Emilio García Gómez

 

Los valores de la patria

 

El nacimiento de Ciutadans de Catalunya (Barcelona, 4 de marzo de 2006) debe tenerse en cuenta como contrapeso del desmesurado intervencionismo institucional y la presión política sobre el pueblo catalán. Su aparición es insólita en un país que dice mirar al futuro desde una plataforma del siglo XXI utilizando instrumentos y metodologías del XIX.

 

Albert Boadella, uno ce los impulsores de Ciutadans de Catalunya

 

Atentos seguiremos, pues, suponiendo que alguna vez no lo hemos estado, al discurso, la teoría y la praxis de los mobilizadores social-nacionalistas, cada vez más ensimismados y recreándose -sin jamás agotarse- en su contemplación del alma del pueblo, la más germánica y recalcitrante manifestación del Volksgeist. Su acto primordial es meterse a diario en la placenta étnica y poner a hervir la olla de las esencias nacionales, tratando de eliminar las impurezas que se les han pegado del contacto con pieles, sangres, esqueletos, miradas, hablas y usanzas intrusas y amestizadas. “Cuando alguien exhibe su amor por su patria”, escribió H.L. Mencken,“es señal de que espera una recompensa.” La que estos reciban será una referencia en el vademécum oficial de su nación.

Para George Orwell, el nacionalismo es el ansia de poder moderada por la frustración. Chovinismo, racismo y xenofobia han reinado en épocas de segregación y estratificación social, y no parece que se pueda utilizar la memoria para remediar, no refrendar, los males de la historia. La hostilidad hacia individuos concretos siempre se convierte en beligerancia contra comunidades enteras. La insularidad de Japón y la impenetrabilidad de China, por poner dos ejemplos entre mil que podemos ofrecer, han generado una larga y proverbial tradición de exclusión de las minorías forasteras. El blindaje de un territorio para obtener privilegios exclusivos es la antesala para otro tipo de iniciativas. Herman Goering lo expresó de esta manera: “Nuestro movimiento le echó mano al marxismo y de él extrajo el significado de socialismo. También obtuvo de los partidos burgueses su nacionalismo. Puestos ambos en la caldera de nuestra forma de vida, surgió, clara como el cristal, la síntesis: el Nacional Socialismo Alemán.

El especialismo étnico, lingüístico, cultural y político en algunas regiones del estado español es más sutil que explícito, más psicológico que físico. Oficialmente, y por el momento, aunque mantenemos nuestras reservas, a nadie se le golpea en la boca por hablar un idioma “extra-nacional” (eufemismo de “forastero), ni se le impide practicar sus creencias de cualquier tipo, ni se le pega fuego a la casa, ni se le cierran las puertas del colegio.

Pero hace tiempo que se presta atención, y de ello existen numerosos indicios, a la morfología de las personas, al arrastre del gen ancestral, a la capacidad de alcanzar una competencia cultural y lingüística y al grado de compromiso con la nación, sus líderes y sus proyectos. La catalanidad (esukaldunía, valencianía, aldeanía, como queramos verlo) es inseparable del idioma y sus arrastres costumbristas. O se es, o no se es. O se está dentro, o fuera. O leal o traidor. Estricto sistema binario.

A la fosilización de las ideas nacionalistas llaman salvaguarda, coherencia y perennidad de los valores patrios esenciales. Son inmunes. Y quien se atreve a dudar o discrepar de ellos, o combatirlos, expuesto queda a la admonición: Qui non est mecum, contra me est. Más adelante se llegará a las clasificaciones socio-raciales en lengua vernácula. Quienes no sean puros vascos o catalanes (los núcleos étnicos que más se ajustan al binomio “sangre y tierra”), serán vascos o catalanes de aleación y serán conocidos como lo fueron las mezclas en el antiguo imperio español colonial: albarazados, barcinos, calpamulatos, cambujas, coyotes, cuarterones, cholos, lobos, morenos, mucamucas, mulatos, notentiendos, ochavones, quinterotes, rellollos, requinterones, sacalaguas, saltapatrases, tentenelaires, tornatrases, zambaigos o zambos.

Después llegará el momento de la máxima distinción, con la misma fuerza ilocutiva del letrero de una tienda japonesa: “Lástima que haya llegado hasta aquí, pero este almacén en concreto sólo permite la entrada a japoneses. Lo sentimos de verdad, pero esperamos que sea comprensivo.” (la cita, en inglés y japonés, procede de la “Rogues' Gallery of Exclusionary Businesses in Japan”, http://www.debito.org/misawaexclusions.html). Tradúzcase todo ello al catalán y al euskera y aplíquese.

 

Arudou Debito, autor de Japanese Only. The Otaru Hot Sprongs Case and Racial Discrimination in Japan. http://www.debito.org/

 

El inicio del remate será el control de la emigración; las restricciones para alcanzar la ciudadanía, los filtros para dificultar o impedir que se alcancen los mismos derechos si no se comprueba antes la actualización de las virtudes patrias; la desaconsejabilidad del matrimonio exogámico; el escardado, en fin, del arte y el pensamiento. La estructura ideal para Cataluña parece ser la de Andorra, un estado que se niega a despegar de la Edad Media. Y el sueño del País Vasco, el de Aitor, el mito que tan bien describió Unamuno y que, si se me permitiera, depositaría en la cámara de reflexión del aspirante a político profesional, cuya lección primera debería llevar el epígrafe “Anti-paradigma de los valores patrios”.

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