativización como lengua nacional. En 1905 la Academia Rusa de las Ciencias declaró que el ucraniano era una lengua independiente, no un simple dialecto del ruso. La decisión, evidentemente, fue política, pero satisfizo perfectamente una de las aspiraciones más sostenidas del nacionalismo ucraniano: el reconocimiento del vernáculo, más próximo al antiguo eslavónico que a la lengua del imperio ruso.

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*Cifras de CIA Worldfactbook 1998; según Encyclopedia Britannica, 52,236.000 personas (estimación del año 1993) y, según The Ethnologue, 53,770.000 (est. 1995).

**Datos proporcionados por The Ethnologue (Ed. Grimes 1996), reproducidos con su autorización.  


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